Vistas de página en total

lunes, 4 de marzo de 2024

Mucho hablar, poco hacer: Versión 2.0

Segunda entrega de nuestra saga característica "mucho hablar, poco hacer", con testimonios de botarates reales que os dejarán boquiabiertos. ¿Quién será nuestro protagonista de hoy? Pues un individuo genuinamente improductivo, que me hizo perder el tiempo exprimiendo su habilidad hasta la excelencia.


Esta anécdota se desarrolló como escenario durante mis clases de guitarra. Años en los que tuve oportunidad de conocer a numerosos botarates que me iban a hacer perder el tiempo como ni siquiera podía imaginar. Este individuo en concreto, a parte de un botarate resultó ser un inútil a efectos prácticos, puesto que igualmente que el tipejo que protagonizaba la anterior anécdota, no llegó a nada en la materia.


Ni intención que hubo. Entonces, empecemos:


Un día cualquiera recibí el mensaje de un interesado en mis clases de guitarra eléctrica. Sin más preámbulos, hablé con él y vino a hacer una clase. Ni me podía imaginar el infierno que me esperaba instalado en mi inopia. Aunque sólo temporalmente.


Resulta que tras dar la primera clase, empezó a mandarme mensajes preguntándome un auténtico alud de cosas relacionadas con el mundillo de la guitarra. No tenía demasiado sentido enzararse en tanta historia, puesto que acababa de empezar y es muy inútil profundizar demasiado en ciertos detalles cuando justo has salido del huevo. En pos de no ser arisco, le contestaba todos y cada uno de los pormenores que le pasaban por la cabeza, sin darme cuenta de que aquello sólo era la punta del iceberg.


Tras tonterías, tonterías y más tontadas me di cuenta de que venía a clase una vez cada dos o tres meses. Con lo cual, no sólo preguntaba tonterías sino que además se trataba de un jeta de dimensiones inmensas. Se gastaba una miseria de dinero en mis clases que además, no le servían para absolutamente nada, puesto que pasaba demasiado tiempo entre clase y clase. Y entre todo ese tiempo que pasaba, no hacía más que preguntarme tontadas y más tontadas que además, no hacían que el tipejo inmundo tocase mejor la guitarra.


"Oye y si le pongo cuerdas más finas a la guitarra? ¿Y si me compro un amplificador más potente? Porque claro, no sé si molestaré a mis vecinos. Y también he visto que hay un cable para hacer la guitarra inalámbrica, ¿Crees que merece la pena?


(Y todo esto, sin saber diferenciar un re menor de una cabra berreando. O sea, todo para nada. Como siempre.)


Pero si has tomado tres clases en toda tu puñetera vida y encima ni siquiera practicas en casa, ¿Qué porras estás preguntando? ¿De verdad te crees que tus conocimientos teóricos acerca de materia tonal aumentarán cambiando el puñetero diámetro de la pua? Tontería, tras chorrada tras majadería, el sujeto evidenciaba ser más tonto a cada segundo que pasaba. Puesto que es normal tener dudas, pero de supino tonto es generarse dudas uno mismo sin saber sopesar la importancia que tienen.


Y mi tirra hacia él fue en aumento. Por todo en general: Por ser mediocre casi a propósito, por ser un rácano, avaro y encima un jeta. Con lo cual, mis mensajes fueron cada vez más y más escuetos. 


Algun tiempo después, parecía que la cosa había cambiado ligeramente tras tomar tres o cuatro clases seguidas en el mismo mes. Y digo parecía, porque era pura apariencia. Decía "haber recuperado su interés" en la materia. Lo que tenía este tipo es que se parecía en su esencia, al protagonista de la anterior historia. Era un tipo que hablaba sin cesar de la guitarra, pero no invertía tiempo ni dinero. Con lo cual, estaba con 30 años usando un instrumento más propio para principiantes de 16. Le repetí cuatrocientas veces que el primer paso para mejorar y "dar un salto" era invertir mínimamente en un instrumento nuevo, cosa que nunca hizo.


Llegó un día en el que me pidió con mucha educación, que le hiciese una lista de las mejores opciones que se me ocurrieran para comprar un instrumento nuevo. Me sugirió unas franjas de precios que le encajaban, y me pidió que le hiciese esa lista en la medida de lo posible. Al principio sospeché, y pensé en no hacer puñetero caso de lo que me decía como ya me acostumbré a hacer. Aunque una vez más, en pos de intentar ayudar a un tipo que parecía bastante desubicado, hice tal lista. 


Y volví a yerrar. Me pasé casi una hora mirando modelos, comparando características, intentando ser lo más equilibrado posible a la hora de recomendar. Pensando en él, en lo que más le encajaría. Intentando no influenciar la lista con mis preferencias, y sugerirle algo que le resultase útil.


Le mandé la lista. Me lo agradeció mucho. Y el tiempo empezó a pasar, de nuevo.


Al tiempo (sin venir a clase, ni pagar un duro, ni hacer absolutamente nada) me volvió a contactar. Sus comentarios fueron los siguientes:


"Hola Jordi. El caso es que estas navidades habré amasado una cantidad moderada de dinero, y estoy en un dilema. Porque no sé que hacer, si comprarme una de las guitarras que me recomendaste, o comprarme una Nintendo Switch. Una consola, que hace tiempo que quiero y nunca he podido comprarme. No sé, pensaba también en mejorar alguna de las guitarras que ya tengo y así puedo comprarme la consola. ¿Tú que opinas?"


O sea: Que después, de nuevo, de toda la murga con la guitarra, con los amplificadores, con los ejercicios que mejor te vendrían "para esto y para aquello" ¿te estás pensando entre comprarte una guitarra o una puñetera consola portátil? De nuevo, un mensaje como este no sólo te hace sentirte tonto a tí, sino que deja a relucir lo enormemente tonta que puede ser una persona cuando dice las cosas a la ligera. Sin darse cuenta, que decirle eso a tu profesor de guitarra es lo mismo que decirle a tu pareja heterosexual que eres gay: Un despropósito


Y más, después de acceder a su petición, hacerle las recomendaciones, ilustrarle dicha lista con imágenes, enlaces de páginas web... todo el tiempo perdido, al retrete.


Ni le contesté. Terminó comprándose la puñetera consola. Después de meses y años de conversaciones, mensajes, preguntas e imbecilidades. El tío tiene más de 30 años eh, así que ojo. Al tiempo acabó por dejar la guitarra del todo. Y unos años más tarde, volvió a mensajearme otra vez contándome que había "perdido la motivación" por la guitarra, y que estaba pensando maneras de "recuperar la motivación".


"Perder la motivación", antes de empezar. Es el problema de alentar a idiotas a que hagan cosas. Que tienen el baremo en los cataplines. "Recuperar la motivación" de algo que realmente no te interesa. De nuevo: Una cosa es ser principiante, y la otra es ser un completo idiota que no sabe ni entenderse a sí mismo. Si una cosa no te gusta, no te gusta. Imbécil.


A lo cual, tampoco respondí. Puesto que ya había aprendido la lección. Hay que saber con quien y cómo ser amable. Y hay que pensar si servirá o no para algo. Porque si no, no estamos siendo amables: Estamos siendo más tontos que los propios tontos a los que intentamos ayudar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario