Vistas de página en total

domingo, 28 de septiembre de 2025

Cosas incomprensibles de las personas

En los 32 años de vida que tengo, sin ser muchos ni muy pocos, he visto bastantes elementos recurrentes (y también comunes) en la mayoría de personas.

Algo que me he encontrado mucho es la siguiente situación: Una persona lamentándose de lo pesado que es escuchar las historias de los demás. El poco interés que tiene estar escuchando las vidas de los demás o los pesares del día a día de las demás personas. Esto muchas veces se abrevia con frases del tipo: 


"Estuvo durante media hora contándome lo que hace o lo que no hace, y ya no sabía ni como decirlo: No me interesan las vidas de los demás."


Esto podría ser muy comprensible, teniendo en cuenta que hay muchas personas que tienen una tendencia a hablar exclusivamente de lo que les pasa a ellos/as aunque no se den cuenta, y esto en muchas ocasiones termina en un monólogo unidireccional en el que importa más bien poco lo que respondas o dejes de responder. Así que, en mayor o menor medida, a todas las personas nos importa relativamente poco lo que nos están contando si se extiende demasiado o simplemente, si consiste en hablar compulsivamente de los pensamientos de uno mismo.

La cosa cambia cuando la persona que dice molestarle esto de los demás, hace exactamente lo mismo que todos ellos. Te dice sin ningún pudor que no le interesan las cosas de los demás, e inmediatamente después se pasa toda la conversación hablando de ella misma, de su trabajo, del piso que ha alquilado, de la moto que se compró con una pauta absolutamente calcada e idéntica a lo que él/ella aborrece de los demás.


En este punto pasas de comprender la cuestión perfectamente a no entender nada. Porque a parte de la falta total de coherencia, vista y sentido común que representa esto, no se comprende como se puede tener tanta cara de pretender no escuchar a los demás pero que los demás lo hagan contigo. Para mí, esta es la base de aborrecer todo tipo de relaciones (amistades, relaciones laborales, familiares) partiendo de la falta total de reciprocidad de uno con el otro.


Cuando además ves que no es flor de un día, sino que esto va a consistir en esta práctica: Escuchar lo que diga el otro más bien poco porque no me interesa (comprensible), para estar todo el rato esperando a poder hablar de lo mío (no comprensible), es cuando te planteas realmente el motivo de estar manteniendo relación con algunas personas. Porque visto de esta manera, no tiene ningún sentido.


Este tipo de conductas no las he apreciado viniendo de una sola persona, sino que se trata de un patrón bastante común en el que escuchar demasiado al otro es "aburrido". Esto no sólo se evidencia con que lo digan directamente, sino con sus reacciones, las caras que ponen o la falta de respuesta ante las palabras de los demás. Ya que la falta de respuesta termina el tema antes que seguirle la conversación.


O sea que llega un punto al menos en mí, en el que de forma casi automática pienso: Es decir, que tengo que venir aquí a escuchar tus cosas y a contestar a tus cosas, también a añadir comentarios a tus cosas para que siga la conversación. Pero luego si a mí me da por contarte algo, te vas a quedar casi en silencio o diciendo dos frases para inmediatamente después, empezar tú a lo tuyo otra vez. Importando un pito lo que yo diga y al mismo tiempo, usándome de sparring o punching-ball para hablar tú, tú y tú.


Pues que quede contigo tu prima. Tristemente es la reacción que finalmente termina aflorando. ¿Que si quiero quedar? No, gracias.


Como digo sería totalmente comprensible aborrecer la conversación ajena si la tuya fuese más bien escasa. Porque no te gusta recibir lo que tú no das. Y no te gusta tener que soportar lo que tú no obligas a los demás a soportar. Pero siendo totalmente al contrario, te das cuenta de que simplemente sufren un egoísmo galopante sin darse cuenta. Porque para ellos no es egoísmo: Es simplemente que sólo te estimula hablar tú. Y sólo te estimula que los demás te presten atención a tí.


Esto se ha negado por parte de este tipo de personas por activa y por pasiva. "No, es que no lo entiendes". "No, es que esta manera de verlo es muy exagerada". Y al final tras estos intentos de negación y justificación de sus conductas, termina ocurriendo lo mismo: Que si no hablan de lo suyo, se cansan, y se van.


Esto lo he vivido una, y otra, y otra vez en quedadas de gente que, en cuanto veían que el plan no encajaba mínimamente agarraban y se iban. Como pensando: "buf... aquí hay mucha gente y la verdad es que ni voy a hablar de lo mío, voy a estar atendiendo a los demás y vaya pereza... Casi mejor me voy." En cambio, en aquellas ocasiones donde eran 2 o 3 los presentes podían explayarse constantemente ellos/as mismas,  en ese caso duraban toda la noche dando la murga. El rechazo que me provocan es integral.


