En los últimos años, los aficionados al deporte hemos vivido una auténtica infantilización de nuestro hobby de referencia: El deporte. Puede ser cualquier deporte; El ciclismo, senderismo, las salas de fitness, escalada en rocódromo. Todas esas ramas deportivas han sufrido un aumento absurdo (e innecesario) en cuestión de media década. El porqué de los apelativos -absurdo e innecesario- lo intentaremos justificar a continuación.
Decimos 'absurdo' porque -nada- sufre un aumento de tales características de forma natural. Los adeptos a las disciplinas deportivas no brotan como las patatas, sino que en gran medida son personas que vienen influenciadas por terceros. En este caso, las redes sociales, la televisión e internet. Que de manera masiva, se han encargado de atiborrar las redes con estímulos deportivos y pseudodeportivos por razones comerciales, consiguiendo unos beneficios astronómicos. Es decir: Que el aumento drástico de personas que ahora hacen deporte y hace cinco años no, no ha ocurrido de manera espontánea. Ha ocurrido porque han visto que otros/as lo hacen, y no por pulsión interna y personal.
Y decimos 'innecesario' porque estas burbujas, trends y 'booms' en cualquier materia, no suelen traer ventajas positivas al público general. Un drástico aumento de personas con una intuición deportiva nula para lo único que sirve es para atiborrar los gimnasios de personas que simplemente quieren hacer lo que los demás hacen. Si algo bueno tenía el deporte en general, es que sólo las personas que tenían un interés genuino en el deporte lo practicaban. Ahora ya no. Con lo cual, un aumento de estas características especialmente viniendo de un trend totalmente artificial y superficial, es algo innecesario para los que llevan allí desde un principio. Que por otra parte, son los únicos que no están ahí porque "lo han visto en instagram": Están ahí porque siempre estuvieron.
Casi cualquier cosa gestada de manera artificial, bombardeando las temáticas en redes sociales y consiguiendo así marabuntas de gente apuntándose a gimnasios, raramente trae buenas consecuencias. ¿Qué puede tener de bueno que un sitio que antes era para adeptos a una materia, se convierta en una especie de chiqui park de un lustro para otro?
Todos aquellos que rehúsan ser mínimamente críticos con la situación, se empeñan en ver sólo puntos positivos. Sin embargo, dichos puntos positivos quedan rápidamente eclipsados por la objetividad, que nos trae de nuevo más inconveniencias que ventajas en nuestro día a día. La generalización y popularización sintética de cualquier ámbito trae la degradación del ámbito, hasta que dicha burbuja va desinflándose y todos los que se sumaron a las iniciativas por pura comparación compulsiva, lo dejan. Y esto ha ocurrido literalmente con -todas- las ramas de -todos- los entretenimientos que podamos imaginar.
Ahora son los deportes y los gimnasios. Hace unos años, fueron los rocódromos. Los rocódromos se llenaron de personas sedentarias llamadas al son de "hay que empezar a hacer deporte, hay que empezar a moverse." Los rocódromos municipales pasaron de tener una audiencia reducida a tener que establecer horarios por no poder albergar a todas las personas que acudían. Con el tiempo, muchos de esos rocódromos empezaron a abrir bares en sus instalaciones (lo cual, dice para variar TODO acerca de dichas personas que iban ahí) visto el éxito que estaban teniendo. Y poco a poco con los años, la gente simplemente dejó de ir. Basta con indagar un poco para reencontrar todo esto en las redes.
En otra época también pasó con el padel. Auténticas hordas de personas que no habían visto el deporte más que en la tele, abarrotando los clubs de padel. Fue precisamente cuando nacieron los padel indoor, para aquellos que "se cansaban demasiado cuando les daba el sol" algo que de nuevo, destila las cualidades deportivas de la mayoría de usuarios. Curiosamente, muchos de esos clubs de padel terminaron instalando terrazas con grifos de cerveza, abarrotadas en la mayoría de ocasiones, que te hacían perder el oremus de si estabas en una instalación deportiva o en un chiringo de playa.
La conclusión casi siempre es la misma: Cuando algo se abre a la mayoría objetiva, se distorsiona la idea original. Hay que bajar el nivel de la 'cosa'. Incluso se cambia directamente la cosa por otra hasta que la gente se canse, y lo dejen para siempre. Y así ha pasado con los rocódromos, con el ciclismo, con los gimnasios, con los clubs de padel...
Casi siempre consiste en enfocar las cosas de una manera infantil. Los infantes enfocan las cosas de esta manera. "Quiero hacerlo porque mi amigo Carlos lo hace." (...) "Es que todos los de mi clase van así que yo también quiero ir." (...) "Es que he visto un anuncio de chucherías que me ha llamado mucho la atención y ahora quiero la chuchería". Etc, etc, etc.
Y en la actualidad, son las salas de fitness. Nunca en la historia había habido tantos socios en los clubes de fitness, gimnasios y demás. Récord absoluto en inscripciones, número de socios y abarrotamiento de instalaciones. Siempre ha sido un clásico aquél de "a ciertas horas no puede irse al gimnasio." Ahora esas -ciertas horas- son casi todas. De nuevo, ¿realmente esta situación trae consigo una parte positiva?
Si consideramos positivo entrar a la sala de fitness y no ver ni un sólo hueco para sentarse, sí. Si también consideramos positivo encontrarse a un chaval de 16 años con los brazos como cerillas, colgándose de una barra y balanceándose como un primate joven (a propósito), también. O tener que ir sorteando grupúsculos de niños imberbes con la misma capacidad de desarrollar masa muscular que una piedra de río. Seis críos rodeando un banco de ejercicios. Ninguno suda. Ninguno tiene demasiado claro qué hace ahí. Más allá de poder decirte "que sus amigos lo hacen y él también, porque lo ha visto en redes sociales y es guay a parte de molón".
También es algo destacable la inflación desmesurada de los precios de los suplementos deportivos y de toda la indumentaria relacionada con el fitness, debido al absurdo y ridículo aumento de demanda que han provocado los no deportistas. Hoy, un suplemento deportivo post-enteno cuesta de media casi un 50% más que hace 10 años. Mientras que otros suplementos que no tienen nada que ver con el deporte masificado cuestan exactamente lo mismo que hace una década.
Quien crea que algo de esto es exageración, está invitado a acudir a cualquiera de estas actividades deportivas unas cuantas veces por semana, durante unos meses. Y entonces poco a poco, verá que lo que parece exageración simplemente es un relato. Un relato de lo que por otra parte, sucede cada vez que algo se pone "de moda". Y tal cual dijo cierto autor en una ocasión:
"La moda es tal objeto de imperfección, que hay que ir cambiándola a medida que la gente cambia consigo misma."
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