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martes, 1 de julio de 2025

"Es que no sé que hacer con los niños..."

Esa eterna frase que generación tras generación, evidencia la falta de previsión y ceguera absoluta del padre/madre medios, a la hora de tener hijos. Especialmente, cuando se tiene más de uno con poco margen de tiempo. Tenerlos y poco después de que ocurra, decir en voz alta "es que no sé que hacer con los niños..."


Una frase que en la sociedad actual, cualquier individuo explicaría de manera comprensiva, entendible y convirtiéndola en algo más que natural. "Es que claro, los padres trabajan...", "es que claro, en verano, no hay tiempo para estar con ellos" y demás frases que disculpan absolutamente al padre o madre medio de no saber qué narices hacer con sus hijos a la mínima de cambio.


Viéndolo desde una perspectiva algo más lejana y sin ganas de disculpar inmediatamente al hecho de ser padre/madre porque si, sin ninguna motivación más allá de decir "es que ya tocaba", una de las frases más terriblemente odiosas que un ser humano puede pronunciar, lo que se aprecia es una falta total de previsión y de consecuencia de algo tan importante como tener un hijo/a. Que a la mínima que cumple tres o cuatro años, no saben (literalmente) dónde metérselo y empiezan a encasquetárselo a otros/as, sean abuelos, amigos, guarderías o las cinco mil variaciones que tenemos actualmente llegando a un mismo punto: Niños pequeños aparcados en sitios que no son sus casas.


Sin embargo tienen otro. "Ah, es que queríamos un hermanito para Pau." Un hermanito. No saben qué hacer con el primero (dicho por ellos mismos), y tienen otro. Y el otro, a los años, corre la misma suerte que el primero. Y los tienes en plena ola de calor, a 35 grados a la sombra, en un patio interior de su piso jugando al ping-pong, cualquier día de verano entre semana. Porque claro, esos niños no tienen nada mejor que hacer. "Que salgan, oye. A divertirse". 


A divertirse. Colgados en un patio de 2x2 metros cuadrados, a principios de julio, evidentemente sin la presencia de los padres. Porque los padres salen al patio una vez cada tres horas para decirles que "no hagan tanto ruido". En vez, de nuevo, de darse cuenta de que es bastante normal que hagan ruido, teniendo en cuenta que les habéis sacado a un patio como si fuesen mascotas o algo peor.


Este caso lo vemos repetido por cientos de miles, repartido por todas partes. "No claro, es que en verano no tienen colegio". "Es que incluso si tenemos vacaciones, los sacamos aquí al patio y que jueguen". Llaman patio a un cubículo que el constructor de turno dejó de margen para colocar dos bajos en un edificio. Les meten ahí una red de baloncesto, y les tienen 4 horas al día echando canastas a 35 grados. 


De mientras ellos, metidos en casa con el aire acondicionado porque claro "si los tenemos dentro, no podemos descansar", así que es el vecino (tú) quien te acabas chupando 4 horas de balonazos, gritos y un ambiente más propio de un colegio que de una comunidad de vecinos. Y al final, sólo al final, no te queda muy claro el por qué de cada cosa.


O sea, que tienen un hijo y a los años no saben dónde colocarlo. Porque además, les ha salido el típico niño corriente que no tiene inclinación hacia nada. A los pocos años, ni siquiera les apetece jugar con él, así que lo aparcan en un patio a montar follón que los demás se comen. Pero encima, repiten el proceso y le añaden un segundo niño a la ecuación, lo cual hace la situación el doble (ni más ni menos) de insoportable. Hasta que en una reunión de vecinos cualquiera, más de un inquilino les comenta el excesivo ruido que hacen cada día a lo que el padre responde:


"Y qué le voy a hacer... Si son mis hijos..."



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