Quizá el título debería ser 'qué está pasando con el mundo', aunque lo voy a centrar un poco más en la escena musical:
De la situación de España, mejor ni hablemos. Un país donde siempre ha primado más el pop-macarrón y los artistas de tres al cuarto que otra cosa. Músicos, los justos. La mayoría cantantes con buena imagen y puesta en escena pero muy poca inclinación musical real. Es decir, que básicamente han sido productos con un talento claramente moderado. Y la cosa sigue igual.
Desde el boom de las discográficas multinacionales en los 70's y 80's, la industria musical ha cambiado igualmente que han cambiado los tiempos, y las personas. Por eso mismo, me da cierto miedo darme cuenta de los niveles a los que se ha llegado a prostituir esa industria, que depende directamente de:
LA GENTE, EL POPULACHO, EL PUEBLO LLANO, LOS MINDUNDIS.
Dichos mindundis, tienen poco criterio para distinguir artistas de títeres, músicos de productos y definitivamente, un material que valga la pena de un saldo producido en estudio. No tiene nada de malo que te guste un género musical basado en la imagen y con muy poco contenido musical, tiene sus momentos. Aunque si endiosas a artistas que no lo valen y no eres capaz de distinguir lo dicho anteriormente, estás siendo parte de la decadencia.
Un ejemplo muy básico es el del hip-hop y el rap. En los 80 y 90, el mercado musical estaba atestado de artistas de color contando sus batallas en el barrio, la precariedad en la que vivían y las dificultades por las que pasaban. Años después, todos esos artistas siendo multimillonarios, seguían cantando sobre desgracias y lo difícil que era la vida en sus días. Todo era teatro, empezó la prostitución de los géneros musicales para convertirlos en un circo malo, donde los trapecistas eran negros con diamantes colgando y los payasos se camuflaban en productores discográficos.
No estamos mejor ahora, de hecho ese modus-operandi se ha acentuado a lo bestia. Con la muerte del hip-hop y el rap en sí, géneros que movían miles de millones especialmente en los Estados Unidos y Europa, surgió un nicho de mercado al cual no había aún respuesta, puesto que ningún género lo había cubierto.
Años después, sobre el 2015, empezaron a brotar como patatas un montón de chavales insultantemente jóvenes, los cuales no estaban interesados en absoluto en la lírica ni en contar nada interesante al oyente, sencillamente se enfocaban en alardear de un supuesto status que ni siquiera tenían. No hablaban más que de prostitutas, drogas, posesión de armas y cantidades ingentes de dinero con el cual hacían gilipolleces del tamaño del Titanic. Conservaron (más o menos) las instumentales de corte hip-hopero y la estética general, aunque el contenido musical no tenía nada que ver.
Estos chavales se vieron sorprendidos al comprobar que sin intención ninguna, habían cubierto un nicho de mercado el cual les llevaría directamente a ganar la lotería sin demasiado esfuerzo. Discográficas como Warner Music, Sony Music y otros magnates de la industria ofrecían contratos de decenas de millones de dólares a tipos que no habían tocado un instrumento en su vida, ni siquiera sabían producir su propia instrumental. En la historia de la música nunca se había visto un caso tan acentuado de bajeza artística. Pero lo importante era lo importante: Que daba dinero. Mucho dinero.
Lo más curioso de todo y a la par lamentable, es que estos chavales vendían mucho a base de decir que vendían, sin más. No hacía falta que tuvieran talento musical, vivencias que contar ni nada en especial. A la gente le atrajo la simple idea del éxito en sí, del alardeo, el fantasmeo que trae darle mucho dinero a un tonto. Lo que no sabían es que la cosa era más estúpida aún: Esos tipos decían que eran ricos sin serlo, y a base de decirlo, se les hacía ricos.
Esto trae más estúpidos por metro cuadrado que nunca. Individuos que echan al mar coches carísimos sólo que para tener la portada de un disco. Tíos fabricándose fundas de diamantes para los dientes, gastando centenares de miles de dólares en auténticas imbecilidades más propias de un niño de 10 años que de un adulto. Colgantes de oro con caritas sonrientes y demás banalidades que indican que has hecho multimillonario a un enano mental. Para más INRI, una buena parte de esos chavales hoy día están muertos, sea por tiroteos sin sentido, abuso de drogas, alcoholismo o sencillamente suicidio. Con poco más de 20 años. Otra parte está en la cárcel después de haber seguido cometiendo delitos a pesar de ser millonarios. Otra prueba más de su lucidez mental.
Cuando te das cuenta de todo esto, te das cuenta de que en los últimos 20 años el mundo ha ganado en superficialidad, en imagen y en pose. Antaño hubiese sido imposible que semejantes imbéciles se hicieran ricos, puesto que nadie en su sano juicio habría encontrado atractivo alguno en un tío balbuceando gilipolleces delante de un micro hablando de cómo se benefició a una prostituta el día de ayer. En 2019, este tipo de música es el que más vende A NIVEL MUNDIAL, cosa que nos delatan las cifras.
Las conclusiones son sencillas:
1- La gente cada día piensa menos y por tanto, cuestiona menos y juzga menos.
2 - Hoy día, lo que importa es la imagen. Tatúate la cara y habla constantemente de dinero y superficialidad. Si estás en el momento y sitio correcto, triunfarás.
3 -La industria musical ya no se basa en dar a conocer nuevos talentos, sencillamente se centra en vender mucho. Aún a sabiendas de que es porquería.
4 - Ahora mismo, chavales adolescentes de entre 13 y 19 años se están empapando continuamente de una "música" que habla de consumir drogas, pegar tiros por pegarlos, irse de putas y conseguir mucho dinero a costa de lo que sea. Nunca en la vida se había tenido una influencia directa tan nefasta enfocada a los jóvenes.
5- Hay un atontamiento generalizado de la población. Incuestionable.
Un saludo a todo aquel/aquella que piensa un poco.
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