Antes de nada, que conste que no soy un talibán alimenticio. Ni ganas de estar contando calorías. Sencillamente me quedo de piedra viendo las infantiladas de la gente. Por no decir directamente que me molesta ver a gente haciendo el tonto. Especialmente, cuando consiste en meterse porquería entre pecho y espalda entre "ji jis, ja jas".
Como ya comentamos en la anterior entrada, son miles los ejemplos que encontramos cada día de "creadores de contenido" (nombre que me repulsa por su propia capciosidad) empujándose burradas dentro del estómago como si nunca fuese a tener un resultado final. En este caso, vemos a dos pollinos tragándose un litro de horchata combinándola con todo tipo de bollería ultra azucarada. Es decir, azúcar encima de azúcar, combinado con azúcar y para rematar, más azúcar.
Mojando croissants rellenos de chocolate en horchata, mientras piden más fartons (bollería típica de la C.Valenciana) y sin darte cuenta, en menos de un minuto de vídeo se han zampado cuarto de kilo de bollería con bebida azucarada.
Como siempre habrá mucha gente que sienta indiferencia ante esto. Soy incapaz de ser así. Puesto que desde pequeño, se me inclucó que las bebidas como la horchata (por ejemplo), estaban ideadas para tomarse un vasito, o para refrescarse en una terraza. No para tomarse un litro entero y por consiguiente, echarle al cuerpo 33 gramos de azúcar por cada 100ml de líquido. Es decir, que en una sola bebida has quintuplicado la cantidad de azúcar recomendada. Que por otra parte, la cantidad recomendada es cero.
Lejos de ser un tiquismiquis de los nutrientes, esto es una burrada digna de un caballo. De hecho, un caballo nunca se tragaría tal cantidad de azúcar sin motivo alguno. Por mucho que tengas el metabolismo acelerado y aparentemente no engordes, al cuerpo le sienta como un tiro metabolizar todo eso.
Que esa es otra. Toda esta gente practica el "ojos que no ven, corazón que no siente". Y en este caso el corazón siente, y mucho. Aunque como tienen la edad mental de un niño de 5 años, no notan los efectos a corto plazo y lo siguen haciendo. El pináculo de la inteligencia.
Conclusión: Todos estos humanos no reaccionan hasta que no tienen el desastre encima. Y en ese momento, todos a lamentarse. Es prácticamente haberte provocado tú mismo la dolencia deliberadamente.
También tenemos disponible la variante "fit" del despropósito. El típico que con la justificación de entrenar y quemar calorías, también ingiere todo tipo de porquería (y además, a kilos). Y cómo no grabándolo todo, para que quede plasmado. Otra de las grandes falacias modernas: Creerse que podemos comer porquerías por un tubo dado el mero hecho de hacer deporte antes o después.
Lo que comparten todas estas personas es que por lo general son bastante tontas. A parte del hecho de verse atraídas de forma natural por las cosas llamativas y atractivas, como son los dulces o las pastas. Cosa entendible en niños o adolescentes. El tema es que los protagonistas en estos casos son personas de 40 y 50 años, con lo cual nos damos cuenta una vez más del infantilismo progresivo que empapa estos temas. Tanto estos temas como las redes sociales en sí, que tienen un tono infantil general desde un principio.


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