Nunca he sido muy fan de comer. De comer como "gusto", me refiero. Igual que a todos los humanos, me satisface alimentarme cuando tengo hambre. Cuando he hecho deporte, o llevo suficiente tiempo sin calorías. Como a todos, vaya. Pero nunca he compartido el hecho de "degustar la comida" continuamente. Por lo menos no todos los días.
De hecho en cierta manera, siempre lo he visto un poco despreciable. Ver a personas darle al cuerpo un 250% más de lo que realmente necesita, sin ver el deporte más que en la tele y tratando el cuerpo humano como si fuese una especie de recicladora de alimentos. Cosa que al final por activa o por pasiva, termina pasando factura.
Además por si no fuese poca la tontería, ahora se está poniendo "de moda" que la gente coma hasta reventar y de mientras, lo grabe. De hecho muchos Youtubers se están haciendo famosos exclusivamente haciendo esto. Comer cantidades ridículas de comida, tratando el cuerpo humano cual estercolero como venimos diciendo.
Otra idiota comiéndose más de 20 donuts de una sentada, intentando demostrar lo muy basurero que puede llegar a ser su organismo. Además, se vanaglorian de "hacerlo y no engordar", como si esto mismo no fuese un síntoma de algo malo. Que no se esté traduciendo a corto plazo en obesidad no significa que un día no te pueda dar un subidón de azúcar que te deje en el sitio. Pero nada, lo "guay" es demostrar que puedes hacer lo mismo que haría un perro: Comerse cualquier cosa y si luego hay que vomitar, se vomita.
Por no hablar del efecto rebote que tu cuerpo al final, sufrirá. Te guste o no dicha idea. Quien se crea que puede estar perpetuamente usando un organismo vivo como si fuese un tapiz infantil para dibujar, lo lleva claro. Aunque como decimos, aquí lo que es chachi piruli supermegaguay, es que la gente te ría las gracias por hacer puras infantiladas. Especialmente si dichas infantiladas, además son profundamente insanas.
Estos ejemplos que podemos encontrar por miles, se dedican a subir videos diariamente (ojo a la palabra, diariamente) haciendo estas barbaridades. Es más, se esfuerzan en comer cada vez más sin ni siquiera tener hambre. Porque aquí la cuestión es dejar ver ante la cámara que eres capaz de hacer lo que ni un animal haría: Forzar el estómago a que se acostumbre a comer porquería continuamente.
Al final casi todos a los que he visto haciendo esto han terminado gordos o fuera de peso poco más allá de los 30 años. Cuando eres un crío te puedes permitir los despropósitos alimenticios (mezclar todos los grupos de nutrientes, eructar constantemente después de comer, comerse un helado después de una sopa de fideos...) y todas las guarrerías que os podáis imaginar. Pero cuando el cuerpo deja de acostumbrarse a todo esto, lo único que consigues es que las cosas te sienten mal y además, cualquier cosa te engorde.
Y lejos de ser una obsesión para mí el peso corporal, si que es un indicador claro de que estamos haciendo el tonto a base de bien. Porque los kilos no se ganan sin motivo, sino que se trata de una causa clara de alimentarse mal. Cosa que por otra parte hoy día se trata con una naturalidad pasmosa.
No sé cuantas veces me he abstenido de ir a comidas/cenas por saber que esto iba a ocurrir. Gente poniéndose hasta el cuello de comer hasta las 12 de la noche, dejando cuentas de 40 o 50 euros por persona (¿para qué) y luego tener que empujarse dos orujos de hierbas para que "la comida baje".
Si necesitas que "la comida baje" ¿Para qué narices te has empujado todo eso para adentro? Son preguntas que nunca tendrán una respuesta clara, puesto que lo hacen por inercia. En muchos casos tampoco saborean la comida, sólo tragan. Y no se han dado cuenta y ya han mezclado la carne con los carbohidratos, con las grasas y los azúcares, mientras toman bebidas carbonatadas que se convierten en una auténtica piscina en el estómago.
La conclusión es que terminan todos con 20 kilos más de lo que les toca, y justificándose diciendo tonterías. Cómo siempre, el sino de muchas personas es saber que han hecho algo mal y aún así, negarlo.
Tenía un amigo que cada vez que pedíamos comida china, se bebía un Red Bull. Una bebida azucarada que sabe a jarabe mezclada con la salsa del pollo picante. El hecho de no tener ningún paladar y al mismo tiempo emperrarse en no tenerlo, hacía que me cayese mal por momentos.
Desde pequeño siempre noté esa sensación en mí al ver que la gente hacía esas cosas. Tratar el cuerpo como si fuese un basurero, básicamente. El pasotismo en sí siempre me ha dado rabia. El comentario mental "bah", al saber que estamos haciendo algo que simplemente, es una burrada.
Como de costumbre, el ser humano medio deja bastante que desear. En pleno siglo XXI.



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