Llega un punto en el que casi es lo que buscas, que se piren. ¿Cómo se puede tener tanto morro? Pues vete, hostia. O estás haciendo de maestro de ceremonias constante y te prestan atención todos a tí, ¿o te aburres? Pues para casa. Y la próxima vez asegúrate dejar de ser un niño de 10 años antes de venir a ningún sitio. Porque si no das la nota, te cansas y te vas. Pues no vengas directamente, ostras.


De nuevo este tipo de conductas absolutamente faltas de reciprocidad y pensando únicamente y exclusivamente en uno mismo (en las ganas que tiene uno mismo de hablar, en lo cansado que es esperar a que el otro termine, en la compulsividad de llevar la voz cantante todo el rato) destilan un tono infantil desde un principio. Porque esto lo hacen también los niños, porque es lo que son: niños. Pero encontrarlo todo el tiempo en personas adultas resulta una decepción inmediata, al menos para mí.


Siempre fui consciente de esto y lo acepté como tal. Personalmente nunca tuve demasiado afán de estar haciendo eco constante de lo que pienso, lo que hago, lo que me parece de "X" cosa, lo bueno o buenísimo que soy en "Y" materia. Así que me tomé todo esto como un mero espectador, hasta que poco a poco me fui cansando. Porque además, cuando tú no tienes demasiado afán en ser como ellos/as (sino todo lo contrario, el hecho de que no se den cuenta de lo hipócritas que son haciendo ciertas cosas te empieza a causa rechazo hacia ellos) cada vez aguantas menos sus historias. "Historias" que por otra parte, ellos mismos dicen que pasan de escuchar cuando vienen de los demás.


Cuando se vive instalado en una falacia tan grande como esta, considero que esa persona no merece demasiada atención de nadie. Porque es como una incesante incineradora de atención, con la que sólo puedes adoptar una postura: Escuchar, escuchar, escuchar. De vez en cuando decir algo y tras esto, escuchar, escuchar. Y nada más. No hay nada más parecido a una tortura ver desde un principio que vas a estar escuchando parafernalia ajena de una persona que reconoce no interesarle la parafernalia -que no sea la suya-.


Y así, poco a poco, estas personas quedan solas. Negándolo, otras sin darse cuenta siquiera. Pero van quedando solas. Quedan con uno, quedan con otro. Y cada vez cuesta más que alguien quiera compartir mesa. Es otra consecuencia que he visto de ser así. Que lo último, literalmente lo último que pensará esa persona, es que las demás no la aguantan. 


En cambio cuando no destacas demasiado, no das la murga, no te emperras en estar imponiendo tu punto de vista constantemente de tus cosas... te quieren en todas las mesas. Y te quieren contar sus pensamientos, sus historias y sus opiniones. Especialmente si ven que eres una persona que no les discute lo que dicen. Lo cual de nuevo me da una visión bastante triste de las relaciones entre personas.


"Es que contigo puedo hablar de cualquier cosa, por eso me gusta estar contigo". Es la peor frase que puede decirte alguien cuando todo lo que has hecho, es aguantar un rollo suyo sin cuestionarlo. Y además, sin estar dispuesta de hacer lo mismo por tí.


Para terminar de arreglarlo, vivimos una época donde la palabra 'ego' nunca había estado tanto de moda como ahora. Y digo moda porque es lo que es: se inserta una palabra en el vocabulario colectivo y todo el mundo, todo-el-mundo empieza a usarla. Normalmente, aplicada de manera incorrecta, además. Casi siempre utilizada como término peyorativo hacia las personas con sed de atención, orgullosas o con cualquier característica infantil-egoísta.


Poco hace falta para darse cuenta de que lo que no les gusta es el ego de los demás. Y que te moleste el ego de los demás mientras tú eres tú, y tú, y tú y más tú. Mientras dices abiertamente que te aburre todo lo ajeno y sólo quieres hablar de lo tuyo, ¿en qué posición te coloca a tí?


Ah, ese tipo o tipa tiene "ego" (según el concepto bobo actual de las cosas). Cuánto me molesta. Cuan odioso es. Pero en cambio "yo" de eso no tengo. Voy a seguir hablando de lo mío, pendiente de lo mío y prestando atención sólo a lo mío. Lo de los demás, nah. Qué pereza.


¿Qué título tiene eso? Cada uno que ponga el suyo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario