Cuando se es un insecto es inútil que intenten hacerte ver ciertas cosas. Porque vas a ver tu punto de vista y poco más. Ser un insecto es terriblemente incómodo, pues se vive perpetuamente en la incertidumbre y en el tanteo continuo.
Por tanto, es inútil explicarle a una persona que padece enanismo emocional lo ridícula que se ve desde fuera si no quiere darse cuenta. Porque el mecanismo defensivo natural que salta en las personas le hace sentir la necesidad de rebotar todo lo que se le diga, sea verdad o no. Lo cual también es primario e infantil. Y eso se traduce en una incapacidad atemporal de aprender nada.
Esto también se traduce en personajillos/as tristes y al mismo tiempo con una gigantesca necesidad de aprobación, que se suele entrever con vídeos gratuitos de su persona, sin poder dejar de mostrarse a sí misma delante de una cámara para no aportar nada especial, por otra parte.
Todas estas personas, por lo general sienten lo mismo: Que los demás atraen más atención que ell@s mism@s. Y valoran tanto esa atención por encima de todo lo demás, que enfocan parte importante de su vida a llamar la atención de personas ajenas. Lo cual es un craso error, si no se quiere vivir constantemente en la insatisfacción de estar comparando continuamente tus cosas con las de los demás.
Y ojo, que ese error no lo cometen jovencillos y jovencillas de 15 años. Lo están cometiendo personas supuestamente adultas, que se han quedado estancadas en una fase post-adolescente en parte, gracias a las redes sociales y a la brutal exposición que ofrecen las mismas. Que puedes utilizar tanto para cosas útiles como para gigantes inutilidades.
Atribuimos este auge de las tonterías sobre todo a las redes sociales porque han sido el principal canal para poder compartir todas las necedades posibles, siendo evidente que hace unos años era imposible que las personas demostraran todo este infantilismo en vivo y en directo. Ahora lo hacen más que nunca porque todo el mundo tiene posibilidad de hacerlo.
Llegas a la página de YouTube como tantos días entre faena y faena, y te llegan las "recomendaciones" de turno que últimamente, ni siquiera se basan en tus intereses. Y ya te tiene que aparecer la tipa de turno con 40 tacos muy mal llevados, haciendo un videoblog entero de como "compara su cuerpo con las otras chicas" y tiene la necesidad de subir 300 fotos al día en bañador, para no quedarse atrás respecto a las demás. Todo esto, mezclado con un diálogo continuo consigo misma, que consigue cansar hasta a una cotorra tartamuda de la Patagonia.
"Es que he visto el bañador que se ha comprado y probado, y probé de hacer un vídeo yo también para ver quien atraía más visitas. Pero bueno, ella con su pedazo de cuerpo de nutricionista... Y yo con el mío, de chica normalita..." Palabras, sentimientos y necesidades más propias de una pre-puberta de 15 años que de una mujer crecida de casi medio siglo.
Una mujer, que sólo se trata de un ejemplo entre millones de personas con los mismos sentimientos, la misma manera de ver, la misma necesidad de compensar esa "diferencia" que ve entre los demás y ella. Ejemplos como este eran muy difíciles de encontrar hace años, porque sin redes sociales donde publicar banalidades continuas era improbable que se diera la ocasión para manifestar tanta tontería. No tendría ningún sentido dicha mujer diciendo estas chorradas a un interlocutor, para automáticamente empezar a quitarse la ropa y probarse bañadores delante de él (???) sólo que para encontrar la validación que busca.
Validación que por otra parte, nunca llegará. Porque nunca tienen bastante. Siempre habrá una cosa nueva que te haga sentir insegura, otra chica más guapa, otra tontería por la que empezar a darle vueltas al coco a cuestiones puramente materiales y superficiales. "El cuerpo".
Estamos a 2023 y la gente está más preocupada que nunca en la historia por sus "cuerpos". Y de como les ven los demás. La epidemia del infantilismo puro y de la insatisfacción. Ya que nada bueno puede traer estar todos los días obsesionado con como te ven los demás. Que por otra parte, a nadie le importa.
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