En los años 60-70 hubo una auténtica fiebre de las urbanizaciones en España. En una época de relativa bonanza económica que por otra parte, nunca hemos tenido, vivimos un auténtico auge de las urbanizaciones alejadas de las ciudades. Dichas urbanizaciones, se desarollaron alrededor de grandes núcleos de población con el objetivo de dar solución a varias cosas: A los altos precios de las principales capitales, a dar opción de poseer segundas residencias a precios asequibles y por último, a poder disfrutar de un poco de "tranquilidad" alternativa al follón en el que vivimos sumidos durante la semana.
La idea en sí era buena, y en cierta manera se consiguió lo que se pretendía. En su día, hubo mucha gente que actualmente ya está jubilada o simplemente es muy mayor, que consiguió su objetivo de poseer un trozo de terreno a precios irrisorios y así, poder vivir de manera "barata" relativamente cerca de Barcelona, Madrid, Valencia o la capital territorial que corresponda. Cabe decir, que con el tiempo esto no ha hecho más que cambiar.
Antes que nada, hay que separar el concepto de urbanización entre "barata" y "cara". Porque como siempre, contra más abarates los costes de vivir en un sitio más se llena de sectores de población que lo único que hacen es empobrecer dicho sitio. Y empobrecer se traduce en muchos elementos: Vecinos insoportables, ruido, incumplimiento continuo de ordenanzas, obras ilegales... Y un largo ecétera. Cosa que en las urbanizaciones "caras", simplemente no ocurre. O por lo menos, ocurre mucho menos.
Y esto es muy impopular de decir, aunque llegados al punto en que me importa medio pepino en remojo que alguien se moleste o no, prefiero decir la pura verdad. Se convive mucho mejor en una urbanización de lujo que en una urbanización económica. Y no por el lujo en sí, sino por el tipo de gente que atrae lo barato y el tipo de gente que puede permitirse lo caro.
Es exactamente lo que ha ocurrido con este tipo de urbanizaciones de los 60, que en su día estaban destinadas a gente normal y corriente pero que con el tiempo, lo único que han atraído es a personas sin poder económico de ningún tipo que pretenden plantar una casa con cuatro ladrillos en medio de un terreno. Y como siempre se da la imperiosa casualidad, que los individuos de este perfil son los que menos reparan en molestar a los demás, los más irrespetuosos, los más difíciles de soportar y en definitiva, los que empobrecen todo sitio al que van.
Con lo cual también así rebatimos la estupidez falaz de la "especulación" y de los "promotores que se hacen ricos", pues el primero que intenta beneficiarse de algo barato para él es el particular medio, que además no tiene ningún reparo en usar el bien inmueble de manera incorrecta, y sin ningún escrúpulo a la hora de molestar a todos los demás vecinos, emperorar la convivencia y así es como empieza la degradación (y por tanto la depreciación) de cualquier ubicación concreta.
Todo esto es una historia real. Y es lo que se vive cuando se tiene una modesta casa en el campo que con el tiempo, se ha convertido en una más entre miles de casas en un espacio de pocos kilómetros cuadrados: Que llega a ser peor sufrir a la gente aquí que en la propia ciudad.
El hecho de estar relativamente apartados y sin presencia policial, hace que se incumplan las ordenanzas municipales de forma contínua y totalmente natural. Y ya no sólo las ordenanzas, sino que el respeto por el vecino y por la convivencia simplemente desaparecen. A las ocho de la mañana de un sábado, pasa un majadero en furgoneta y con un megáfono en la mano, gritando a los cuatro vientos: "Chatarrerooooooo, chatarreroooooo.... Ha llegado el chatarrero a la puerta de su casa. Chatarreroooooo, chatarreroooooo". Lo cual ya de por sí genera un ambiente de chabacanería y bajeza al entorno.
