Vistas de página en total

lunes, 4 de marzo de 2024

Mucho hablar, poco hacer

Voy a basarme en algunos de mis conocidos casos para la entrada de hoy. Que se centrará principalmente en la gigantesca pérdida de tiempo (y esfuerzo) que supone prestar atención a los demás en algunas ocasiones.


Hace unos años cuando pegó la fiebre del fitness en España, hubo una época en que todo el mundo hablaba de ello. Me tocó de cerca yendo al instituto, con 16 años. Fue precisamente la edad a la que me apunté por primera vez a un gimnasio, siendo un auténtico novato haciendo deporte en general.


Algunos años después, empecé a notar la evolución al no dejar nunca lo que de un año para otro, se convirtió en costumbre. Con lo cual, iba viendo como avanzaba (muy poco a poco) mientras otros tantos seguían hablando del tema como antaño, pero sin hacer ningún movimiento. Lo cual siempre me resultó curioso.


¿Cual es el sentido de pasarse años mareando un tema con sumo fervor, pero sin practicarlo? Pues ninguno, y así lo veía ya en la época, aunque fuese muy joven. Recuerdo a un tipo en concreto, que estaba completamente obsesionado con el tema. Hasta tal punto, que cada vez que me veía me preguntaba diez mil cosas del fitness y todas sus pijotadas satélite. Cada dos por tres. Y además, de esos tipos que aunque no les sigas la corriente, siguen, y siguen hablando ellos solos del tema.


"¿Y qué rutina haces? ¿Y notas ya el progreso? Es que tengo muchas dudas porque en internet he visto (...) y claro, no sé. ¿Cómo lo harías tú? ¿Y de dieta, haces algo?"


Me recordaba a un programa de ordenador que se había colgado. En este caso llevaba años colgado, pues siempre me preguntaba lo mismo. Y lo que más me sacaba de quicio, es que me lo preguntaba para nada. Porque año tras año, siempre estaba igual de abandonado, fondón y completamente fuera de forma. Con lo cual, todo lo que se hablase con ese tipo era tiempo tirado inmediatamente a la basura.


Lo último lo digo con conocimiento de causa. Pues al principio, pensándome que el tipo tenía interés real en el tema, le respondía. Y contestaba tonterías, se ponía a hacerme preguntas sin haber escuchado lo primero que le dije. Nunca entendí nada. Era una especie de "hablar por hablar" llevado a un extremo que ofendía, pues parecía que no se daba cuenta de que te hacía perder el tiempo constantemente con cosas que nunca iba a empezar.


Ese tipo era insufrible con el tema. Muy pronto me di cuenta de que los que más mareaban y mareaban un tema sin llevarlo a cabo, eran los que nunca iban a llegar a nada en esa materia. Todo ese tiempo invertido en parlotear sin sentido, repitiendo como un software mal programado, sin darse cuenta de que siempre decía lo mismo. Siempre desembocaba en lo mismo. Y nunca llegaba a nada.


Hasta el punto en que dejé de contestarle. De hecho, intenté perderlo de vista a todos los efectos pues siempre pensé que tenía algún problema mental. No era normal ese ratio de repetición constante en sus temas de conversación especialmente, cuando me hablaba de un tema que yo tocaba todos los días y él, nunca. No servía absolutamente de nada contestarle. De eso me di cuenta cuando empecé a contestarle incoherencias a propósito y él ni siquiera se inmutaba, o se reía. Y así se fueron acabando las conversaciones.


Tras años de no tener ningún vínculo, me lo volví a encontrar en algunas ocasiones de pura casualidad. Ya habiendo progresado bastante, y siendo notoria la evolución tras 10 años entrenando que él había invertido en decir chorradas, en vez de empezar de una santa vez a hacer ejercicio físico. Después de diez años, volvió con las mismas tonterías de siempre:


"Es que me he estado mirando una rutina para hacer en casa y bueno ya he empezado. Son 30 repeticiones de abdominales, y luego 20 de flexiones. Luego bla, bla, bla, bla."


En este punto ya te das más que cuenta de que no sólo no sirve para nada hablar con este tío, sino que además es idiota. Puesto que no se da cuenta de nada: No se da cuenta de cómo se ve desde fuera, no se da cuenta de la pérdida de tiempo que supone estar escuchando a un tío que no ha pisado una sala de fitness en su vida y está mirándose "rutinas para hacer en casa". Tras 10 años mareando con apuntarse o no al gimnasio. O sea ¿que para esto sirvió tanta conversación y tanto escucharte? Para que pasen diez años y no sólo no hayas empezado, sino que has abandonado la idea de apuntarte y piensas hacerlo en casa. En serio, vete a la mierda. De la manera más neutra y poco acre posible.


Y pasaron unos tantos años más. Ya con 31 años, siendo "mayores" (o por lo menos, adultos) supe de él mediante un tercero. Resulta que después de tanto marear un tema que nunca llevó a cabo, no sólo terminó por no inscribirse en ningún centro, sino que acabó apuntándose a las típicas carreras de obstáculos entre barro y en plan gymkana. Las cuales están precisamente ideadas para gente que no está en forma, pero les da la sensación de estarlo. A base de saltar vallas, andar por el barro y hacer infantiladas varias. Poco que ver con todo aquello que tanto dió la brasa en su momento.


La conclusión como siempre es muy similar: Se puede tomar muy poco en serio lo que los demás digan. Y si no se quiere terminar teniendo conversaciones vacías durante horas y años que acabarán por no llevar a ningún sitio, más nos vale tener un poco de ojo. Porque el nivel de egoísmo sin límites de algunas personas, les llevará a arrastrarte a todas sus tonterías sin reparar un mínimo en todo tu tiempo, esfuerzo e implicación gastado en ellos/as. Y estas conclusiones pueden sacarse a base de minucias como estas, pero pueden convertirse en otras de muy graves si no nos damos cuenta a tiempo.


PD: Este charlatán insufrible que protagoniza nuestra historia, se sacó una carrera entera de psicología, y ahora es psicólogo. Cuando en mi opinión, ha necesitado un psiquiatra desde el principio. Lo cual hace, si cabe, aún más irrisoria la historia en general.

No hay comentarios:

Publicar un comentario