Vistas de página en total

viernes, 8 de noviembre de 2024

Vueltas que da la vida

Quién no ha revisado alguna vez las vueltas que ha dado su vida. Tanto para bien, como para mal. Hoy ha sido uno de esos días en que he recordado cosas que ni eran mejores ni eran peores que ahora. Por lo menos, los momentos que me han venido a la cabeza.

Recuerdo una época hace más o menos una década, en la que casi todo tenía su gracia. Cada momento correspondía a un sentimiento de más, o menos satisfacción. Pero satisfacción al fin y al cabo. Incluso el trabajo, que ya es decir.

Al echar la mirada atrás, pienso que quizás tenía todo lo que se puede desear de una vida media. Gente a mi alrededor con la que estar, unos padres fabulosos, un trabajo cómodo. Valoraba lo que había, aunque como suele suceder cuando pasan los años es cuando realmente te das cuenta de lo que tenías. Y no porque no lo valorases correctamente como muchos dicen. No. Sino porque por mucho que valores algo, el hecho de que se convierta en un día a día y se entremezcle con obligaciones que no quieres tener, se termina convirtiendo en lo habitual. Y lo habitual puedes valorarlo mucho, pero no deja de ser lo habitual.

Recuerdo que en aquella época nos juntábamos con todo tipo de gente que nos abría las puertas de sus casas con una facilidad pasmosa. No llegamos a ser "amigos", pero había confianza. A ninguna de esas personas le interesaba demasiado la ideología o postura de cada uno. Simplemente se conformaban con estar en compañía de los demás durante una noche. Era tan fácil como ir a cualquier bar donde solíamos coincidir, y saber que unas horas después alguno/a de dichos grupos ofrecería su casa para "hacer algo más". Ese algo más, muchas veces consistía en poca cosa: Comprar alguna cosa para beber y charlar alrededor de una mesa. En esas ocasiones, fácilmente se podían acumular 14-15 personas en una misma casa.

De todos los colores, ideas y edades. Igual terminabas tomándote una Voll-Damm con un hombre divorciado de 50 años que te contaba cosas más o menos interesantes, dependiendo del día. O por lo contrario, con un chaval de 20 que no tenía ganas de irse a su casa aquella noche. Son las típicas cosas que hoy día, no volvería a hacer.

Porque corresponden a una etapa cerrada. Ya no tiene sentido para mí un plan así. Cuando tienes ganas de hacer algo, sacas a relucir una pasmosa capacidad de adaptación: El plan te da igual. Casa de uno, u de otro. Con o sin nada para tomar. Simplemente estar, y sentir la sensación de haber aprovechado el sábado por la noche, un rato más.

En una de esas ocasiones, terminamos en casa de un casi-amigo de confianza, que vivía muy cerca del sitio donde nos solíamos juntar. En el salón, personas repartidas entre el sofá, una mesa con sillas y animadas conversaciones de todo, y de nada. En la cocina, 5 o 6 personas hablando en un tono bastante más alto que en el resto de la casa, esnifando polvillo de dudosa calidad, alargando la noche todo lo posible. 

En esos días, me movía entre sensaciones contradictorias. Esos individuos que había a mi alrededor no eran malas personas. Y así lo habían demostrado. Te abrían la puerta de su casa sin pedirte nada, te hacían sentir uno más con sorprendente rapidez. Pero al mismo tiempo sentía que estaban todos bastante perdidos.

Poco a poco me fui notando fuera de lugar, noche tras noche. Y esa sensación de "ser uno más" terminó convirtiéndose en lástima por ellos. Porque no sabían hacer otra cosa. Yo no era más que un esporádico que podía figurar allí un sábado por la noche y no volver a aparecer hasta cuatro fines de semana después. Mientras que ellos, no perdían ocasión en estar llenándose las narices noche tras noche, a la mínima de tener ocasión.

El denominador común, es que eran personas que no estaban bien. Emocionalmente hablando. Muchos de ellos, se habían quedado por el camino de relaciones fallidas no superadas. Ninguno de ellos/as había tenido problemas demasiado fuera de lo común, ya que ellos mismos/as contaban sus historias. Sin embargo, si se hubiesen visto desde fuera acercándose a un plato lleno de rayas a las seis de la mañana, probablemente habrían reparado en lo bajo que caían cada día. Cada día, un poco más.

Y es curioso como cambia la perspectiva conforme te alejas de unas cosas y te acercas a otras. Nunca se pudo decir que yo estuviese demasiado "cerca" de todo eso. En realidad, yo sólo veía (y lo sigo viendo) personas bastante perdidas, que además se resisten bastante a encauzar sus cosas. Pero al mismo tiempo, he perdido totalmente las ganas de entender ni de ayudarles a que mejoren. Porque también te das cuenta, poco a poco, de que algunas personas están mal porque quieren estarlo. No porque se merezcan su desgracia, sino por como entoman dicha desgracia.

La moraleja de este asunto, es que la casa donde me encontraba aquel día mientras se drogaban, ya no existe. Las personas que había dentro, en su mayoría ya no tienen contacto entre ellas. Y lo que fue un "plan para pasar el rato" se convirtrió en un recuerdo agridulce, que se fue para no volver.

Hay días en los que tienes la sensación de que la vida no tiene mucho sentido. Y este es uno de ellos. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario