Casi un año de mi última entrada despotricante. Si no recuerdo mal ni siquiera era despotricante, cada vez me apetece menos enfadarme conmigo mismo. Aunque motivos no falten.
Mundo de locos, desquiciado y profundamente enfermo, así es. Difícil me resulta ver las noticias sin ponerme a rajar una tras otra, harto perdido de escuchar estupideces e injusticias diversas. El pan de cada día, la misma basura que todo el año. Nada nuevo. Igual eso es lo malo.
Es curioso como la mente humana nos maneja y manipula a su antojo si la dejamos. Un pequeño fallo y pierdes absolutamente el control de lo que tu cerebro procesa y cómo lo hace. Un miedo, complejo o trauma encerrado puede surgir de entre las cenizas para propocionarte la pesadilla en vida más difícil de superar, ya que no vas a luchar contra una adversidad o recuerdo, sino contigo mismo.
No hay juez más severo que el hombre que se juzga a sí mismo. Los demás pueden perdonarte, pero tú no te das tregua a tí mismo. Culpabilizándote, volviendo a caer en el error, en el fracaso de pensar que fracasarás. Día tras día terminas acostándote con la sensación de haber perdido un día más, de no haber sabido dejar el lastre para poder vivir, en primera persona.
¿Cómo hacerlo? ¿Cómo puedes salir de un bucle en el que tu mismo te has metido y enzarzado?
Debes resetearte. Debes entender que no es necesario vivir con todo ese ruido mental acechándote sin parar, desde que te levantas hasta que te acuestas. Todos los días, sin excepción. Está tan enquistado que difícilmente puedes pronunciar dos palabras sin que intervengan ideas negativas que te hacen caer, porque te haces caer tú mismo.
Tú mismo caes, te dificultas levantarte y te vuelves a hacer caer sin saber pararlo. Fracasas porque te obligas a fracasar, por puro miedo. ¿Y si lo intento y vuelvo a fallar? El batacazo será doble. Prefiero quedarme como estoy, acostumbrándome a convivir con algo que no soy yo. Miedo, puro miedo de tí mismo e inseguridad que tú mismo provocas. Un laberinto ciertamente difícil de sortear.
En realidad no es tan difícil, pero el refuerzo conlleva refuerzo. Reforzar constantemente la idea de no poder hacer algo tan fácil como dejar fluír los pensamientos conlleva una dificultad altísima de volver atrás, aunque sea algo facilísimo.
La clave es sentir, no pensar. Pensar nos llevará a pensar más, y no es una buena idea teniendo en cuenta que no tenemos control absoluto de nuestros pensamientos. Ni absoluto ni ninguno.
Siente, borra todo de tu mente y sólo fíjate en lo que queda detrás. Esa consciencia, esa sensación de no necesitar estar pensando contínuamente para estar en un estado normal, competente mentalmente.
Y así es, la vida va y viene, viene y va. Como los jodidos trenes.
Espero que de una vez, vaya. Y no venga de nuevo, como los últimos casi tres años de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario