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domingo, 26 de marzo de 2023

Como vivir en una ciudad ridícula

Todos los municipios tienen sus particularidades. Cosas que funcionan mejor y peor. En el caso de la ciudad donde vivo, las ridiculeces se encuentran por doquier.



Una ciudad pequeña, con proyectos urbanísticos enfocados al despropósito y al cambio absurdo y por tanto, sin funcionalidad alguna. Con una capacidad de previsión nula, y una falta de planteamiento de situaciones que haga práctica la instauración de algo. Como una rotonda. Y aquí vemos el resultado del primer despropósito que puede venirnos a la cabeza.


No vivo en una ciudad muy grande. Aparentemente. Reus, la capital del Baix Camp, es una ciudad ubicada a 10km de la costa, en la penúltima provincia catalana antes de llegar a Valencia. 


Una de las ciudades más endeudadas de España por cápita. No lo digo de boquilla: Lo es. Y si lo es, es por la cantidad de despropósitos urbanísticos que han protagonizado los diversos gobiernos, tanto Socialistas como Independentistas catalanes. Aquí los sinsentidos aplicados a la realidad, son una constante que cualquier reusense puede apreciar.


No hace tantos años que Reus es una ciudad como tal. Hace 20-30 años, era una ciudad de poco más de 50.000 habitantes, con calles adoquinadas y muchas, aún conservando arena como en los pueblos de la España de la transición. Con el paso del tiempo, el auge de la inmigración y la despoblación de los municipios aledaños, se ha ido haciendo cada vez más, y más grande.




La cuestión es que la ciudad en sí no aumenta de tamaño, sino que aumenta la población. Lo cual hace que sea insufrible vivir aquí en algunos momentos, y por algunas cuestiones.


Reus no deja de ser un pueblo, con ciudadanos de mentalidad pueblerina y al mismo tiempo, un centro completamente atestado de coches, motos, deliveries, viandantes, patinetes, bicicletas y todo lo que se nos pueda ocurrir. Así que si mezclas un centro de la ciudad muy pequeño, con una población acostumbrada a ir a todas partes en coche, qué tenemos: Una circulación lenta, densa y torpe. Que a veces ni siquiera podemos llamarla "circulación".



Un ciudadano de Reus va a Barcelona, y alucina viendo la fluidez y facilidad de circulación, teniendo más de un millón y medio de habitantes (sin tener en cuenta área metropolitana). Y eso se explica muy fácil: No puedes pararte en medio de la Diagonal de Barcelona y ponerte a conducir de manera torpe y lenta sin llevarte un claxon colectivo, mínimo. Si lo haces en Reus no pasa nada, porque todo el mundo va así.


Si me paro aquí, me paro. Si me salto el STOP, me lo salto. Todo eso combinado con una mayoría de calles de sentido único, con un sólo carril. El cocktail por excelencia para realzar la lentitud y la torpeza total.




Y de vez en cuando, unas hostias inmensas e impropias de una ciudad tan pequeña como esta. Dado que las salidas y entradas de Reus sufren un constante flujo de tránsito (más abajo veremos las buenísimas soluciones de los dirigentes de Reus para la densidad de tránsito), que parece nunca terminar. Cualquiera que no conozca la ciudad vendrá aquí e imaginará un municipio gigante. Con decenas de miles de negocios, cientos de miles de habitantes. Y lo cierto es que de 110.000 no pasa. Pero organizados como el ojete. Tan mal hecho, que hasta parece hecho a propósito.



Para terminar de arreglarlo, con la fiebre de "lo verde" a los concejales del Ayuntamiento no se les ocurre nada más que eliminar un carril entero de la vía más concurrida de toda la comarca. Es imposible hacerlo peor (sin exageraciones) ni haciéndolo a propósito. Confirmas que en ciertas vías la circulación es muy lenta y lo que haces es eliminar un CARRIL ENTERO para hacerlo carril bici. En una vía de salida y entrada a la ciudad en la que sencillamente, no hay ciclistas.


No sólo podía haberse evitado sino que haciendo una simple reflexión como la que estamos haciendo aquí, habría sido fácil darse cuenta del despropósito antes de hacerlo. Y sin ser concejales. Pues se ve que los organizadores de esta "cosmopolita ciudad" hacen las cosas sin prever las consecuencias de las mismas. Lo cual nos lleva a una simple conclusión: Son unos inútiles.


Los propios ciudadanos comentan a los periodistas que los ciclistas siguen circulando por la calzada una vez inaugurado el carril bici que perjudica a TODOS. Ridículo. Las ridiculeces de vivir en una ciudad ridícula.



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