Lo escuchas desde que entra a la urbanización hasta que se marcha, que pueden ser tranquilamente 25-30 minutos. Suficiente como para despertarte de una mala hostia que ni la del cura de tu barrio. Al mismo tiempo, escuchas al maleducado del vecino haciendo cualquier estupidez con una sierra radial, bien temprano por la mañana del domingo. No sólo le importa un pedo estar molestando literalmente a todo el mundo, sino que si se te ocurre decirle algo estará deseoso de soltarte la frasecita más bien típica de la clase baja, cutre y maleducada, exclamando: "Yo en mi casa y en mi terreno, hago lo que me da la gana".
Frase odiosa, cutre e infantil que además, no es cierta. Otra cosa es que en el fondo nadie quiera conflictos y todo se termine dejando pasar. Aunque ese es precisamente el problema. Que no se puede hacer lo que te da la gana. Porque si el de al lado, delante, detrás, izquierda y derecha hacen lo que les da la gana, esto en vez de una urbanización se convierte en un circo. En cierta manera, ya lo es. Y como decíamos de manera tanto impopular como cierta, esto es cosa de cutres. De gente de clase baja que suele coincidir con ser de clase cutre y maleducada. Ni falta que hace ser elitista para reconocer ciertas cosas, porque tengo de elitista lo que tiene un cubo de la basura.
Con lo cual, al final una buena idea termina degradada por culpa de la gente. LA GEN-TE. Tal cual se lee. Ni inmobiliarias, ni especuladores, ni capital, ni los bancos. La gente de a pie también arruina las cosas, y podríamos decir que son los que más impacto tienen en sus iguales. Es interminable la lista de despropósitos que podemos apreciar en cuestión de una mañana, nada más llegar al sitio. Urbanización que supuestamente, era un "sitio tranquilo para reposar".
Resulta que al final ni reposas, ni estás tranquilo ni se trata de una "urbanización". Porque no sólo ha quedado por urbanizar desde hace 40 años, sino que tienes un vecino apilando ladrillos de forma ilegal para hacerle la casa a su hijo en el mismo terreno. Sin licencias, con una cuadrilla de paletas a grito pelado durante meses, a escasos 4-5 metros de tu parcela. Por no hablar del hecho de que España es el país del perro, con lo cual, si hay 5000 parcelas hay 5000 perros. ¿Sabéis lo que representa que pase un tío gilipollas con el coche a las cinco de la mañana por la calle principal y que todos, todos los perros se pongan a ladrar por un tiempo indeterminado?
Pues es una chorrada como un piano. Otra chorrada. Porque un solo perro muy bonito y muy mono. Pero cuando tienes dos o tres por persona y hay miles de casas, sencillamente se convierte en una escena surrealista. Especialmente en un sitio donde por la noche no se oye nada, y a la mínima que se escucha un atisbo de ruido el perro se pone a ladrar. Para más INRI, los cazurros de los propietarios te dicen que "no les molesta, que ya están acostumbrados."
¿Y los demás? Pues que se jodan. Esto forma parte de una mentalidad entera que es precisamente la que arruina todo. Es precisamente lo que hace que les cojas tirria a todos y que cada dos por tres, haya inconveniencias. Tirria entre vecinos. Denuncias. Pero... ¿por qué?
¿Por qué un sitio que se suponía que era para segundas residencias termina siendo un pozo de molestias y gente maleducada? Porque la gente es un asco, sin más. El humano medio por lo menos, lo es.
Te enciendes cuatro carbones para asarte un chorizo y escuchas a la idiota de la parcela de al lado: "Eeeeeeeeeh... Estás haciendo fuegoooooooo? A ver si te va a saltar una chispa y se va a incendiar todo eeeeeeeeh... ¿Sabes controlar bien el fuego? ¿Tienes agua cerca para apagarlo?"
Señora, ¿tanta historia por un puñetero chorizo? Si no puedo ni asarme un cacho carne con cuatro maderas ¿Entonces para qué puñetas tengo un terreno en el campo?. Las ganas que tienes de decirle que se meta para adentro y no te toque las narices, por no decir otra cosa. Ese tipo de señoras parecen de fabricación en serie, todo hay que decirlo. Porque son todas iguales, sin darse cuenta.
En fin, los claroscuros de vivir en una "urbanización". Y de tener vecinos, está claro. Al final se te terminan las ganas tanto de aguantar gente en la ciudad, como en el campo.
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