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miércoles, 17 de mayo de 2023

Clases particulares en España

España siempre ha sido un país poco propicio para el sector de las clases particulares. Más que nada porque todo el mundo las quiere "buenas, bonitas y baratas". Y eso es difícilmente compaginable con sacarse un montante medio digno, dedicándose a algo tan importante como la formación o el refuerzo de los estudios.



Fuente: Aprendemas.com


Como siempre forma parte de una mentalidad entera. Mucha gente ni se plantea si es correcto o no que pretendan cobrarte 1500€ por enyesar una grieta que ha aparecido en una pared. En cambio, sí que pretenden negociar hasta el último euro con algo relacionado con la educación.


Entonces nos encontramos con plataformas muy importantes en España, como tusclasesparticulares.com, absolutamente atiborradas de profesores/as reventando los precios de las clases particulares, fijando los precios desde 10 euros la hora. Cabe decir, que esto es una anomalía respecto a toda Europa, en el que el sector de la educación está mucho mejor valorado y por tanto, la población está dispuesta a invertir más dinero en formación o en refuerzo de conocimientos.


Aquí no. Y a partir de ahora hablamos con conocimiento de causa, ya que me he pasado más de 10 años de mi vida dedicando una parte importante del tiempo a las clases particulares. En mi caso, de música.


Cuando empecé a estudiar música en la academia con 13 años, nunca imaginé que terminaría dando las clases yo mismo. Después de casi 6 años de formación musical ininterrumpida (teoría tonal, solfeo, comprensión de los instrumentos, dominio de técnicas...) decido empezar a dar clases por mi cuenta siendo muy joven, 16 o 17 años como mucho.


Y entonces es cuando me encuentro la sorpresa: Lo difícil que es hacer valer tus tarifas y lo complicado que es encontrar personas que tengan interés real en algo tan importante como la música.


Siendo tan joven, te importa poco el tipo de "alumno" que te toque. Porque todo lo entomas con un admirable vigor. Te da lo mismo que sea un jubilado que quiere entretenerse, que un estudiante de primaria que quiere reforzar su lectura de tablaturas/partituras. Todo lo enfocas de una manera supraoptimista, pensando en que esto aumentará tu cartera de clientes y por tanto tu tajada a final de mes.


Nada más lejos de la realidad. Lo malo es que te das cuenta conforme pasan los años, y te vas haciendo mayor. Poco a poco, te vas cansando de tener que negociar los precios por hora de la clase (que por otra parte, son una miseria) y también te das cuenta de que al poner los precios tan bajos, empiezas a atraer a una clase de personas que están a un nivel bajísimo de conocimientos y también de interés. Porque aunque parezca mentira, mucha gente se sube al carro de tocar un instrumento por puro entretenimiento, sin imaginarse lo complicado que es empezar al principio.


Con lo cual, vas cansándote paulatinamente de alumnos que no siguen tus directrices. Vas "quemándote" de personas que no tienen ningún interés real por la materia y que en muchos casos, sólo esperan pasar el rato y avanzar mucho haciendo poco. Y todo eso pasa por el mismo motivo: Porque las clases son baratas.


En las academias, las tarifas no bajan de los 70€ al mes con lo cual, tienes que tener un interés real para plantearte pagar esa suma por dar una clase un día a la semana. Sin embargo, al final resulta ser la formula para no atraer atontados que lo buscan todo "barato, barato" para finalmente, no llegar a nada.


Y eso nos lleva a una conclusión muy clara: Contra menos dinero se tiene para invertir en algo, menos interés se tendrá luego en la materia. Porque en el fondo, no te está costando nada. En cambio si sucede al revés, estás claramente tirando el dinero si no aprovechas el tiempo académico.


Así que casi siempre nos encontramos con lo mismo. Cuando se intenta abrir una materia al gran público, lo que hace es degradarse dicha materia. Y convertirse en una especie de guardería lectiva, en la que el 50% de tus alumnos son críos que acaban de salir de la escuela y sus padres lo meten a dar clases contigo antes de ir a karate, y después de ir a basket.


Y lo mejor es que con el tiempo, dicho niño no seguirá impartiendo karate, ni basket, tampoco música. Es lo que ocurre con la enooooorme mayoría de personas que acudirán a tí. Que no llegan absolutamente a nada. Es más, lo dejan. Poniendo un montón de pretextos tontos, pero lo dejan.


"Es que necesito mucho tiempo libre y no lo tengo", "es que yo preferiría practicar tocando canciones que conozco", "es que me aburro de intentar memorizar" y un montón de tonterías más, que lo único que hacen relucir es un nulo interés en el tema y muchas ganas de avanzar rápido en algo que requiere de años y años.


Con 17 años, te da igual todo lo anterior. Das las clases y ya está. Con 24, puede que hayas subido un poco tus tarifas pero sigas haciéndolo. Porque después de unos cuantos años tratando con personas que no tienen interés en lo que haces, sólo ves rédito económico. Y con 30... sencillamente no lo haces.


A los 30 terminé más que harto de tonterías. Tonterías en la máxima expresión. Niños que están más pendientes de los muebles que les rodean que del instrumento. Personas que no escuchan música (así de crudo) aprendiendo música. Personas a las que ves entrando por la puerta, y sabes perfectamente que a los meses desaparecerán y no volverán a coger una guitarra por el mástil. 


Así que, decidí enfocar las clases a algo más esporádico pero profesional, dirigido a músicos ya experimentados o a personas que quieran perfeccionar su técnica/teoría de un modo serio. En otros países de la UE, muchos músicos cobran de 30 a 50€ la hora por dar una masterclass sobre teoría tonal, técnicas avanzadas en "X" instrumento o por enseñarte a tocar un disco entero si lo necesitas.


¿Sabéis lo que ocurrió cuando empecé a enfocar las clases a dicho fin más elevado? Que no contacta nadie.


Y eso lo dice todo. To-do. Menos mal que no vivo de eso, porque estaría rechinando los dientes hasta hacerme un esmalte nuevo.


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