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jueves, 13 de junio de 2024

La ingeniería social impregna todo

Desde hace años, cada vez que me atrevo a ver una película o una serie hecha bajo las "directrices" de los tiempos más modernos me llevo una decepción. Y no por el subjetivismo del gusto o no gusto, sino por la cantidad de elementos repletos de falsedad y exageración que integra todo este material.


Especialmente en las series, ya que es lo que el gran público más consume. Las series son, con suma diferencia, el material más consumido tanto en televisión como en internet, generalmente. Y como no podía ser de otra manera, es el contenido que más se ha impregnado de "últimas tendencias" y de ingenierías sociales varias.


En las series hay más sexo que nunca. Además, explícito. En las series hay más materialismo, individualismo y giros de guión que nunca. Cómo no, también están repletas de feminismo radical, izquierdismo, progresismo, cultura woke, globalismo, apología constante a todo lo LGTBI que nos podamos imaginar, etc.


Lo cual no debería ser necesariamente malo si no fuese porque ciertos "ideales" tienen poco que ver con la realidad, ni tampoco con la ficción. Al final nos encontramos series llenas de elementos exagerados, personajes con un carácter insoportable y matices continuos de temas "revindicativos" que en muchas ocasiones, nada tienen que ver con la época en que está ambientada la serie.


Esto lo encontramos contínuamente en NETFLIX (series de época medieval con hombres y mujeres africanos, gays y lesbianas en público en la edad media, ciudadanos de otros países que en ciertas épocas era imposible que viviesen en otros lugares...) y un sinfín de añadidos que sencillamente, debes tragarte. Porque aunque no reflejen ningún tipo de realidad ni siquiera dentro de una ficción, debes tragarte


La única manera de soportar elemento forzado tras elemento forzado es vaciando del todo la mente. Entonces ya no sabes ni por qué estás viendo lo que estás viendo. 


Por poner el ejemplo más reciente que se me ocurre, podríamos citar "La Promesa" de TVE. Es una serie que de por sí no está mal. Bien ambientada, con una fotografía muy cuidada y entretenida. Aunque desde un primer momento, te das cuenta de que hay ciertas cosas que no encajan y que han pasado por un revisionismo histórico que lo hace poco creíble en general.


En este caso, lo que especialmente destaca es el feminismo más moderno metido en una época en que no sólo era impensable, sino también absurdo. También hay otros elementos increíbles como el intento constante de igualar clases sociales, gestos de los 'señores' hacia los criados que sencillamente no ocurrían y demás falsedades. Aunque con diferencia lo que más chirría de la serie es el feminismo forzado y metido con calzador, en una historia ambientada poco después del año 1900 en España.


Las mujeres de la serie, por lo general, dan lecciones de todo. Siempre aciertan. Nadie les discute. Y cuando alguien les discute, termina callando ante la apabullante superioridad intelectual/moral/pragmática de todos los demás. Las mujeres alzan la voz, chillan y dan broncas a los hombres sin consecuencia alguna. Es más, los guionistas han hecho un auténtico ejercicio ZEN a la hora de descafeinar a los hombres hasta tal punto en que ni les contestan a las mujeres. Y como les decimos, cuando les contestan cae en saco roto.


O sea que la mujer siempre sale ganando, tu. Esa es la percepción que se quiere dar al espectador medio, lo cual también da que pensar. Es decir: Que tenemos un espectador medio que disfruta viendo como las cosas son distintas a como son. Tanto en 1900 como ahora. 


A una de las sirvientas la convierten prácticamente en "médico de la familia" y tanto el servicio como la nobleza, escucha sus consejos y los lleva a cabo inmediatamente. La ama de llaves, le discute las cosas al mayordomo como le da la gana (cosa para variar, impensable e imposible). La marquesa, ningunea al marqués y toma decisiones como le viene la real gana sin miedo a consecuencias ni reprimendas de ningún tipo. Las mujeres en la serie, por lo general, son más avispadas, más ocurrentes, más concisas, más tajantes.


Una de las hijas de los marqueses, simplemente lo sabe todo. Sabe en la teoría (y en la práctica, sin haber ejercido de nada) de absolutamente todo: De ingeniería agraria, de contabilidad, de gestión de ventas, creación de negocios, trato con clientes y con inversores... Recalcando: Sin haberse dedicado a nada en su vida. Sin embargo, todos los personajes de la serie simplemente compran esto y lo resumen en: "Tener un carácter muy fuerte".


Con un poco de realidad, cualquier entendido en alguno de los temas en que dicha sabihonda dice conocer, le discutiría cuatro detalles del asunto y ni sabría que contestar. Para acto seguido, protagonizar un enfado infantil y primario para salir del encuadre ipso-facto. En la serie, a la gente le falta reverenciarse ante una tipa de 20 y pocos años que mide 1,50 y que cada vez que habla, chilla.


O sea que es todo mentira, vaya. Una mentira que por otra parte no parece contrariar demasiado a nadie, ni tan sólo por el hecho de pasarse la realidad de la época por el forro de la chaquetilla.


Son algunas cosas de las que te das cuenta a los pocos minutos de ver la serie, a no ser que tengas la cabeza más vacía que un botijo en el Sahara o si disfrutas de ver cómo las cosas se ponen del lado que tu quieres. Sea o no cierto, sea o no sea justo.

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