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jueves, 29 de agosto de 2024

"Creer en tí", pero sólo en tí

 Desde hace ya bastante tiempo, impera en sociedad una tendencia de "creer en tí", "centrarte sólo en tí" y un sinfín más de ideas que pretenden (sólo pretenden) animar a la gente a mejorar. Pero con una contrapartida muy negativa para la misma persona que entre tanto eslógan, se ignora completamente.


No hace falta más que encender la televisión o escuchar a cualquiera que se le ponga un micrófono delante para empezar a escuchar este tipo de "discursos". Decimos discursos por ponerle un título, ya que en realidad no son más que eslóganes que se dedican a repetir, repetir y más repetir sin mucho más trasfondo. Lo peor de todo, es que hay muchísimas personas de ego frágil y autoestima inexistente que agarran estas ideas como positivas para ellos/as. Ignorando completamente que seguir ciertos consejos o modus vivendis a lo único que te llevarán, es a que nadie te soporte.


"Debes estar por, y para tí.". "Que te de exactamente igual lo que digan los demás.". "Lo que importa, es tu progreso. "Debes encontrar a alguien que complemente tus objetivos, y te ayude a conseguirlos." Estas palabras provienen de una mujer cualquiera a la que han entrevistado hoy en RTVE. Estos discursos se buscan por otra parte, más provenientes de mujeres que de hombres. Esta mujer, hacía todo un alegato en contra de que "nadie pueda controlarte".


Citamos textualmente: "Porque no puedes permitir que nadie te controle. Tienes que hacer lo que TÚ quieras, lo que TÚ sientas. Si alguien intenta controlarte, es que no te quiere realmente. TÚ tienes que tener la iniciativa, TÚ..."


Palabras que pretenden ser alentadoras para ciertos perfiles, son totalmente desalentadoras para otros perfiles que lo entienden de forma distinta. Y entienden la aplicación práctica/consecuencias de una persona que "no se deja controlar".


Y con eso partimos hacia el quid de la cuestión: ¿Qué significa controlar?


Controlar en un significado radical de la palabra, suena a algo negativo. Y en cierta manera, lo es. No puedes controlar lo que los demás hacen. De hecho, no debes hacerlo. Para ser más exactos, no debes influir en las acciones de los demás si estos no quieren que lo hagas. Esa definición de control es negativa. No obstante, ahora debemos preguntarnos: ¿Todos los grados de control deben interpretarse de forma negativa?


Y la respuesta es que no. Es bastante normal y aceptable que una persona que nos quiere al mismo tiempo quiera "controlar" en mínima medida lo que hacemos o pensamos. Controlar no es manipular, a efectos inmediatos. Entonces, también es bastante normal que nuestros seres queridos quieran llevar una especie de control de cómo nos van las cosas en cierta medida, incluso para mejorar nuestra toma de decisiones.


Es imposible construir una pareja en la que prima el descontrol. En la que uno no influye en absolutamente nada en el otro. Una pareja en la que no hay un mínimo control mútuo, no es una pareja. Porque dicho "control", también consiste en saber mínimamente lo que hace o deja de hacer la persona, qué se le pasa por la cabeza, indagar en como se siente para saber por dónde saldrán sus comportamientos. Pero si una persona no permite, ni por un instante que se la controle (es decir, que pretende actuar cuando y como le plazca, de la manera que le de la gana sin pensar en las consecuencias que acarraerá el otro) es una persona no apta para relacionarse con ella.


Eso es lo que no entienden. A la primera de cambio, conocen a alguien y empiezan con estos discursos. A mí nadie me controla, yo hago lo que me da la gana. Yo, yo, yo. Al poco de empezar a oír todo esto la otra persona desaparece sin dejar rastro, y la primera no se lo explica: "Pero si he hecho una fantástica publicidad de mí! Me he presentado como una persona fuerte, inquebrantable, imposible de influír en ninguna manera. ¡¿Por qué no me quiere?!"


