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viernes, 27 de febrero de 2026

Una época de mucha pereza

Nunca en la vida había sentido tanta pereza general como ahora. Pereza por las tonterías de los demás, pereza por casi todo lo que se dice y lo que se hace. La falta de ganas entorno a casi todo es integral en este punto.


No hago más que ver como se infantiliza todo a pasos agigantados desde hace años. En cierta manera es lo que se vende desde las redes, desde los principales canales de comunicación y demás vías desde las que se nos educa. A unos más que a otros, cabe decir.


Ser muy observador es innecesario para darse cuenta de que la gente lo compra todo. Con "gente" nos referimos a la población en general. Lo compran todo. Si ahora toca deporte, deporte. Si ahora toca hacerse el guay con 50 años, lo hacen. Si ahora toca que las personas adultas se comporten como adolescentes publicando selfies en redes, lo hacen. Y así con un sinfín de gestos que convierten a media sociedad en incontables copias entre individuos.


Ayer en el gimnasio escuchaba a una mujer de -tranquilamente- 50 años, separada y con una hija decir a grito pelado: "Pues sí tía, a mí me la pela, sabes. Porque yo hago lo que quiero, y pienso lo que quiero. Y a quien no le guste, pues ya sabe, oye." Profunda reflexión a lo que otra amiga de casi 40, soltera y medio desnuda en la sala de fitness, contestaba con una risa desencajada más propia de una cría de catorce años que de una mujer -supuestamente- adulta.


Mientras esto ocurría, otro chaval de veintipico hablaba con otra de al lado: "Sí, bro. Porque me voy a ir a Japón tres semanas. Y ya tenemos hotel y todo. Pero bro. Vaya precios bro." Lo peor es que estaba llamando "bro" a una chavala de poco más de 20 años. ¿Bro? Lo que dijimos más arriba, la gente lo compra todo.


He perdido la cuenta de las veces que he escuchado a alguien decir que se va de viaje a Japón en lo que va de año. Un poco más de lo mismo: Hace unos pocos años fue Tailandia y Vietnam. Hordas de paletos repitiendo el viaje que otros habían hecho o que otros les habían dicho que había que hacer: Y lo hicieron. Puras copias unos de otros, contándote que habían ido a Vietnam o Tailandia cuando lo habías escuchado 20 veces en lo que iba de año. "Muy original", les contestaba casi siempre.


Pues ahora es Japón. Lo importante es contarlo, además. "Es que me voy a ir allí, es que me voy a ir allá". Y es todo tan espontáneo que terminan haciendo el viaje que todo el mundo está haciendo actualmente. Tu primo el del pueblo, el ebanista de debajo de tu casa y el más tonto del culo del gimnasio de tu barrio, a Japón. ¿Por qué? Pues mejor que no se lo preguntes, porque lo que vas a escuchar a partir de ahí son chorradas como pinos.


¿Ahora toca bro? Pues bro. Ahora toca decir "tía" con 50 años y pronunciar frases típicas de adolescentes? Pues se hace. Ahora toca que gente que no pinta nada en un gimnasio esté cuatro días a la semana en el gimnasio? Pues TODOS al gimnasio. Etc, etc.


La sensación general es que se van empapando de lo que los demás hacen y lo convierten en una experiencia ultra-personalizada que deben contar y airear. Porque lo curioso de todo esto es que pierde todo el valor si no lo dicen o cuentan. Lo cual expone bastante de la intención real de cada tontería que hacen: Si no pudiesen contarlo o demostrar que lo han hecho, no lo harían.


Antes la gente se iba de viaje porque le gustaba viajar. Se iban con la pareja, con la familia. Ahora te encuentras tíos y tías solteros con 30 tacos, haciendo viajes "entre amigos" porque ninguna de las parejas que han tenido les ha funcionado, yendo a sitios porque todo el mundo va y subiendo 15 fotos al día en redes sociales.


