Cualquier cosa que se populariza, cualquier cosa que se abre al gran público corre el peligro de desgraciarse, arruinarse o degradarse. Y precisamente por eso, antes y después hay que atiborrarlo todo de normas, reglas y castigos para que, de nuevo, -la gente- se comporte mínimamente. Como si de un gigantesco jardín de infancia se tratase. Esto se aplica a cualquier cosa: Espacios públicos, espacios privados, eventos, actividades deportivas, trabajos de todo tipo, comportamientos en la vía urbana, comportamientos en el ámbito rural... Y termina aplicándose a literalmente todo lo que nos envuelve en nuestra vida diaria.
El 'por qué' no podría ser más simple: Porque la gente no sabe comportarse.
Ahondando algo más, especialmente acerca del 'por qué' no saben comportarse también es bastante simple: Porque prima lo que a MÍ me apetece hacer, cuando A MÍ me apetece hacerlo y como a A MÍ me parezca hacerlo. Y un pensamiento tan simple y típico como ese es precisamente el que arruina cualquier cosa, sea cual sea.
Por eso siempre me ha resultado gracioso ver una sociedad entera que halaga el "tener mucha personalidad", cuando llaman personalidad a que el individuo sólo atienda a sus propias razones e impulsos, lo que en mi opinión le convierte en un auténtico mentecato, en muchas ocasiones. Yo, yo y después yo. Lo cual trae a las personas la gran mayoría de los problemas que después padecen.
Lo que más insoportable intelectualmente hablando, es que luego se quejen (lo cual ya es el colmo del egoísmo, la ceguera y la idiotez integrales) de que se les estén imponiendo normas cuando es el gran público en sí quien provoca que se impongan esas normas. Está más que comprobado por la misma historia, que los países con menores índices de delincuencia y mayor seguridad pública, tienen muchas menos normas y más flexibles que aquellos países atiborrados de delitos de cualquier índole. Y con eso ya podemos hacernos una idea de por qué y cuándo hacen falta normas más restrictivas, ya que eso depende directamente -de nuevo- de la gente.
Así que es a partes iguales, para bien o para mal, la gente quien arruina las cosas. Todas. Cuando decimos -la gente- no nos referimos a TODA la gente, sino a la gran masa de público que acude a -lo que sea-. Algunos inventan cosas, otros preservan dichas cosas. Y por último, tenemos a 'la gente'. Que son los que simplemente, utilizan los servicios y aprovechan lo que los demás idean, emprenden o inventan.
Pues esa gran masa -la gente- (aclaramos esto varias veces ya que hay que entender el término y no descontextualizarlo) es la que causa el 99% de los problemas, molestias y demás.
La gente se queja de las inspecciones técnicas obligatorias de vehículos. De acuerdo, hagámosle caso a -la gente- y abolamos dichas obligatoriedades. En menos de un trimestre, tenemos como resultado una población circulando con los vehículos personalizados como le de la real gana a uno, causando todo el escándalo posible con los tubos de escape y sin cumplir una sola normativa acústica. A los pocos meses de haber pedido la abolición de dicha obligatoriedad tendremos de nuevo a -la gente- pidiendo que se endurezcan las multas por escándalo público ya que es imposible vivir de esta manera.
Este ejemplo tan tonto puede aplicarse a cualquier cosa y de hecho, se aplica en la vida práctica. Cualquier cosa al poco tiempo de implantarse deberá estar regida por dos cientas cincuenta normas en fila india (ya será otra cuestión valorar si dichas normas son o no acertadas), para que pueda funcionar con una mínima eficiencia. Sin esas normas o restricciones, cualquier cosa está abocada al fracaso más próximo y a la imposibilidad de un desarrollo normal de -lo que sea-.
De nuevo, gracias a -la gente-. Y repetimos: La gente se trata de la mayoría simple y aplastante de personas que se quejan sin fundamento de lo que ellos/as mismos/as causan, pecando de una falta absoluta de visión y de tontoegoísmo absoluto. Los pocos/as que cumplen esas normas, que hacen uso del servicio que sea y luego no abogan por las revindicaciones vacías, no entran dentro de -la gente-.
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La gente se queja de las ordenanzas municipales. De acuerdo, quitémoslas. Desastre.
La gente se queja del funcionamiento de los servicios públicos. De acuerdo, hagámoslos todos privados. Desastre. Se quejan también. Se quejan más, de hecho.
La gente se queja de los precios de los coches. De acuerdo, bajémoslos desde el estado. Desastre. Se termina la inversión extranjera en el país. Los precios de los coches aumentan incluso más. Se quejan. Se quejan de nuevo, más que antes.
La gente se queja de la política. Quieren listas abiertas y que cualquier ciudadano pueda presentarse a las elecciones. De acuerdo, cambiemos la ley electoral. Desastre. Empiezan a aparecer charlatanes (mucho más que ahora, si cabe), iletrados y palurdos varios que tienen la misma idea o menos que los políticos anteriores. Se quejan. "Todo va mal", alegan.
Conclusión: Poco a poco, cada vez entiendes más por qué las personas que ocupan los altos puestos de responsabilidad desprecian y ningunean de todas las maneras al vulgo. A la mayoría de la población. Porque esta mayoría, actua de la manera que hemos mentado en todos y cada uno de los ejemplos citados aquí mismo. Ejemplos simples que se traducen en todos y cada uno de los niveles de importancia de todas las cosas que tenemos en sociedad.
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