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domingo, 2 de marzo de 2025

Las personas no planean lo que hacen (o lo hacen mal adrede)

Esta es una de esas historias que contienen una profunda reflexión. Una reflexión que todos/as podemos hacer, por otra parte


Hoy me he encontrado a una antigua compañera de clase. Me la encuentro más o menos a menudo, ya que por casualidades de la vida vive cerca de mi casa. No es que me haga especial ilusión encontrármela, ya que ha seguido una trayectoria de vida que considero tan deficiente (en cuanto a malas decisiones encadenadas) que no me interesa demasiado lo que me tenga que contar.

Más allá de ser un juicio gratuïto, es uno de esos casos en que la toma de malas decisiones una detrás de otra evidencia que esta persona es bastante corta. O que simplemente, planea las cosas que hace de un modo tan superficial que terminan por ser un despropósito incluso antes de llevarse a cabo. Eso me lo he encontrado mucho, personas que carecen de una mínima capacidad de imaginación y proyección de lo que plantean, incapaces de ver que lo que van a llevar a cabo tiene muchas probabilidades de convertirse en una pérdida de tiempo. Como casi siempre actúan por la sensación o sentimientos que acompañan dicha decisión, no ven nada de esto.

Y si les saliera bien, estupendo. Pero cuando no es el caso es cuando empiezas a entrever estas cosas. Porque no les ocurre una vez. Sino una, y otra, y otra. A veces con distintas cosas y otras, con lo mismo.

Esta chica con 20 años conoció a un tipo y a los seis meses se fue a Malta a estudiar cocina. El mero hecho de decir esto en voz alta ya provocaba muecas raras en muchas personas. Porque realmente era un plan con un porcentaje de porvenir muy bajo, teniendo en cuenta varias cosas. No obstante como suele ocurrir, nadie dijo nada. La chica con 20 años se fue a 1900km de su casa con un tío que conocía poco más que a un vecino de su bloque. 

El plan en sí sonaba a auténtica basura teniendo en cuenta la edad que tenía, el currículum inexistente y el hecho de "ir a estudiar" a un sitio que no es el tuyo. Además, a "estudiar cocina". Cosa que a lo que te lleva inmediatamente después es a trabajar en un restaurante o bar, especialmente cuando no tienes experiencia. Eso debería ser suficiente para entrever que no era muy buena idea ir a estudiar precisamente esto a un sitio tan lejano, para muy probablemente pasarte los próximos años trabajando en cualquier sitio. Lo cual harías exactamente igual aquí, pero a casi 2.000km de tu país de origen.

A los dos o tres años volvía a estar en España. Sin trabajo y sin pareja. Irte a 2000km de casa con una persona, para terminar sin la persona y sin ningún tipo de progreso apreciable en tres años. Todo el tiempo, el dinero, el esfuerzo, el hecho de irte a vivir a otro país. Para nada, como aquél que dice.

Esto debería interpretarse (especialmente la propia persona) como un estrepitoso fracaso. Porque al contrario de lo que se suele pensar, saber identificar los despropósitos integrales sirve para disminuir las probabilidades de repetirlo. En cambio, si haces lo que por lo común se te anima a hacer (fingir que no ha pasado nada y esconder la porquería debajo de la alfombra), la posibilidad de repetir el sinsentido se mantiene. Y así fue. Cómo no.

Vivimos en un modelo social en el cual, con tal de no sentirte mal contigo mismo se te anima a mentirte a tí mismo si es necesario, con tal de no reconocerte los errores y no "minarte la moral". Cuando desde un punto de vista práctico, es necesario ser consciente de las cagadas flagrantes para progresar un mínimo. Pues este fue el ejemplo que a mí me ayudó a reconocerme cada vez más mis pifias, viendo como la cobardía absoluta de la persona media le conducía a cometer una, y otra, y otra. Hasta el infinito y más allá.

Porque la inconsciencia y debilidad de hacer borrón y cuenta nueva como los ciegos tras un fracaso escandaloso, es propia de niños y adolescentes. Sin tener aún capacidad de entomar lo que has hecho mal. Si una vez entrando en la edad adulta sigues ese procedimiento, te aseguras a tí mismo decisiones nefastas una tras otra sin demasiado miedo a las consecuencias, puesto que una vez llegues a tocar fondo negarás tener culpa de absolutamente nada de lo ocurrido. Y así un año, y así cinco años. Hasta que vas haciéndote mayor.

Pues el ciclo de esta persona fue repitiéndose, una y otra vez. Y encontraba otra pareja, y luego se terminaba. Y ahora tenía otro trabajo en el restaurante de un hotel (cuando hacía ya casi 10 años del depropósito de estudiar cocina en Malta) mostrando que su progresión en la última década había sido -ninguna-, por otra parte. Y otra pareja, y otro piso de alquiler. Cada vez que te la encontrabas había otra "historia" contada como una anécdota, que realmente destilaba un avance inexistente y la misma actitud de cuando tenía 15 años.

Hoy, yendo al estanco me la he encontrado disfrazada de india comanche, paseando un perro. Más sola que la una y con el mismo disfraz de cuando tenía 15 años. Son esos momentos de la vida, en que seria tan fácil como verte a tí mismo/a en el reflejo de cualquier coche para darte cuenta de que los años no pasan en balde. Y que cuando casi todas las decisiones que has tomado han resultado en nada o en algo negativo, quizás es el momento de empezar a plantearse que algo no funciona. Tu manera de hacer las cosas, por ejemplo.

Aunque por mi experiencia, que no es poca ni mucha, la enorme mayoría de la gente prefiere seguir avanzando cual pollino de feria, incluso en círculos y sin demasiadas ganas de ver nada. Porque ver mínimamente las cosas tiene un inconveniente: Es difícil.

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