Para los que me leen desde España y también desde fuera, ya sabrán que vivimos en un país con mayoría de izquierdas. O sea que podríamos decir que vivimos en un país donde el progresismo impera en las instituciones. Por lo menos, así lo venden los partidos mayoritarios.
Somos únicos en nuestro entorno. Eso no es necesariamente bueno. Todos nuestros vecinos, sin excepción, son más conservadores y menos progresistas. El progresismo en España no es igual que en el resto del mundo, sino que se basa en un sinfín de gestos. Ni en Francia, Portugal, Alemania, Grecia y mucho menos en los países nórdicos, se las dan tanto de izquierdistas como aquí. Somos la cuna de todo lo progre.
Los pilares básicos serían el feminismo, la búsqueda de "igualdad entre individuos" (socialismo), el Estado del Bienestar y la lucha por los derechos LGTBI. No escuchas mucha cosa más venida de los partidos de izquierda. En estos tiempos, no.
El "quid" de la cuestión es: ¿Qué beneficio real está sacando España de ser el país más progresista de toda la UE?
Bien, pues beneficio neto ninguno. Es pura ideología. Aparece el Presidente del Gobierno en Prime Time a contarnos que "hay que terminar con el racismo". Que somos "país de acogida". Con un 16% de paro, claro.
En Francia, 8% de paro. En Alemania, un 4. Holanda, 3% de desempleo. Todos los países mentados son menos progresistas, menos de izquierdas y más prósperos. Más ricos y más productivos.
¿Por qué será? Aquí, no se lo pregunta ni Dios. Se preguntan cuando habrá "equidad salarial" entre futbolistas femeninas y futbolistas hombres.
Y curiosamente, a la que indagas un poco en el savoir faire de dichos países, no te encuentras el constante bombardeo de racismo falso, ni una población "preocupada" de dictadores que vivieron hace 80 años. Tampoco encuentras partidos de extrema izquierda con mayoría parlamentaria. Lo que ocurre aquí es ridículo.
Sin ánimo de poner a parir sin fundamento, es un simple ejercicio de apreciación el darse cuenta de que somos únicos en Europa para mal. Líderes en paro, líderes en subvenciones europeas, líderes en incapacidad de atraer inversión. Y cómo no, líderes en feminismo.
Qué casualidad que uno de los países con menor crecimiento de la UE (nosotros) seamos líderes en gestos, en nombrar ministras mujeres a diestro y siniestro (con el único objetivo de crear un ridículo escaparate). Lo cual es una política de gestos patética. Esas mujeres no están ahí por su competencia, están ahí porque somos un país de izquierdas.
Debería ser suficiente para darnos cuenta de que si somos uno de los puntos negros de Europa es debido a nosotros mismos. Las empresas no invierten en países a base de feminismo, ni poniendo 14 ministras en fila india para quedar todos muy bien. Ya ni hablemos de intentar bajar el paro, o el déficit. Estos son temas que en España simplemente, no se hablan.
Se habla de brechas salariales falsas (términos que encima, se inventan), machismo por todos lados y de lo muy muy racistas que somos. Lo más desternillante, es que somos nosotros quien nos llamamos racistas a nosotros mismos. Es otro indicador de imbecilidad.
La gota que colma el vaso es descubrir, que el "oficio" de ser mantero se trata de un oficio legal en ciudades como Barcelona. Colectivos ultra-subvencionados y protegidos por la misma Administración. Se les está haciendo contratos de trabajo públicos a personas que venden mercancía ilegalmente, sin licencia. Y además, se les permite tener una página web oficial del "Sindicato de Manteros", en la cual se echa la culpa de la pobreza en África a los europeos, entre otras perlas. Supongo que de "puro agradecimiento".
Antaño, los países se protegían. De la desaceleración económica, de los delitos, de la inmigración masiva. Hoy, protegerse equivale a ser un racista o directamente un nazi. Sólo en España, claro.
En Italia (por citar un ejemplo cercano) la población no tiene reparo en decir públicamente que no les gusta el feminismo. Por eso mismo, prácticamente no tienen feminismo ni extrema izquierda en las instituciones. Desde España, los medios definen al presidente Sergio Mattarella como un peligroso líder de extrema derecha. Lo cual nos retrata más a nosotros que a él.
Y este es el panorama. Un país entero emperrado en que la ultraizquierda ideológica es positiva. El resultado es entre evidente y tristísimo.



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