En verano, mucha gente aprovecha para hacer reformas en casa. En invierno, también. "Vamos a cambiar el baño", le dijo Francisca a su marido Francisco. Aprovecharán y cambiarán el suelo, porque "ya tocaba." Deciden hacerlo en primavera. Ya que todo el año es temporada de reformas en España
¿Por qué? Porque vivimos en el país de la reforma. Del pico y la pala. No se trata de una afirmación en balde.
Quien no está cambiando el baño tiene a un paleta rompiendo el bidé a martillazo limpio "porque ya no se lleva", mientras su compañero albañil Pepe Gotera pica todas y cada una de las baldosas del baño para cambiarlas por unas azules. No sea que el váter no vaya a juego con las baldositas de las narices. Y si fuese sólo un vecino quien lo hace, bien. Pero no. Cada semana otro vecino distinto empieza a hacer basuras en su casa.
Cuando llevas unos cuantos años dando tumbos por el mundo, te das cuenta de que esto no es así en todas partes. Ni el ayuntamiento está abriendo agujeros en el suelo cada año para "cambiar las tuberías", ni todos los vecinos de un bloque sienten la necesidad de gastarse 10.000€ en cambiar una cocina entera.
Y todo esto al final tiene una explicación pragmática. La gente tiende a comprarse pisos por cuatro duros (o por lo menos, lo pretenden) para luego gastarse un auténtico dineral en chapuzas domésticas, a poder ser pagando en negro y así ahorarrse el IVA (otra cosa que en España es un auténtico problema). Así que viéndolo de esta manera no es tan raro que nos pasemos la vida escuchando el martillo rebotando en las paredes del edificio.
Y al final una tontería como esta hace que te des cuenta del bajo nivel de algunas cosas. Tenemos la oferta de albañiles, obreros y paletas más extensa de Europa. Por el mismo motivo anterior y por el bajo nivel medio de estudios en España. Especialmente en generaciones anteriores, literalmente millones de personas se dedicaban al gremio del "ladrillo" en España, cosa que posteriormente cambió con la burbuja inmobiliaria.
Con lo cual, es tan fácil encontrar a alguien que haga cambios en tu casa que nadie se resiste. A precios competitivos. Sin impuestos, fomentando la economía sumergida. Muchos de esos "profesionales" ni siquiera están dados de alta en la S.C, así que el Estado no huele el dinero que perciben por su actividad.
Si a eso le sumas lo anterior, una mentalidad de gastarse en la reforma lo mismo que en el inmueble, nos encontramos con esto. Un país entero de obras, rehabilitaciones, pintar el piso entero cada año. Pisos de los años 70, que en otros países sólo tienen a ancianos viviendo, reformados hasta el mínimo detalle. Inversiones de decenas de miles de euros en baldosines y váteres. "La terraza se me ha quedado pequeña".
Y como tantas cosas, esto pasa más aquí. Pásate un mes en Italia, Francia, Inglaterra. No escucharás un sólo taladro, o igual escuchas uno. Tampoco escucharás al Pepe Gotera de turno a martillazo limpio haciendo cualquier cutrez. Aquí será llegar, y escuchar al vecino del cuarto con la pulidora, al del primero cambiando la campana de la cocina y en la calle, una alquitranadora levantando toda la calle "sin puñetero motivo aparente". A parte de 120.000€ en dinero público que gastará el ayuntamiento en algo que, nadie pedía
Tan clásica es la figura del albañil en España que Francisco Ibáñez ya se encargó de plasmarla en su día, junto a Mortadelo y Filemón.
Cosas tontas como estas llevadas a la normalización, provocan esto. El país de la reforma, el país de Pepe Gotera y Otilio.




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