A algunos/as os parecerá que escribo muchas entradas acerca de este tema y por tanto, me considerará un resentido. Aunque mi punto de vista, es que el tema me ha tocado bastante las narices en algunos aspectos y lejos de sentir resentimiento, me cansa cada día más. Y dicho cansancio hace que cada día escuches menos las palabras de muchas mujeres, poco después de empezar a hablar.
Si eres aficionado al deporte en general siendo irrelevante la disciplina que aquí apliquemos, te habrás dado cuenta de la cantidad de majaderías/mentiras/eslóganes tipo escaparate que se han dicho sobre el deporte femenino. Se han formulado todo tipo de falacias y de comparaciones ridículas, supuestamente con el sentido de "visibilizar" el deporte femenino, cosa que como de costumbre ha terminado siendo mentira. Porque mucho más allá de visibilizar nada, se ha equiparado con el nivel del deporte masculino, se han exigido mejoras salariales, se ha dicho públicamente que "lo hacen tan bien o mejor que los hombres" entre otras burradas, que a cualquiera que no tenga ganas de decir que sí a todo, le habran chirriado cual tren descarrilando.
Bien, pues tras todo este cansancio que por otra parte, casi exclusivamente lo encontramos en televisión y en las redes sociales, luego nos encontramos en el mundo real. Entras en un gimnasio, en un polideportivo o en cualquier sitio donde hombres y mujeres practican un deporte u otro. Y entonces no sólo no te coinciden las toneladas de propaganda que llevan años esparciendo, sino que además te topas de narices con un escenario bastante ridículo, siendo este último un adjetivo no dirigido a ser peyorativo.
Sin ir más lejos, hoy estaba en la sala principal del club deportivo cuando han entrado tres mujeres bien conocidas allí, de las cuales he escuchado interminables conversaciones a volumen de cafetería. Es inevitable oírlas, puesto que yo prácticamente no digo ni una palabra en una hora y media y en cambio ellas, no pueden dejar de hablar. Y no es una exageración: No pueden.
Y esto, y lo otro, y lo de más allá. Y el tío con el que quedaron, y el hijo que se ha ido de colonias. Y la otra que se ha quedado soltera. Tras unos años "compartiendo" espacio con ellas, he escuchado más sus voces que las de algunos de mis amigos, lo cual ya es decir. La mayoría de hombres de su alrededor, que raramente hablan, a veces dirigen la mirada hacia el suelo o directamente se ponen los auriculares. Porque no sólo hacen los ejercicios con una intensidad mínima, sino que además distraen a todos los de su alrededor. Ocupan tres personas una sola máquina, con lo cual se pasan media hora en el mismo sitio, impidiendo que cualquier otro/a utilice ese espacio.
Lo mejor de todo, es que tanta propaganda que se ha hecho de "la mujer en el deporte", tanta proclama, tanto ruido general que han montado (porque no son sólo algunas, sino que prácticamente cualquier mujer se suma a decir ciertas cosas para luego toparnos con esto que estamos contando aquí) es que terminan haciendo la máquina con cinco kilos. Cinco-kilos. En la misma máquina ha habido un hombre de cuarenta y tantos años unos minutos antes, haciendo el ejercicio con ciento veinte kilos.
Diferencia principal: A ese hombre ni se le ha visto, ni se le ha oído. Ellas, con sujetadores deportivos y leggings color flúor destelleando hasta en los espejos, hablando sin cesar para hacer el ejercicio con una séptima parte el peso de un hombre medio.
Y esto, amigos/as es lo que nos encontramos vayamos al espacio deportivo que vayamos. Ellas por lo general, demostrando un rendimiento físico bajísimo tirando a nulo y montando todo el escándalo posible por metro cuadrado. Ellos, por lo general, en silencio. Y haciendo cada ejercicio con unos pesos que ni en un sueño lúcido ellas conseguirán.
Entonces ¿a qué ha venido tanta historia? ¿por qué tanto chillido? ¿por qué tanto emperrarse con que pueden hacerlo igual, o mejor? Por qué sencillamente, no se han aceptado ciertas cosas como son y se han centrado en revindicar cosas que sean ciertas, no a intentar resistirse a la realidad como los infantes hacen. Se opine lo que se opine y se pertenezca al orden que se pertenezca, es difícil negar lo que aquí se explica.
Cada uno a lo suyo. Los resultados de cada uno/a hablan por si sólos. Un tipo cualquiera en camiseta negra con una mancuerna de 34 kilos cargada a los codos, dice una cosa. Otra tipa con un sujetador deportivo color naranja flúor, el ombligo al aire y levantando una pesa de 5 kilos en pierna, dice otra cosa bastante distinta.
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