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domingo, 23 de febrero de 2025

España: El país del perro

Desde que era bien pequeño me di cuenta que el tema de los animales domésticos en España era una auténtica locura, especialmente con los perros. La cantidad de perros que podías llegar a encontrarte meando por la calle o dejando sus estupendos regalitos en cualquier acera era algo que rozaba lo ridículo, teniendo en cuenta que muchos de sus dueños/as salen a la misma hora para ensuciarlo todo, algo que de bien pequeño ya despertaba curiosidad en mí.


Y no me despertaba curiosidad el hecho de ver perros, sino la existencia misma de tal cantidad de animales en un casco urbano o en medio de una ciudad, donde de por sí no tiene demasiado sentido tener un animal más propio del campo o de vivir al aire libre. Poco a poco, me dí cuenta de que los tenían metidos en los pisos como si de una cobaya o un hamster se tratara. Siendo algo no poco común, sino una costumbre totalmente extendida en España.


Conforme pasan los años y ves que esto no hace otra cosa que ir a más, simplemente caes en que esto no es normal. No es normal tener una ciudad atiborrada de perros, y tampoco es normal que vayas por la zona de la ciudad que vayas, te lo encuentres todo lleno de orines y de excrementos que además, la gente tiene totalmente normalizados.




Para terminar de confirmar lo evidente, cuando vas conociendo gente de otros países (en muchas ocasiones, personas que vienen aquí de vacaciones y no dan crédito a la cantidad de perros que pueden ver en una semana), o el hecho de estar hablando por teléfono con alguien de otro país y que casi siempre se escuche un perro de fondo ladrando (la mayoría de veces se creen que vives en el campo o en alguna zona rural) sin imaginarse por un momento el despropósito al que estamos acostumbrados en España. A estar encerrados en pisos, ya que la mayoría objetiva de población vive en pisos, y al mismo tiempo atiborrados de perros por todas partes.


Por si fuese poco cuando la constatación misma de esto se realiza de forma natural a base de ver, oír y comparar, no te hace falta gastar demasiado tiempo buscando cifras reales de si esto es así o no. Y como no podía ser de otra manera, en España como siempre somos los 'diferentes' de Europa especialmente con las cosas ridículas, como también en las cosas mal hechas.


Casi siempre te vienen con la historieta animalista-progre de que esto es así por "herencia histórica" y demás paparruchas, ya que esto viene heredado de que en las zonas rurales españolas siempre ha habido muchos perros. El tema es que la gran mayoría están concentrados en las ciudades, que es donde vive la mayoría objetiva de población. Así que la tontería de turno queda desmentida casi inmediatamente.




Tenemos en nuestro entorno europeo países más grandes, con mayor extensión tanto rural como urbana, y más población. Y sin embargo ni se acercan a nuestras cifras de perros por persona, que roza la friolera de 1 perro por cada 4 personas. Más perros que niños. Más perros que hijos


Se trata de un emperre (nunca mejor dicho) y casi una obsesión enfermiza de meter perros en todas partes. Ya no hablemos de la molestia continua de tener animales alrededor, especialmente metidos en comunidades de vecinos. Un depropósito que más allá de estar desintegrado del folklore común, lo que hacen es todo lo contrario. Normalizar los ruidos, normalizar "que el vecino se joda si le molesta" y demás perlas suprainteligentes, que demuestran priorizar -al perro- y no las molestias que pueda ocasionar y que por supuesto, ocasiona.


No encontrarás muchos países donde los propios psicólogos te recomienden "comprarle un perro al niño". Ningún país donde vayas a una urbanización, y tengas a todos los perros de tu alrededor ladrando en las fincas a las cuatro de la madrugada. Y los dueños, tan tranquilos dentro durmiendo. Lo cual convierte esa zona en un infierno de ruidos más que en una "urbanización".



Alegan que eso les da "seguridad". Como si viviésemos en Chechenia. Uno, da seguridad. Algunos tienen tres, cuatro, cinco perros. ¿Cinco perros? ¿En una sola finca? Volvemos a lo anterior: Se trata de una obsesión incustrada en un folklore que tiene esto no solamente aceptado, sino bien visto e incluso promocionado como positivo. Más perros, más. ¿Dónde harán sus necesidades? ¿Y los orines de cada día? ¿Tendrá la población media responsabilidad suficiente como para no ensuciar la vía pública que usamos todos? No. Ni intención que hay.


Lo curioso como siempre es que vivimos en un país donde se te intenta cobrar por todo (Sí, por todo. Hasta para fallecer tienes que pagar impuestos), sin embargo hay cierta impunidad con todo esto. Es cierto que existen sanciones para los que ensucien la vía pública, pero la realidad es que se multa a muy pocos. Y las autoridades tampoco dan ninguna prioridad a sancionar todas estas cosas. El resultado es: Orín y heces. En cualquier rincón de la ciudad.









Teniendo en cuenta que vivimos en un país donde "que los demás se fastidien" es la premisa, ya sabemos lo que va a ocurrir. Que te terminarás comiendo la molestia de otros, entre otras cosas porque tienen la misma educación que una piedra (los dueños/as). Y además, rodeados de perros. 


Siendo agente inmobiliario, he perdido la cuenta de la cantidad de casas que he visitado con perros dentro. E incluso dueños de perros que pretendían hacer las visitas con los perros dentro del inmueble. Con la misma capacidad imaginativa de un mojón de río. Extraños visitando pisos con los perros dentro siguiéndoles y ladrando por todos lados. El escenario ideal para ir a visitar un piso que vas a comprarte. Por no hablar del olor a clínica veterinaria que hacían todas las casas. Insólito, antihigiénico y ridículo casi a partes iguales.


Tengo también unos conocidos que tenían un piso de dos habitaciones y cada vez que se marchaban a la calle, dejaban al perro de cuarenta y tantos kilos encerrado en el piso como si fuese un mueble más. Cuando estábamos en algún sitio, los vecinos empezaban a llamarles al teléfono quejándose del escándalo que el bicho llevaba montando varias horas. Y en vez de caérseles la cara de vergüenza (porque entre otras cosas la molestia la estáis causando VOSOTROS, es decir, es VUESTRA CULPA) lo que hacían era no responder al teléfono y decir que "los vecinos les estaban tocando las narices, siempre quejándose."


Que los vecinos les estaban tocando las narices a ellos. Te quedas sin palabras y con ganas de insultarles al mismo tiempo. Este ejemplo y cientos más en todos estos años, evidencian que si te dan la libertad para hacer algo tienes que ser algo más que un infante para responsabilizarte. Y con la media intelectual/empática que tenemos en España, dejar cualquier cosa sin regular casi siempre es una mala opción.


Y por eso tenemos ordenanzas municipales, e inspecciones técnicas de vehículos. Para impedir que cualquier majadero medio pueda arruinarte las horas de sueño con su tartana. Y por eso tenemos horarios en los que se permite hacer ruido y otros no. Pero parece que en cuanto tocamos el tema del perro, las miradas de tirria empiezan a dirigirse a tí y entonces cualquier cortesía relacionada con no molestar a los demás, desparece. Para imperar el "si les molesta que se fastidien" como premisa principal. Lo cual, dice bastante de la persona media que hay en el país.


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