Últimamente es una constante en mis entradas comentar las gilipuerteces que suelta la gente en las redes sociales. Lo hago desde una postura relativamente pasiva, ya que gasto muy poco tiempo consultando o publicando en las mismas.
Resulta sorprendente el feedback negativo que reciben muchísimas personas que suben contenido banal a las redes. Porque una de las fortalezas de las RRSS, es que si subes contenido útil (de muchas vertientes distintas), casi siempre habrá alguien interesado en dicho contenido. Por el contrario, el gran público sigue dándose cuenta cuando alguien publica por publicar, y eso suele conllevar opiniones malas.
Y entonces es cuando empiezan a aparecer las gilipolleces: "A quien no le guste, que no mire."
Y siguen publicando. ¿Entonces para qué c*ño publicas nada? A partir de ahí es cuando empieza la incoherencia de casi todo el mundo.
Las respuestas estúpidas ante las reacciones negativas son un clásico. Porque nadie quiere disgustar, sino gustar. Gustar sin que se note la intención, claro. Ultra inmadurez emocional. Porque todo el mundo quiere caer en gracia, de lo contrario no darían ninguna relevancia al feedback negativo. De hecho, si no les importara la opinión ajena directamente no publicarían nada.
Como podemos comprobar, aún nos damos cuenta cuando alguien es un/una cantamañanas como la copa de un pino. Y eso no gusta a nadie.
Vivir en el tanteo contínuo. Debe de ser algo cansadísimo. Y además, el sino de la auténtica insatisfacción. Nunca terminar de asegurarte si gustas o no a los demás.
Porque ese es el quid de la cuestión: Gustar a los demás sin que note que quieres gustar y además, querer sólo recibir comentarios positivos. Porque en el momento en que una parte del público critica tu contenido, empiezas a soltar estupideces como castillos.
"No me importa su opinión."
"Yo publico para mí."
"A quien no le guste, que no mire."
Y todo eso para justificarse y seguir publicando gilipolleces. Seguir contando tu vida a completos desconocidos. Especialmente, en YouTube. Videoblogs de un tío en bici explicando cómo le ha ido la semana. ¿No tienes amigos a quien contarle tus minucias mundanas? Lógicamente, no.
Y publicación tras publicación, la misma opinión generalizada. Vamos, que estás haciendo el ridículo y prefieres "verlo a tu manera". Es decir, ser ciego.
Tiene que ser tal la insatisfacción de tener que estar constantemente explicando lo que se te pasa por la cabeza, que en ciertos momentos sientes hasta lástima. Y no lástima paternalista, sino empatía con aquel que no quiere reconocer, que si no hace eso se siente mal. Y no sólo no consigue sentirse mejor haciendo estas cosas, sino que encima recibe mala respuesta por parte del público.
Y sigue, y sigue, y sigue.
¿Qué conseguirá? Poco, a parte de alimentar el vacío existencial.



No hay comentarios:
Publicar un comentario