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lunes, 1 de abril de 2024

Romantizar no es lo mismo que ser romántico

El romanticismo. Incluso en la época ultra-individualista que vivimos, lo tenemos por todos lados. En el cine, en la literatura, en casi todas las culturas. No obstante, no es lo mismo el romanticismo, que ser romántico que "romantizar" una cosa.


Siempre nos han pintado el romanticismo como algo sin lo que no se puede vivir. Algo necesario para sentir, algo que convierte las cosas en bonitas. Sin embargo con el paso de los años y la observación (porque si no te fijas no te enteras de nada, claro) te das cuenta de la enorme diferencia que hay entre ser romántico, romantizar y luego el romanticismo en sí.


Ser romántico podría significar, en un momento dado, saber apreciar (y propiciar) las cosas bonitas para con tu pareja. También, crear un ambiente idóneo en ciertos momentos para causar un efecto en tu pareja, especialmente cuando es alguien a quien quieres de verdad. Es decir, que aparentemente ser romántico no tiene nada de malo, mientras tengas un baremo de las cosas un tanto equilibrado. Ya que ser romántico no significa ser empalagoso, sino saber cuándo es el momento de realzar los detalles en una relación de pareja.


Luego tenemos el romanticismo, que ya de por sí cuenta con un grado de exageración e idealismo implicitos. El romanticismo requiere de cierto grado de autoengaño, porque si realmente nos empeñamos en ver las cosas tal cual son pierde el significado por completo. No tiene ningún sentido el romanticismo sin estar enamorado, y estar enamorado en sí lleva consigo una parte de ceguera. Que todos hemos experimentado, para bien y para mal.


Y luego está la peor de las opciones, que es romantizar. Romantizar no tiene por qué tener nada que ver con el amor. Más bien con pintar las cosas mejores de lo que son. Hoy día, se romantiza todo. Y el significado de "romantizar" a menudo consiste en quitarle peso a los puntos negativos que conlleva "X" cosa. Actualmente se hace con todo. Se romantizan los fracasos, se romantizan las cosas nocivas para la salud. Se romantizan las amistades que años después se desintegran. Se romantiza el hecho de estar invirtiendo en relaciones que no van a ningún sitio. Y este concepto de la romantización siendo el último, es el más engañoso de los dos anteriores.


Romantizar la pareja (o por lo menos, hacerlo demasiado) lo único que hará es que nos peguemos aún más fuerte el batacazo que nos daremos igualmente. Frases célebres, supuestos momentos irrepetibles, un sinfín de sentimientos relatados que recuerdan más a un cuento de película que a una relación entre dos personas (cuando en realidad, las relaciones entre personas por lo general son bastante desastrosas). Y en la vida real, en un día a día sostenido durante años ¿qué habrá de verdad en todo eso? Pues lo cierto es que muy poco, por no decir nada.


Tu pareja terminará molesta día sí día también porque no quieres hacer "X" cosa que ella sí, cuando a tí te da igual. Tendréis una bronca el día anterior por cierta comida familiar a la que asistir al día siguiente, a la cual ella no quiere ir. En cambio, cuando tocaba ir a la de su familia ella se enfadó contigo por el mismo motivo. Sin embargo, se enfada de manera supraegoísta cuando sabe perfectamente que tampoco quiere el plan a la inversa. El lunes, tocará ir a trabajar. De mal, o de buen humor. 


Luego, vendrán dos o tres días de verse en casa después del trabajo y tener sexo en cualquier parte del piso, para acto seguido irse a dormir. El domingo por la mañana (especialmente el género femenino) se emperrará en que cojas el coche y vayáis a desayunar a 20 kilómetros de casa para "romper la rutina", cosa que no sólo no necesitas hacer, sino que te apetece tanto como una traqueotomía de urgencia. Sin embargo, lo harás. Un día, y otro y otro. 


En cambio, ella hará lo que tú quieras en una muy menor medida. Sencillamente porque está montado de esta manera. Deberás transigir a tonterías contínuas y deseos que ella misma se ha generado hablando con sus amigas, con su hermana o leyendo blogs de "enfoque femenino". Platos que por activa o por pasiva, acabarás fregando tú. 


Cuando salgáis repararás en el detalle en que se deja el paquete de tabaco en casa a propósito para gorreártelo a tí. Cosa que te molestará en una medida casi infinita no por el producto, sino por la inmensa jeta que hay que tener para querer gastar tus cosas en vez de las suyas. Sin embargo, el día que lo hagas tú y le pidas lo suyo, se enfadará. Y te dirá que tienes mucha cara, que "le queda muy poco como para compartirlo". El día que pagues tú las cosas de los dos, no ocurrirá nada. El día que no lo hagas, se emberrinchará contigo. ¿Por qué? Porque las cosas son así. 


Es decir, que en la vida real las cosas pueden ir de dos maneras: Normal, o mal. Que vayan normal depende de la cantidad de ganas que tengas tú de soportar, aguantar y decir a absolutamente a todo que sí en pos de que no vaya mal. Y que vayan mal es muy fácil: Simplemente tienes que decir que no a lo que no te apetezca. O decir que no, cuando estás cansado. O decir que no cuando quieres decir que no. O sea, lo que ella hace. Pero por alguna ignota e incomprensible razón, vivimos en un mundo donde esto se trata como si tuviera que ser así. Y eso es parte de la "romantización" de lo mundano.


"Hay que tratar bien a la mujer", te dicen. Lo que no te dicen es que "tratar bien" va muchísimo más allá del término tratar bien. A menudo se basa en consentir chorradas y hacer lo que no quieres hacer, lo cual dista un abismo de tratar bien a alguien.


Y cuando empieces a actuar y a hacer lo que a tí te parezca, es cuando verás poco a poco (o no tan poco a poco) que las cosas se degradan. Esto es precisamente la romantización, el pretender aparentar que las cosas consisten en algo más que esto. En que al final una relación, consistirá más en aprender a convivir que en "disfrutar de un romance" que en el fondo, dura lo que dura la atracción física y la complicidad. Complicidad que degrada el "yo" y que por otra parte, es muy normal que sea así.


La conclusión es que se puede ser un tanto realista y romántico a la vez. Puedes enamorarte de una persona y querer realzar todos esos momentos bonitos, permitirte sentirlos. Hacérselos sentir también a la otra persona, decirle lo que sientes. Cuando ambos lo hacéis, es muy especial. Pero hay que resistirse a romantizar las cosas. Porque si lo haces, un día despertarás. Y te darás cuenta de que ha pasado media vida de una manera que no querías. Muchas personas pierden la cabeza por estas cosas, cuando podrían haberse evitado desde un principio: No dejándose engañar por los gigantescos espejismos que nos ofrece el mundo externo.


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