Y ese es el último tema de la pereza extrema: Las parejas. Lo mucho que se ha infantilizado el tema. Lo pesado que se ha vuelto y el porcentaje brutal que hay de hombres y mujeres con solterías de larga duración. O sea, ambos elementos a al mismo tiempo por primera vez en la historia: Una pataleta contínua con hablar de relaciones y encontrarte rollos del tema por todas partes. Y al mismo tiempo, más gente soltera que nunca en la historia.


Esto lo podéis contrastar con datos, estudios e incluso estadísticas que nos demuestran que actualmente las personas tienen menos relaciones sentimentales y menos duraderas que jamás en la historia. Es curioso teniendo en cuenta la turra que se da con el tema en redes sociales, en las cuales 9 de cada 10 publicaciones tienen que ver con relaciones, tonteos, flirteos y demás cosas que de nuevo, destilan adolescencia por los cuatro costados. 


Es decir: Que hace escasos 10 años la población general tenía muchas más relaciones (tanto sentimentales como sexuales), pero no sacaba el tema todo el rato. En cambio ahora que la mayoría objetiva está soltera y sin perspectiva sentimental alguna, airean más el tema que nunca. Curioso dato conductual acerca de como actúa quien tiene algo y quien no lo tiene. Primando por encima de todo el mismo elemento: Comportamiento adolescente.


El otro día un amigo de esos de toda la vida (y tiene 33 años, no se puede decir que sea un niño) me comentaba que le extrañaba la cantidad de mujeres solteras que hay hoy en día. De todas las edades. Me contaba que hacía unas semanas había quedado con unas antiguas compañeras de universidad, todas rondaban los 30 años y todas estaban solteras. Me contaba esta anécdota bien extrañado, puesto que esas compañeras eran todas mujeres de carrera, con buenos trabajos y prometedor porvenir.


Lo primero que me causa cara de estreñimiento (y estreñimiento en sí también) es que te extrañe algo así. A veces hablas con personas que parecen no haberse enterado de nada de los últimos años. ¿De verdad te sorprende que hoy día y más que nunca, tipas con esas edades y lo idiotizadas que están con algunos temas, los tíos no quieran ni acercarse?


Poco más hubo que ahondar en la conversación para descubrir a qué motivo atribuían estas tipas su soltería, y evidentemente en estos casos la persona no tiene absolutamente nada que ver con su condición de soltería durante años, claro. Especialmente ellas, empiezan a echar balones fuera y a echarle la culpa de su soledad a la majadería más basicorra que nos podamos imaginar. Que si "los hombres se sienten intimidados", que si "a los hombres les asusta que ganemos más dinero que ellos" y demás pamplinas que sólo excluyen a sí mismas de cualquier responsabilidad real de ahuyentar. Cuando lo que ahuyenta precisamente son las chorradas que están soltando por los morros a primera de cambio.


Y eso es precisamente lo que ha causado el crash absoluto de las relaciones entre hombres y mujeres: Las chorradas. La cantidad de tonterías que se les ha enseñado a decir (a ellas) y que han funcionado a la perfección aunque al inrevés de sus intereses. Puesto que con ciertas frases, posturitas y vanidades falsas que sueltan por la boca, pretendían darse más valor consiguiendo todo lo contrario: El desinterés, la pereza y la falta absoluta de ganas de involucrarse con ella.


Las relaciones entre ellos y ellas se situán en mínimos históricos en estos momentos gracias especialmente a todo esto. A lo que ellas creían que "las haría sentir mejor", y para lo que ha servido es para que los tíos no les hagan ni caso, por norma general. Cosa que parchean diciendo que "no necesitan hombres para nada" y demás frases que en una inopia absoluta e integral, aumentan ese desinterés que puede tener un hombre medio en un eslógan personificado.


De ahí mi pereza. El aburrimiento de todo esto. Ni envuelto en papel de regalo.


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