Ayer por la noche fui al centro de la ciudad como tantas veces en viernes o fines de semana, con intención de tomar algo con unos amigos. Lo más típico del mundo.
En eso que faltaban dos por venir, y aproximadamente de las doce de la noche (que viene a ser cuando ya todo el mundo ha terminado de cenar, y se reune para ir a algún sitio) les pregunto:
- ¿Qué, cómo va la cosa? ¿Ya habéis cenado?
A lo que este tipo contesta:
+ Si, acabamos de terminar pero yo ya estoy en mi casa.
- ¿En tu casa? ¿Pero por qué?
+ Bueno, es que he terminado algo empachado de la cena. Y además no me apetecía demasiado salir, encima hemos cenado en mi barrio y la pereza de moverse es muy grande...
A partir de este punto la mayoría de veces ya dejo de responder, porque la fiabilidad de este tipo de individuos es ninguna. Quedas con ellos en verte después de cenar, y resulta que dicha "cena" ha durado veinticinco minutos para acto seguido irse a su casa otra vez. Lo cual convierte dicha cena en una tontería como un pino, porque para hacer eso podrías haberte quedado en tu casa desde buen principio.
Pero aquí como siempre el tema no es que alguien pueda o no quedar empachado de una cena. Porque quien se quede con eso se está quedando con los detalles del asunto. El tema aquí es que hay personas a las que no se las puede dejar solas.
Al igual que en todos los grupos de amigos o compañeros, hay algunos que llevan la voz cantante y las iniciativas y los demás las siguen, hay otras personas que siendo ellas mismas de un tono grisáceo oscuro, no saben ni lo que hacer cuando carecen de alguien alrededor que guíe un poco los temas. Y si a esas personas no se les 'tira del carro', en cuestión de un suspiro han perdido el empuje y se vuelven a su casa.
Siempre ha existido gente así. De hecho son personas que abundan. Irónicamente son estas mismas personas las que critican a los individuos que "les gusta llamar la atención", son estas mismas personas las que ven como "egocéntricos y pesados" a los que no son como ellos. Pero paradójicamente, si dependiera de estas personas de tono grisáceo, los planes y la vida social se reduciría prácticamente a cenizas. Y los pocos planes que fuesen capaces de llevar a cabo, si lo consiguieran, terminarían siendo un fiasco igualmente.
Porque no saben hacerlo. No saben desenvolverse. Ni ellos mismos ni con los demás. Y eso se evidencia en cuanto se les deja solos durante una hora, y a la que te enteras se han ido a su casa cortando el resto de la noche de raíz.
¿Y si los demás hubiésemos hecho lo mismo? Pues esa noche hubiese terminado en ese mismo instante. Y la anterior, y la siguiente. Y los años anteriores. Es una posición de un gris mate absoluto que ni suma, ni resta. Y por tanto sin darte cuenta, te convierte en una persona cada vez más prescindible en materia social o de ocio.
Porque es muy fácil criticar al que "llama la atención", pero para llamar la atención también hay que saber. Para formular planes y que la gente se una a ellos, hay que saber hacerlo. Para llevar la voz cantante y conseguir que las cosas no se conviertan en un muermo colectivo, también hay que saber.
Es decir: Es mucho más fácil ser el tipo gris que critica al que tiene carisma, que al contrario.
Este tipo de personas aunque lo nieguen (algo que es infantil y odioso, negar la evidencia) necesitan a gente a su alrededor que les guíe. Que les empuje un poco, que les diga "Ahora iremos allí, y haremos esto." Porque si nadie direcciona un poco las cosas, cualquier plan se ve reducido a un absoluto fiasco, muermo y por tanto en una reunión fallida. A estas personas no se les puede dejar en sus manos los planes ni cualquier tipo de iniciativa. Porque no sólo no saben hacerlos, sino que encima perjudican al resto.
Y de hecho como ya decimos, si las cosas dependieran de este tipo de individuos prácticamente no se haría nada. Cenan en 25 minutos sin mucha más cosa que decirse, se incomodan sin nisiquiera motivos para incomodarse y poco después se marchan a sus casas, exactamente igual que habían salido. Lo que de costumbre más me molesta de esto, es que esta gente se pasa años haciendo de rémora de los demás, uniéndose a todo lo que ellos no saben planear, aprovechándose en cierta manera de la iniciativa ajena, del esfuerzo de preparar las cosas. Para finalmente ni agradecerlo, ni valorarlo ni nada de nada.
Lo cual es un doble pecado: Incapacidad de llevar tú el timón e incapacidad de apreciar que los demás sí sepan llevarlo.
La conclusión es que no todo el mundo está hecho para tirar del carro. Algunos/as están hechos para sentarse en el carruaje mientras los demás tiran y ni siquiera así estarían contentos. Además, cuando les convenga se bajarán de ese carro y ni te agradecerán el viaje ni tomarán ellos las riendas. Así que ya me explicaréis qué es lo que hay que hacer con personas así.
Que por otra parte, son la aplastante mayoría.
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