Vistas de página en total

jueves, 16 de mayo de 2024

Catástrofes veinteañeras, segunda parte

Siguiendo la línea de la historia anterior, nos encontramos en una nueva entrega de "catástrofes veinteañeras", enfocada en personas insultantemente jóvenes siguiendo líneas de vida que dejan que desear.


En una ocasión estando con amigos, una conocida (de poco más que de vista) del grupo se acercó a nosotros con un problema. Había perdido el teléfono móvil y necesitaba el de alguno de nosotros para avisar a su familia. Sin ser algo fuera de lo habitual, le presté mi teléfono igual que se lo habría prestado a cualquier persona mínimamente conocida.


Llamó a su familia, y poco después encontró el teléfono. Caso resuelto. Me lo agradeció a las mil maneras, incluso llegando a la exageración. Puesto que lo que yo había hecho tampoco era nada del otro mundo. Lo podría haber hecho desde el mismo teléfono de la cafetería o desde un locutorio (hay varios a escasos metros de donde estábamos). Así que le dije que "no había de qué", y se terminó la anécdota


A las 24 horas, recibí un mensaje de un número desconocido en mi Whatsapp. Era ella desde su móvil. Aún a día de hoy no sé quién le proporcionó mi número de teléfono. Lo que estaba claro es que se había emperrado en buscarlo, preguntando a todo aquel que se le ocurrió. Una vez más, me daba las gracias por el pequeño favor del día anterior. Y una vez más, le dije que no había para tanto, y dejé la conversación de lado. Conversación que por otra parte, no dejaba de alargar y alargar ella sola.


Esa chica no me interesaba. Ni para una cosa, ni para otra. Así que ni pena ni gloria, no le seguí demasiado el rollo. Sin embargo, no había día en que no recibía un mensaje suyo. Al final empecé a sospechar, porque dentro de unos límites aquello no era normal. Tanto emperro con escribir, insistir y alargar las cosas por un mero favor. Y en el caso de que yo le hubiese hecho gracia, tampoco es normal tanta recurrencia con una persona a la que casi no conoces. En este punto, la persona (sea la que sea) aún me interesa menos. Porque veo que se aferra a un clavo ardiendo, y lo peor de todo: a primera de cambio.


Al ver que no le hacía caso, fue a más. Directamente empezó a invitarme a su casa. Con mil pretextos. Que "quería ir a tomar algo pero hacía frío", que "había quedado con unos amigos pero al final se había quedado sola en casa". Una chica de escasos 20 años invitando a un casi desconocido de 30 a meterse en su casa. Luego nos extrañamos de por qué encontramos los casos que encontramos de abusos y chicas que se meten en follones. Lejos de ser una justificación a un acto repugnante, es una explicación directa de por qué les pasan algunas de estas cosas: Porque son tontas.


Y es que esto es de ser tonto/a. Seas chico, chica, hombre o camaleón. En la vida se me ocurriría invitar a un tío o a una tía que no conozco de nada a mi casa a las 24 horas de conocerle/a. Menos aún en los tiempos que corren. Ni idea de la procedencia de esa persona. Ni idea de si el día de mañana, si no acabáis bien, como puede utilizar esa información para perjudicarte. Tu vas, y le dices a un tipo que te saca 10 añazos que se meta en tu casa a hacer lo que todos sabemos perfectamente. Después de hacer eso, muy probablemente se quejará de que "los hombres la utilizan para el sexo", cuando se dedica a abrir las puertas de su casa a literalmente cualquiera. O casi cualquiera.


En fin. Historias que se cuentan solas y personas que se definen solas también. Lo único triste es que por lo general están destinadas a terminar, de nuevo, solas. Porque adquiriendo como costumbre ciertas conductas, lo único que consigues es que nadie te tome en serio. Ya que cuando alguien actúa de esta manera, lo último que haces es tener en consideración a esa persona. Más bien todo lo contrario. De nuevo, una falta total de perspectiva sobre uno/a mismo/a, que te impide ver que según como actúes, provocarás unas reacciones u otras ante los demás. Y con esa falta de perspectiva cualquier cosa puede ocurrir. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario