Me encuentro en una edad y época en la que te das cuenta de algunas cosas. Cuando eres más joven dichas cosas ni te las planteas, ya que aún no te ha tocado vivirlas. Y para cuando eres más mayor las has aceptado. Con lo cual este es el momento. Ni antes, ni después.
Sin ánimo de extenderme mucho con introducciones innecesarias, lo resumiremos con una historia real. ¿Por qué se terminan las amistades, por sólidas que parezcan?
Existe un grupo de personas que entre ellas, se consideran amigos y amigas. Ese grupo se ha cimentado durante más de quince años. Han entrado algunas personas en ese grupo, pero la mayoría llevan muchos años juntas. Se han conocido estudiando, juntándose con amigos de otros amigos. Han vivido diez mil situaciones, han viajado juntos. Han compartido la adolescencia entera y parte de lo que viene después.
No existe ninguna rencilla entre ellos/as. Se ven a menudo y resulta muy fácil quedar de acuerdo en todo. Religiosamente, los viernes se juntan para ir a un local de ensayo y tocar sus instrumentos. Llevan más de seis años haciéndolo. Los viernes, nadie se pregunta qué se hace: Porque todo el mundo ya lo sabe.
Hago especial hincapié en recalcar que nunca había ningún tipo de traba ni impedimento para hacer alguna cosa. Todo el mundo quedaba de acuerdo con una facilidad sorprendente.
De un año para otro, una de esas personas encuentra pareja y todos nos alegramos por ella. En algunas ocasiones, la incluye en los planes. Esa nueva persona ni suma ni resta demasiado en el grupo. De hecho, se nota que ella misma se nota fuera de lugar. Y yo de manera interior, me empiezo a dar cuenta de que su presencia allí no va a durar demasiado y por tanto, tampoco la de nuestro amigo.
Empieza a traer a su pareja todos los viernes sin excepción alguna a nuestros ensayos de los viernes, que semana tras semana empiezan a durar cada vez menos. Empieza a convertirse en habitual, que a ella le entre "dolor de cabeza", que se sienta "constipada", que se encuentre "cansada" al par de horas de llegar al local de ensayo. Ninguno de nosotros comprende por qué se está trayendo sistemáticamente todos los viernes a una persona que no tiene ninguna afición por la música ni por los instrumentos. Por educación y por no querer molestar, nadie dice nada.
Poco a poco eso va a peor, llegando al punto en que estábamos tan poco rato los viernes en el local de ensayo que algunos optan por dejar de ir. "Es perder el tiempo", objetan. Pasamos de ir 7 personas a ir 4. Adivinad cuales: Yo, otro tipo, la persona que encontró pareja y su pareja.
En este punto ya es difícil esconder la molestia que interiormente se siente, porque en cuestión de dos o tres meses se ha truncado (sin tener muy claro con qué motivo) una tradición que llevábamos manteniendo casi 7 años. Una de esas semanas, cosa que ya vaticiné meses antes, él vino con una noticia: Iba a dejar de pagar su mensualidad en el local de ensayo y por tanto, a dejar de venir para siempre.
Hacía ya tiempo que trataba de explicarle a mi amigo que si él dejaba de venir al local de ensayo, eso sería el principio del fin. Ya sabemos como van estas cosas. Este viernes a la semana era "la cita semanal" desde hacía casi siete años. Si cancelas la cita semanal de la noche a la mañana nos veremos cada vez menos. Y de -menos- a -nada- hay un paso muy corto, especialmente si se tiene un poco de vista.
Es decir, que intenté evitar lo que iba a pasar. O por lo menos, intenté avisarlo. Retrasarlo. Fui el único que lo intentó.
Incluso me presté a pagar su mensualidad del local de ensayo si ese era el tema. Aunque ya sabía que no iba por ahí, teniendo en cuenta que eran 30 míseros euros al mes, y el tema no era el dinero. Entonces es cuando me di cuenta del todo que "el tema" tenía nombres y apellidos, y que no le costó más que unos meses echar al agua, por pura comodidad y egoísmo, todos esos años de nuestras costumbres.
