Vistas de página en total

lunes, 1 de mayo de 2023

El exceso de egoísmo te vuelve tonto

Por citar un caso práctico que explique el título, se me viene a la cabeza un ejemplo inmejorable:


Trabajo de agente inmobiliario desde hace más o menos unos cinco años. Me he encontrado todo tipo de personas, casos y situaciones. Unas veces más satisfactorias que otras.


Hace un tiempo una persona "X" me pidió poner en venta su casa. Y así se hizo. El precio que pedía era totalmente desmesurado para el tipo de inmueble en cuestión. Aunque como muchas veces es inútil intentar razonar con ciertas personas, la acabas ofertando a un precio invendible esperando que con el tiempo, el precio se vaya ajustando.


Incluso siendo inasumible el precio de dicha vivienda, encontré a un interesado dispuesto a pagar una importante suma de dinero por dicho inmueble. Después de casi dos años en cartera, organizamos la visita para poder llevar cuanto antes a la persona, y que no se lo repiense.


Cuando se le comunica al propietario la inminente visita, me responde con mucha alegría: "Y tanto, te doy las llaves y puedes ir cuando quieras a enseñarla, buen trabajo." Así que genial, todo encauzado.


A las 24 horas previas a la visita, el mismo tipo empieza a mandarme una serie de Whatsapps que no sé muy bien como interpretar. Que la visita "ha surgido muy pronto", que "aún queda por terminar una parte de la reforma de la casa" y un montón de pamplinas que me hacen ver, que se está repensando la venta justo 24 horas antes de hacer la visita. Después de dos años.


Total, que termina diciendo que no. Que no hagamos la visita porque "quiere disfrutar la casa" y "todo ha venido muy de repente". (De repente, es decir: 600 días después de ponerla a la venta).


Nada tiene ningún sentido. La cuestión, es que cuando dicho propietario ve la inminencia de la venta, se echa para atrás importándole un pito la causa y la consecuencia de lo que está haciendo. Porque lógicamente, haciendo esto nos hace quedar como un churro delante del interesado, al cual hay que llamar para decirle que, sin motivo, no podemos hacer la visita.


Al pensar tan poco una decisión tan delicada como decir que no a una oferta de compra, tampoco está teniendo en cuenta la dificultad de que surja tal situación, y que si dice que no a algo que llevamos 2 años esperando, le va a tocar esperar unos tantos cientos de días más para que vuelva a surgir. Y la única manera de tener en cuenta esto es intentando ser lo menos idiota posible, y escuchando al profesional que te está aconsejando cómo actuar. Aunque al final, prefieras hacer el majadero. Cosa que terminó haciendo.


Y lo peor de esto, no es que te hayas pasado dos años mareando la perdiz a un equipo entero de profesionales, sino que después de pifiarla como la pifió, se quedó tan ancho amparándose en "al ser el propietario, hago lo que me da la gana".


Pues concretamente lo que hizo fue perder 300.000€ después de dos años, para decir que "quiere disfrutar de la casa". Una casa que por cierto, nunca ha estado habitada. Y que tampoco "disfrutó" ni antes ni después de rechazar la oferta de compra que nos hacían.


Con lo cual, nada tiene ningún sentido. Sencillamente es un tipo tomando decisiones a la ligera de las cuales luego se arrepiente, pero lo esconde. Porque lo que ha hecho básicamente, es cagarla. Hablando claro.


A los 3 meses de rechazar la única oferta de compra que tuvimos argumentando "querer disfrutar la casa", nos pidió volver a ponerla en venta tras darse cuenta de la abismal cagada que supuso rechazar un comprador con 50 millones de pesetas en el bolsillo, sin motivo. Con lo cual, volvemos a la casilla de salida por su culpa. Perdimos la venta por su culpa. Perdimos al comprador, por su culpa. Y nos toca volver a encender todo el proceso, para variar, por su culpa.



Y es por eso que el exceso de egoísmo te vuelve tonto. La puñetera manía de "hacer las cosas a tu manera" cuando no tienes ni idea de lo que haces. La incapacidad total de escuchar cuando no oyes lo que quieres oír. Y todo eso al final te lleva a hacer tonterías. Que aparentemente pueden parecer intrascendentes, hasta que te acostumbras a hacer las cosas así con todo y al final, poco a poco, vas cosechándote disgusto tras disgusto.


Y lo mejor de todo, es que al final, de puertas para afuera la culpa será de otro. Porque la cuestión es quitarte las pulgas de encima y hacer ver que tú no has tenido nada que ver con cada mala decisión que has tomado, entre otras cosas, por puro egoísmo. Egoísmo mezclado con ser corto. El peor cóctel que puede haber si quieres que alguna cosa te salga bien.


No hay comentarios:

Publicar un comentario