Es increíble que no se formulen la situación a la inversa, y se pregunten a sí mismas/os si querrían una persona en la que no se puede influír, ni un mínimo. O sea, que te presentas a los demás como una persona que siempre va a ir "a la suya" sin que le importe un pimiento lo que haga o diga el otro y aún así pretendes que se queden ahí. Esperando a que tomes las decisiones que te de la gana y te salga mal o bien, nadie diga nada.


Sin darse cuenta y formulando un discurso ultra-individualista, muy lejos de crear una imagen de persona independiente, consiguen que casi todo el mundo perciba una incompatibilidad casi inmediata con dicha persona. Lo cual es natural porque en el fondo, ¿Quién quiere entablar algo con alguien así? Pues casi nadie por no decir nadie. Ni en la teoría, ni en la práctica.


He sido consciente desde adolescente, de que si yo conocía a una persona y me dedico a decirle que yo haría lo que me de la gana, que seguiría haciendo mi vida como si ella no estuviera y en el caso de que intente influir en eso, la dejaría, esa persona no me hablaría más. Y con toda la razón del mundo, porque ¿cuál es el sentido de cerrarle verbalmente la puerta en las narices a alguien que lo que quiere precisamente es entrar en tu vida? Ningun-sentido. Pues no dejan de hacerlo, no paran de hacerlo.


Cabe decir que está muy bien visto e incluso promocionado, que estos discursos vengan casi siempre de parte de mujeres. Que en cierta manera se entiende, ya que la imagen de "tío machista y controlador" ha provocado que la palabra "control" les lleve a asociarlo con tal perfil. Aunque como todo en esta época, se exagera desde el primer momento y convierten a una persona incontrolable en algo positivo. Cuando ser incontrolable no es positivo, y ser controlado constantemente, tampoco.



He conocido a muchas mujeres que soltaban estos discursos. Lo más irónico de todo es que eran las primeras que intentaban controlarme a mí. Es decir: Que el hombre quiera controlar a una mujer en el grado que sea es terrible. Pero que lo haga ella es completamente normal. Partiendo de esa base, es sencillamente imposible relacionarse. Imposible, sin más.


Porque además, las que soltaban estas ideas no es que intentasen controlarme un poco, es que lo hacian rozando la comicidad: ¿Y con quién irás? ¿Habrá mujeres? ¿Y a que hora vas a volver para mañana? ¿No me estarás mintiendo, no? Si quedas con tus amigos esta noche, voy contigo. ¿A dónde vais a ir al final?


Me quedaba alucinando en colorines de ver que la misma persona que se había pasado horas enteras hablando de sí misma, de la "seguridad en sí misma" de lo "malo que era el control" y demás patochadas se convertía en una inmensa pérdida de tiempo, para inmediatamente después pasar a mostrar una inseguridad terrible y unas ganas de controlar absolutamente-todo lo que yo hacía o iba a hacer. Poco duraban esas relaciones, por no decir que al final ni siquiera se convertían en relaciones. Porque hay que padecer una ceguera integral para hacer esto y creerse que el otro no saldrá corriendo como Usain Bolt.



Lo que concluimos es que el término medio de las cosas se perdió hace ya mucho tiempo, para dejar paso a la exageración de los discursos que a la práctica, carecen bastante de sentido si uno quiere tener una relación corriente con los demás. Y sin querer pasar por cierto tipo de "control", es imposible relacionarse con nadie. Porque lo único que vas a encontrar, es a personas que terminan hartas de tus reacciones exageradas, hartas de que te comportes como te convenga (muchas veces, de forma errónea) y que encima no admitas tus errores. Personas como esas abundan, y lo mejor que puede hacerse es alejarse de ellas si se quiere preservar la salud mental. Ya que además, suelen salpicar a los demás con sus decisiones tomadas a la ligera sin querer escuchar a nadie. O sea que terminas perjudicado y además, sin poder decir nada. Porque "controlar" es muy malo.


Lo peor que hay es creerse a estas personas. Y escucharlas. Tomar en serio algo de lo que dicen. Hoy día es muy difícil ver el interior de las personas dada la cantidad de pose e imagen falsa que ejercen sobre ellas mismas. Y aunque no se den cuenta: Esto juega en su contra de una manera que no podrán reparar.


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