"Uf. Otra vez viernes nos toca irnos hasta Reus al local de ensayo? ¿No podríamos hacer otra cosa?" Precisamente por cosas como esta a los 3 meses se dejó el local, para no volver nunca más.
A partir de esta frase de aquí arriba hay montones de cosas mal. Es que -tú- no "tienes" que ir a ninguna parte, mona. Es que -tú- no pintas nada en el local de ensayo. Es que -tú- no tienes que incluirte por defecto en lo que van a hacer los demás, sin consultar, y encima poniendo pegas. El tema es que a partir de este punto en el que aceptamos que una persona diga lo que le parece de algo que ni le incumbe, ni es su ambiente ni tampoco sus amigos, resulta que está todo perdido ya. La impotencia que provoca esto, es que en el momento nadie dice nada por incomodidad. Y después de este punto ya no es incomodidad, es que la situación no tiene marcha atrás.
Y él, evidentemente lo permitió. Permitió que esa persona lo derrumbase todo, prácticamente en silencio en cuestión de pocos meses.
Cuando nos dio la noticia ya de manera irrevocable y sin dar demasiadas explicaciones (cosa que dejaba bastante que desear teniendo en cuenta que nos conocíamos desde los 5 años), estábamos 4 presentes y me fijé especialmente en el hecho de que su pareja no dijo ni una sola palabra. Siete años yendo juntos a ese local de ensayo, y ella había sido el motivo principal de que aquello se terminara sin un motivo aparente, más que a ella no le interesaba. Lo que era una parte importante de nuestra rutina se había convertido en el último día, sin darnos cuenta. Porque encima así se nos comunicó: "Hoy es el último día que estamos aquí."
Es curioso también el cambio de una persona en cuanto se mete en una relación sentimental. Esta persona pasa de contarte hasta el primer estornudo que pega por la mañana, a no darte prácticamente ninguna explicación de cosas importantísimas. La misma persona que hasta hace no mucho te preguntaba si te parecía bien o no colocar una alfombra en el local de ensayo, te está contando sin ningún detalle que ha dejado de pagarlo y que por tanto, no vamos a ir nunca más. Con la indispensable variable de que ahora tiene pareja, y antes no. ¿Se trata de otra estupenda casualidad dicho cambio?
Respuesta secreta: No. Se ven con un nuevo "plan A". Y entonces el "plan A" anterior, pasa a la "B". Y poco a poco esa "B" se convertirá en una "Z". Estos son los que luego dicen que la pérdida de círculos sociales no tiene nada que ver con tener pareja o no tenerla.
Ese mismo día de comunicarnos el final de los finales del local de ensayo: Con ese pedazo de bellísima persona delante, que prácticamente no abrió la boca en toda la noche (curiosamente esa noche no tuvo jaquecas, ni constipados, ni sueño), pasamos la última noche en el local. Recogimos, y no volvimos nunca más.
¿Motivo? Que ella no pintaba nada allí. Y si "yo" no pinto nada allí, ya me encargaré de comerle el coco al otro para que deje esta costumbre. Y vaya si la dejó: 7 años reducidos a polvo en 3 meses. Prácticamente un nuevo récord.
A partir de ahí todo parecía un libro previamente escrito de todo lo que dije semanas atrás. Cada vez nos vimos menos, y menos. Los viernes se seguía quedando pero sin él. Los pocos días que aún conseguíamos quedar con él era siempre con ella (absolutamente y literalmente siempre), lo cual era una cosa que tampoco se entendía por ninguna parte. ¿Pero por qué eres incapaz de venir tú solo ni una condenada vez? Nunca se le preguntó. Nunca se le pasó por la cabeza a él. Y semana tras semana todos/as íbamos viendo como todo aquello se reducía a cenizas de manera totalmente deliberada.
