La frase que titula la entrada tampoco hay que tomársela radicalmente. Hay que tratar con los demás en el trabajo, en familia. Con los amigos, quien los tenga. Pero más allá de eso, hace ya un tiempo que perdí el gusto por tratar con los demás.
"Con los demás" significa con la enorme y aplastante mayoría de personas. Que aunque estén sumidas en el fracaso y la monotonía más absolutas, cuando te los encuentras te mienten descaradamente diciendo que todo va bien. O incluso hacen un compendio de todas las nimiedades que les han ido bien y son esas las que te cuentan, ya sabiendo de antemano que todo es una gran mentira.
Bueno, pues conforme te haces adulto esas cosas abundan cada vez más. Cada vez más se emperran en aparentar, en esconder las pifias, en ponerse a hacer publicidad de ellos mismos cuando en realidad no hay nada que publicitar. Y así te encuentras uno, y otro, y otro. Y otra, y otro más allá.
"Sí la verdad es que muy bien y currando mucho, mucho. Ganando pasta ahora, sí. Y en casa mucho mejor ahora, tengo todo el piso para mí. A ver cuándo te vienes y ves la tele de 70 pulgadas OLED que me acabo de comprar, donde puedo jugar y bla bla bla..."
Este individuo se había quedado sin pareja hacía cuatro días (lo cual él ignoraba que yo supiera), y de "muy bien", nada. Estaba echando horas extras en un trabajo ruinoso por no estar en casa solo, y poco más. Y a la mínima que tuvo oportunidad, me contó una historia (por supuesto, sólo hablando él durante cinco minutos seguidos) de lo bien que iba todo. Cuando solo en un universo paralelo la palabra empleable es "bien". Me dejó sin ganas de volver a verle hasta nuevo aviso. Enhorabuena, como de costumbre.
Hablas con otro al que generalmente le das cincuenta mil vueltas en todo (en elocuencia, en salario, en rendimiento deportivo y en todas las cosas que podemos tener en común). Y todo lo que hace en cuanto nos encontramos es pasarse el máximo tiempo posible hablando de sí mismo. De lo que hace, cuándo lo hace, el "enorme nivel" al que hace deporte. Terminando de raíz con el miligramo de ganas que podías tener de volver a tratarle en los siguientes cinco años.
Y así, y así, y así. Prácticamente ninguno de los que puedas encontrarte merece ni un minuto de escucha profunda. Ni mucho menos que entres al tema de conversación que para variar va a ser: Ellos mismos.
Me encuentro a cualquier vecino y se me pone a hablar de su moto. Su moto por lo visto debe de ser única en el mundo, en un momento en que se están vendiendo más motos que nunca en la historia. Y cómo suena su moto, cuánto corre su moto. ¿Y todos los kilómetros que hace con su moto? Ah, cuántas cosas que contar. Últimamente ni siquiera contesto. No sólo no lo merecen, sino que proporciona mucha más satisfacción notar la sensación que les provoca el no responder. Abro la puerta del ascensor: "Hasta luego."
Poco a poco me voy dando cuenta de que cada vez tengo menos paciencia para todo eso. Ya no es dificultad para relacionarse o falta de ganas, sino que no tengo paciencia para escuchar a gente instalada en la vulgaridad y normalidad más absoluta hablando de sus cosas como si fuesen históricas. Y menos aún cuando te das cuenta de que tanta charlatanería sólo viene empujada por un "runrun" interno de añadirte valor a tí mismo. Un aburrimiento absoluto.
Si estas "conversaciones" por llamarlas de alguna manera, vinieran de personas ilustres, de personas que han conseguido cosas sobresalientes en sus vidas. Pero es que se da la casualidad de que suelen venir de los individuos más vulgares y corrientes que podamos imaginar. Teniendo en cuenta que la mayoría objetiva de la población es así, puedo afirmar que he perdido bastante el gusto de aguantar (porque -tratar- es un eufemismo) a los demás. Por lo general, vaya.
Ni siquiera percibo esto como un problema. Porque de hecho, pienso en la cantidad de tiempo, días, noches y años que he perdido prestando atención a auténticos zoquetes, que eso es precisamente lo que me da rabia: No haber empezado antes a ignorar a toda esa gente.
Esto lo pienso a menudo. ¿Qué he ganado a base de aguantar chapas? O a base de quedar con gente sólo para pasar el rato y que no han dejado de darse bombo a sí mismos. Porque yo, y yo, y yo. Porque mi moto. Porque mi coche. Porque mi mujer. "Mi parienta". Y demás zoquetadas varias. Pues gané pasar el rato en el momento, pero después de eso: Nada.
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