Muy variopintas, longevas o muy cortas. Las hay de todas clases, y supuestamente, las personas no sabemos vivir sin ellas.
El por qué de esta necesidad es muy simple: Aunque a veces lo neguemos, las personas no sabemos estar solas siempre. Necesitamos complementar nuestra vida, llenarla de experiencias y por tanto, de personas ajenas a nosotros. La insanidad implícita en una soledad perpetua es evidente, pero la pregunta es:
"¿En realidad, sabemos relacionarnos entre nosotros?"
En mi opinión, no. Las relaciones humanas al igual que necesarias, están condenadas a nacer, desarrollarse y convertirse en polvo en el viento. Normalmente por razones egoístas, porque aunque muchas veces no nos demos cuenta, somos tremendamente egoístas. Incluso en los detalles más insignificantes del día a día, podemos llegar a ser egoístas hasta la médula.
Darse cuenta de estas cosas sólo conlleva tiempo y un mínimo de observación/consciencia. Estás en una mesa rodeado de amigos que dicen ser inseparables, a la semana siguiente te enteras de que se han peleado por una absoluta imbecilidad (objetivamente hablando, temas mundanos) y que no se quieren volver a ver.
Y no se vuelven a ver. Esto pasa constantemente, con parejas, familia, amigos, compañeros de trabajo, conocidos o cualquiera que tenga una lengua y un ego que lo empuje.
Y aquí sacamos dos conclusiones. La primera es que las personas tendemos a exagerar muchísimo nuestros sentimientos, incluso interpretándolos mal, y expresándolos peor. Los que decían ser inseparables e irremplazables entran en cólera por cualquier tema de importancia relativa y prescinden de lo que antes sentían. ¿Sería que en realidad no sentían tanto el uno por el otro?
Cuando algo es de tan absoluta fragilidad ante las cosas, es que no termina de ser auténtico. Y las relaciones humanas son de lo más frágil que nos podemos encontrar en esta vida. Son inestables, inseguras y truncables en cualquier momento, por cualquier motivo. Motivo al que damos importancia ahora, pero quizás no mañana.
Y al otro ni nos acordamos, o sí. La cuestión es que muchas veces no llegamos ni a planteárnoslo. No he escuchado jamás a nadie decir algo similar a lo que estoy escribiendo ahora mismo. Las personas simplemente viven al día, bastante inconscientes de lo que dicen o hacen, quemando etapas.
Nos queda mucho, mucho que aprender. Estamos a 2019 y aún no sabemos ni relacionarnos entre nosotros de manera sincera y espontánea, prescindiendo de egos y porquerías vinculadas a sentimientos negativos.
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