Vistas de página en total

sábado, 31 de diciembre de 2022

La desgana vital: Enemiga de disfrutar las cosas

A mis 30 años, cada vez me encuentro un caso más recurrente entre la gente de mi edad: La desgana vital.


Nos encontramos en una edad en la que no somos ni demasiado jóvenes ni demasiado mayores. Y empiezan a aflorar las consecuencias de las decisiones del pasado, acortándose el margen de maniobra para futuras cosas: Hay algunas cosas ya vividas que no volverán, y otras de las que hay por delante son la repetición de las anteriores, aunque en distinta forma.


Los desganados a los 30 son un perfil de persona muy concreto, que casi siempre cumple las mismas condiciones: Les da igual casi todo, no tienen ilusión especial por nada, no tienen pareja ni amigos fijos y además, no puedes fiarte de ellos. Porque lo que tiene la gente que padece desgana vital, es que no les importa nada realmente.


Y eso es un problema, aunque no lo vean. Porque aunque me encuentre en su misma edad, yo soy capaz de ver que esa desgana que padecen es lo que hace precisamente que no disfruten nada. La ilusión es lo que hace que las cosas tengan gracia. O encanto. Careciendo de ilusión, uno no puede disfrutar de nada en general. Porque disfrutar es una capacidad, al fin y al cabo.


Esta clase de personas normalmente están así por alguna razón (les cansa su entorno, su trabajo, su modus-vivendi, no tienen nada que les estimule, muchos de ellos nunca han tenido pareja o sencillamente llevan solteros muchos años) y todo esto, suele ser resultado de sus propios errores. No es que hayan tenido "mala suerte" o que sean desgraciados: Sino que recogen lo que siembran.


Me parece que nuestra generación (nacidos en los 90's) es una de las generaciones que más ha padecido dicha desgana vital, a diferencia de nuestros padres o hermanos más mayores. Esto lo ha traído varias cosas como haber tenido mucha más vida nocturna (durante más años) que nuestros padres, la inexistencia de parejas sólidas... Y como decimos, en muchos casos se han ganado lo que tienen. Porque tampoco hacen ningún esfuerzo en cambiar lo que no les agrada.


Y eso, queridos lectores, es la base de la insatisfacción. Sentir desgana y no preguntarte por qué la sientes. Y cuando te lo preguntas y llegas a una respuesta, negártela a tí mismo. Sin realmente cambiar nada. Mientras la desgana vital se intensifica, con el paso de los años.


Caso práctico:


Día 31 de Diciembre. Nochevieja. 4 amigos que no han querido comprometerse con ningún plan concreto al final, quedan para hacer algo después de la cena de nochevieja. Por lo menos a 3 de los 4, les da completamente igual lo que hacer. Porque en el fondo, saben que al rato de hacer cualquier cosa volverán a sus casas, y todo seguirá exactamente igual. Una de las conversaciones se desarrolla así:


X - Eduardo dice que sobre las 3:00AM se irá a casa. Pero eso lo veo imposible, ya que a las 12:00AM estará aún cada uno en su casa terminando las uvas. ¿Cuánto tiempo pretende estar fuera?


Y - No sé. A mí me da igual. Si no salimos al final, pues no salimos. (Esta persona es básicamente, un jeta. Pretende plantarse en casa de otro a beberse unas cuantas copas, y poco más. Si a los demás les apetece ir a algún sitio, le importa un pimiento.)


X - Hombre pero, ¿no vamos a estarnos hasta las 2:00AM en casa de alguien para luego no ir a ningún sitio, ¿no? Que tenemos 30 años, no 70.


Y - (Deja de contestar al teléfono)



Conclusión: El primer integrante quiere volver demasiado pronto a casa, ya que es imposible en tan poco rato reunirse todos, tomarse algo juntos e ir a algún sitio. Ya que la cena de nochevieja de cada uno termina más allá de las 00:00. A "X" le preocupa el plan porque se ve venir el despropósito, entonces "Y" deja de contestar al teléfono porque sencillamente, le importa un comino el resultado de la noche.


Conclusión Nº2: No se puede hacer planes con personas que sufren desgana vital. Porque no sólo no se comprometen a nada, sino que interpretan la planificación como una "pesadez". Cosa que trae consigo la desgana misma. Además, tampoco puedes fiarte de ellos, porque dicha desgana puede hacer que cambien de opinión en mitad de la velada, perjudicándote a tí y lógicamente, sin importarles un carajo lo que quieran los demás.


Y esto es lo que tiene plantarse con 30 años, sin obligaciones concretas, sin nadie a quien rendir cuentas y con desgana vital: Que te conviertes en un gilipollas. Pero en un genuino gilipollas. Antes de querer verlo preferirán tomárselo a risa, cosa que perpetua la gilipollez.






No hay comentarios:

Publicar un comentario