Él empezó a tomar la costumbre de hacer más caso a un pedo que ella se tiraba que a lo que todos decidíamos. Esto lo hemos comentado en alguna otra ocasión. Conveníamos todos en ir a cenar o hacer algo juntos en el centro y él intentaba cambiarlo por lo que ella decía:
"Es que Carla no tiene muchas ganas de ir al centro, os parece si damos un paseo?"
Un paseo, claro. Es que hemos quedado 8 tíos después de toda una semana de estudio o de trabajo para "pasear" por la ciudad en la que vivimos los 365 días del año. Se volvió habitual proponer tonterías. ¿Hay alguna relación entre dichas tonterías y la tipa de turno? Por favor, ni se os ocurra insinuar eso.
Por no mencionar el detalle de que a nadie le importaba un pito lo que "Carla" tenga ganas de hacer, más que a tí, ostras. ¿Cómo se puede tener tan poco cerebro de decirles a tus ocho amigos de toda la vida que 'a ella' no le apetece? Es que parece que quieras boicotearte a propósito, que quieras que empiecen a verte como un peñazo de tío en lugar de un amigo. Y encima, convirtiendo en un muermazo los planes de los demás. Este tipo de cosas influyen una barbaridad en la degradación de las amistades: La pérdida total de la visión que tienen los demás de tí. Convirtiéndote en un gilipuertas a escala mayor.
"Es que Carla no tiene ganas. ¿Hacemos otra cosa?"
¿Te lo propongo a tí y responde Carla? ¿Con quién hablo? ¿Contigo, o con tu prima? Os imagináis que un tipo me propone un plan y le contesto que a "mi amigo" no le apetece? No, no os lo imagináis porque no ocurriría ni en la Atlántida.
"Es que Carla tiene dolor de cabeza, ¿venís vosotros a casa en vez de ir yo?"
Convertía cualquier puñetera inciativa en una iniciativa de "dos", evidentemente sin consultarlo a los demás. Eso es lo que causaba más tirria y pesadez entre la gente. Con la casualidad implícita de que siempre había que cambiar, variar o en ocasiones cancelar lo que se había dicho. De nuevo, la falta total de autopercepción: Si haces eso, conseguirás que se deje de contar contigo.
Siempre he sido consciente de esto. Siempre he sido consciente de que si me invitan o me proponen algo, no puedo empezar a cambiar lo que se ha propuesto por mis santas narices. Porque quizás un día lo consiga, pero al tercer día lo que ocurrirá es que no me llamarán. Y con toda la razón del mundo. Porque un grupo que hace piña quiere precisamente eso, hacer piña. No un tipo que simplemente intenta cambiarlo todo sin un motivo aparente. En este caso no era sólo un tipo: Un tipo y una tipa. Que casualmente no pintaba -nada- en todo aquello.
"Es que a Carla no le apetece mucho ir a casa de Carlos. Preferimos dar una vuelta por la ciudad, ¿os apuntáis?"
(Recordatorio de cita anterior: Hemos mencionado que este círculo nunca tuvo problemas para ponerse de acuerdo y nunca hubo cancelaciones, cambios de planes ni mareos de ningún tipo. En cambio en este punto, todo lo que venía por parte de ellos era precisamente eso: Mareos)
Evidentemente él actuó como un genuino tonto del culo sin darse cuenta, para variar, porque ella sabía perfectamente que 8 personas no iban a cambiar el plan por "dar vueltas" y por tanto, así conseguiría quedarse solo con él. En lugar de decir: "No, hemos quedado con ellos para esto y hace tres semanas que no nos vemos."
