Muchas veces al ver ciertas situaciones, más que en las situaciones en sí me pregunto el por qué de las mismas. No sólo el producto final de esa situación, sino el por qué de haber terminado en ella.
A mi parecer, ese ángulo es el que te hace ver los errores o las cosas que podrían mejorarse. No entiendo otra manera de ver las cosas, en realidad. Si sólo te centras en ver el 'qué', es difícil llegar a comprender el 'cómo', y mucho menos el 'por qué'.
Bien. Pues la mayoría de gente se queda en lo primero. En ver el 'qué'. Y a partir de ahí no es que analicen o dejen de analizar, es que no ven más. Desde ese punto de vista, las situaciones son sólo eso, situaciones. Cuando en realidad son productos de tantas otras cosas que han terminado como han terminado.
Últimamente me pasa esto con muchas de las familias que viven a mi alrededor, y que entiendo que ni por un momento se les pasa por la cabeza pararse a pensar nada de esto. El resultado de sólo ver el qué, y no el cómo ni el por qué, se traduce en dos niños absolutamente odiosos e irreflexivos, metidos en casa un lunes a las 17:00 de la tarde sin tener absolutamente nada que hacer. Y a raíz de eso, esos niños terminan en el patio de su casa pegando gritos alrededor de una mesa de ping-pong hasta que se hace de noche.
Un día, vale. Dos, bueno. Cuando llevan así dos años, llegas a la conclusión de que no saben, literalmente, no saben qué hacer con estos dos paquetes de hijos que tienen. Y no hace falta llegar a la conclusión, es que en ocasiones a los propios padres se les escapan ciertas frases: "Es que son mis hijos, qué le voy a hacer."
Pero antes de tener dos, tenías uno ¿verdad? Sí, lo tenían. Y el niño ya no apuntaba demasiadas maneras, la verdad. Era un niño que parecía hecho en serie junto a otros tantos más, con conductas calcadas, idénticas e incluso miméticas con otros tantos niños que ni apuntan a nada ni dejan de apuntar. En su día, ya no sabían muy bien que hacer con el crío cuando no estaba en el colegio. Pues no se les ocurrió otra cosa que, un par de años después, tener otro hijo. Y así sin comerlo ni beberlo, multiplicaron exactamente por dos la misma situación que tenían antes.
Eso sí: Con más gritos, más desavenencia, más escándalo a todas horas y un mayor problema. Porque si no sabían qué hacer con el primero ¿qué iban a hacer con el segundo?
Respuesta rápida: Nada. No iban a hacer nada.
Nada, a parte de exactamente lo mismo que con el primero: Llevarlo al colegio y después del colegio, meterle en casa y que se apañe. Ese "apaño" consiste en que los demás vecinos terminen aguantando a dos críos que como ya hemos dicho, parecen copias idénticas unos de otros y sólo se ocupan en chillar, pensar en ellos mismos y de liberar un montón de energía desaprovechada hasta que se hartan.
Esto no es culpa exclusiva de esos niños. A su edad, pocas tardes recuerdo haberme pasado en casa teniendo que causar molestias para entretenerme. Casi siempre estaba haciendo alguna actividad, iba a casa de otros amigos/as, iba al parque, iba en bici. Y a los 13 años me apunté a una academia musical lo cual me quitaba bastante tiempo, tanto las clases como la práctica de las mismas.
La gente siempre "espera" o "cree" que las cosas serán distintas a lo que terminan siendo. Se creen que tendrán hijos y que "puede que salgan de un modo, o que salgan de otro". Cuando en realidad la probabilidad de que te salgan un par de niños absolutamente idénticos a todo el resto sin intereses concretos en nada y por tanto, aficiones volátiles e irreflexivas es un resultado que te verás obligado a comerte. Porque realmente, tanto en la infancia como en una edad más adulta, hay un porcentaje enorme de personas que no tienen interés en nada concreto.
Es decir: Hacen cosas. Y luego las dejan de hacer. Luego las cambian. Y luego hacen otras cosas. Sin aboslutamente ninguna guía interna de intereses marcados. Simplemente pasar tiempo. Eso es algo que se aprecia en una persona desde que es relativamente joven.
Todo mi alrededor en los últimos 33 años de vida ha estado marcado por gente así. La vecina de arriba se pasó 8 años torturándonos dando saltos por el piso a todas las horas porque "hacía ballet". Ballet que, de nuevo, hacía porque los padres se emperraron que hiciera (o sea, exactamente la misma situación que los otros niños tontos). Otra persona toca-narices haciendo una actividad por la que no tiene interés propio, haciéndola porque sus padres tienen que enchufarla en algún sitio para que se entretenga. Conclusión: terminas comiéndote tu el escándalo de la niña boba y la decisión de los padres.
Recuerdo que de pequeño, ya pensaba; "Nos estamos comiendo todo este escándalo para que la boba esta se canse cualquier día de una actividad que ni siquiera quiere hacer, y lo deje para siempre." A los años, entró en la adolescencia y dejó el ballet para siempre, dejándonos todos esos años atrás de ruidos indiscriminados que no tenían ningún sentido. Los dos niños repelentes de abajo, más de lo mismo: Tres veranos seguidos dando balonazos en el patio a todas las horas del día, hasta que de la noche a la mañana se cansaron y no lo hicieron nunca más. Ahora toca el ping-pong, y después de eso será cualquier otra chorrada que ni siquiera les gusta.
Todos estos casos tienen que ver con los hijos de los demás. To-dos. Hijos que tú y todos los de tu alrededor terminan chupándose por activa y por pasiva hasta que deciden agarrar el petate e irse a otro sitio, cuando se hacen mayores. Y cuando es este caso, el de abajo, el de arriba, el de al lado. Es cuando poco a poco va entrándote la moraleja... ¿Hay alguno de estos hijos o personas que hayan tenido alguna trayectoria enfocada a algo?
No. Han hecho esto, han hecho aquello. Han pasado los años. No se han quedado con nada de esos años pasados. Han encontrado pareja y han reproducido exactamente la misma situación, idéntica pero con otras personas, en otros edificios. Traen a esos hijos los fines de semana, y los escuchas dando gritos exactamente igual que hacían sus padres 15 años atrás. En el mismo tono, en el mismo timbre.
Y escuchas a los hijos de los hijos, de los cuales te comiste el follón años atrás y que los padres no sabían -literalmente- qué hacer con ellos:
"Sí, es que están en una edad complicada. Y no paran en todo el día. A veces no sabemos qué hacer con ellos, la verdad. Pero qué le vamos a hacer, si son nuestros hijos."
Los hijos, soltando las mismas frases que sus padres, en la misma situación que sus padres, lamentándose de lo mismo que sus padres. La copia de la copia de la copia.
A todo esto, ellos desde sus perspectivas absolutamente ciegas, opacas y prácticamente invidentes guiadas por su "personalidad", te dirán: "Bueno las cosas salen como salen, y bueno, cada uno tiene que vivir su vida, y claro. Bueno, sí. Los hijos. Ya tocaba tenerlos, sí. Hay que evolucionar. El trabajo. Bla, bla bla."
Déjà-vu. Volvamos a la pregunta inicial:
¿Por qué?
No hay comentarios:
Publicar un comentario