Lo más destacable de la última década es la cantidad de gente que ha pasado de caerme normal (es decir, tolerarles a ratos) a caerme fatal. Y lo principal que hace que me caigan mal, no es que tengan ideales distintos ni temas banales: Es la capacidad que tienen de ser unos hipócritas (no se interprete como insulto) y además, debiluchos.
Y digo debiluchos porque al final, todos terminan por ser iguales. Durante la adolescencia, una parte importante de la gente se la pasa dándose autobombo, aparentando ante los demás y fingiendo ser más de lo que son. Tras la adolescencia, viene un batacazo que te pone en tu sitio y te hace ver que pasarás unas cuantas décadas trabajando y dedicándote a algo, a no ser que seas un privilegiado. Y entre tanto, te das cuenta de que todo lo que había dicho/hecho mucha gente, se reduce a polvo con el paso de los años.
Lo cual te enseña una triste lección: Es difícil tomar en serio nada de lo que diga nadie. Puesto que va variando en función de lo que les parezca, lo que les pase o lo que no les pase. Eso, que nunca ha sido de mi estilo, hace que automáticamente me deje de apetecer escuchar nada de lo que tengan que decir.
Nunca he sido capaz de ser como los demás en ese aspecto. El hecho de decir las cosas por pensarlas en determinado momento. "Si porque lo tengo muy claro bla bla haré esto y lo otro, y a mí no me harán pasar por el aro, porque bla bla. Y tengo clarísimo lo que tengo que hacer, blo blo..."
A los cuatro días ha cambiado de opinión, le recuerdas lo que dijo hace escasos días y aún se molesta. Capaz de decirte que "no es asunto tuyo" después de haberse pasado meses dándote la brasa con un tema. Un tema que por otra parte, ha descartado en cuestión de días después de repetirlo durante meses. O años.
Al citar esto siempre me vienen a la mente algunas antiguas amigas que detestaban a los niños o decían "no querer tener hijos nunca", para años más tarde ser las primeras en querer tener hijos y convertirse en una absoluta prioridad. Un elemento más fruto del instinto (un instinto para nada autoanalizado, sin duda) y de la poca consecuencia de lo que anteriormente se decía. Conforme iba viendo como cumplían años y se les aceleraba la prisa por engendrar, más pereza me daba escuchar a las más jóvenes decir "uy, yo hijos no quiero tener nunca. Casarme, tampoco."
Años más tarde todas las que decían eso están casadas, y con hijos. Algunas ya separadas. Y yo, de su misma quinta y sin decir una palabra en su época, soy el único que ha cumplido con lo dicho.
Que por otra parte, lo que dije fue: Nada.
Normalmente el cambio de opinión viene achacado por una persona del sexo opuesto (o el que nos tire más). Oh, qué gran estímulo. El mismo estímulo que lleva moviendo al ser humano desde su nacimiento.
Porque todo eso que tienen que decir (que a veces son rollazos de media hora escuchando a alguien hablar) puede cambiar radicalmente dentro de dos días. Con lo cual, te pasas la vida escuchando los pensamientos e impresiones de los demás, cuando no valen de mucho. O por lo menos en una parte de los casos, no valen nada.
Los mecanismos que forman a las personas actuales dejan mucho que desear. Me refiero a mecanismos actuales (la mente humana no ha sido lo mismo durante su historia, sino que ha ido amoldándose a conductas) que hoy día se resumen en encajar en sociedad. Trabajando, relacionándote, teniendo hijos y demás pamplinadas que al final acabas aceptando por no tener otro remedio. Pregúntale a una persona promedio con 50 años lo satisfecha que se siente de haberse casado y tenido 3 hijos. Probablemente no te de la misma opinión que cuando tenía 20: más que nada, porque antes no lo veía venir.
Pues mi forma de verlo es apreciar como millones y millones de personas entran en esa espiral del instinto sin sentido (puesto que dichos instintos tienen un origen más animal e instintivo que otra cosa) y hacen todos lo mismo, como si sólo existiese esa fórmula. Y tras años de apreciación, me doy cuenta de que simplemente hacen lo que les atrae de manera natural: Relacionarse con el sexo opuesto y tirar por esa línea hasta que todo se les empieza a derrumbar, puesto que relacionarse con otra persona con el mero interés de la atracción está abocado al fracaso.
Muy lejos de verlo con cierta anticipación (por esto mismo tengo 31 años y ni quiero pensar en meterme en un piso a vivir con una mujer, tener hijos y convertirme en exactamente lo mismo que todo el mundo), se sumergen en esa línea de vida sin pensarlo, sencillamente por instinto. Lo cual, es hacer exactamente lo mismo que lleva haciendo la humanidad decenas de miles de años: Procrear, procrear y procrear. Con todos los satélites alrededor que tenemos actualmente (vida en familia, trabajo, matrimonio, familia política, obligaciones que se suman en cuanto entrelazas vida con alguien)...
Luego hay otro porcentaje que se siente muy estimulado por dichos elementos (por lo general, personas que sólo ven lo físico y poco más) y les acaba reventando en la cara toda decisión tomada. Especialmente cuando incluye entrelazar asuntos con otras personas.
La conclusión es que hay que tener cuenta el instinto pero no dejarse guiar por él, convirtiéndote en cierta manera en un animal. Guiándose exclusivamente por esa atracción "uy, cuánto me atrae el físico de esa mujer u hombre". Y no se le ocurre otra cosa que metérselo/a en casa y contraer matrimonio. Que cada día más e irrefutablemente, es algo muy inestable en los tiempos que corren.
No hay comentarios:
Publicar un comentario