Poco a poco nos fuimos cansando de ellos. O no venían, o cancelaban el plan, o proponían una auténtica chorrada para reemplazar lo que se había convenido ya. Encima, en muchas ocasiones pasaban dos, tres o cuatro semanas entre que nos veíamos o no. Mientras que todo el resto se veía varias veces por semana. Así que (todos) fuimos cambiando de intentar hacerles razonar, a pasar de ellos directamente. Porque en ese punto sabíamos que hiciéramos lo que hiciéramos, lo teníamos todo perdido.
Lo que en estos casos termina por cansar e incluso generar desinterés, es el egoísmo galopante con el que actúan estas personas que además, se niegan a ver lo que pasa alrededor de ellos. Habían cambiado, modificado, empeorado todas las cosas que hacíamos juntos desde "se convirtieron en 2", y nunca se planteó lo que le parecía eso a todo el resto. Ni planteárselo. ¿Les debe gustar que haya dejado el local sin motivo? ¿Les debe gustar que les cambie los planes por lo que ella propone? ¿Les debe gustar que hayamos pasado de vernos una vez por semana, a una por mes?
Nunca se preguntó nada. Nunca comentó nada. Sólo lo hacía. "Carla dice esto, Carla dice lo otro.". "Carla se encuentra mal, Carla tiene jaqueca". ¿Pero QUÉ hace aquí? Esa era la pregunta correcta. ¿Qué demonios hace una tipa con jaqueca en un local de ensayo a la 1 de la madrugada del viernes? ¿Qué sentido tiene tu emperre en traerla aquí como si fuese tu hermano pequeño al que cuidar, semana tras semana?
Él convirtió un grupo entero en -él y ella-. Sin preguntar. Para encima, poco a poco ir degradando también las reuniones que no tenían nada que ver con la música. Todo el despropósito fue poco a poco propagándose por cualquier quedada de amigos, consiguiendo aborrecer a todo el resto de gente que venía con sus pospones, cambios de planes, propuestas sin sentido y demás.
Uno de los últimos días que nos vimos pasó algo parecido a esto anterior. Un viernes me preguntó qué hacía, le dije que había quedado. Me insistió en "venir con Carla" a verme y a dar una vuelta. Le dije que no, que ya había quedado. No quise ni decirle con quién por que sabía que encima se nos sumarían a intentar distorsionarlo todo como siempre. A esto quedaron reducidas las cosas. Poco después cuando ya estaba con todos los demás, nos los encontramos a los dos andando por la calle y hubo un momento de tensión.
De hecho no fue un momento de tensión, fue -EL- momento de tensión. Un momento que había aparecido por primera vez y al mismo tiempo, la línea final que marcaba el episodio. Porque todo el mundo se dio cuenta por fin de que no pegábamos ni con cola. Todo desde que aquella tipa llegó, por supuesto.
También es curioso el tema de que ella no tuviese ni amigos ni nada que se le pareciera por su parte, convirtiéndolo a él en doblemente tonto: Permites que te manosee tu atmósfera sin tener ella una propia.
La cuestión es que aquel dia, incluso sin tener ninguna razón para molestarse, se molestó. Y es de aquellas "molestias" que nadie remienda. Porque los demás (yo incluido) veían todo aquello como una batalla perdida, que lo estaba. Una batalla que por otra parte nadie quería librar. ¿Para qué luchar contra las tonterías nacidas de las relaciones de otros/as? ¿Para qué discutir sobre cosas que en el fondo, no querrán entender?
Nadie entiende esa sensación de "batalla perdida" cuando ves a un amigo que en cuestión de meses, ha desechado prácticamente todo su entorno anterior para dejar sitio a otra cosa. Sin tener la mínima vista de que si hace eso, nada volverá. Sin ver que hay cosas que no se pueden recuperar y que si se comete el error de correr demasiado, los demás se desmarcarán de la carrera. Y eso es exactamente lo que ocurrió en el momento de tensión que contábamos: Que se dejó correr.
A partir de ese día poco más supe de él. Que iba a casarse, boda a la que ninguno de nosotros fue. Que se había ido a vivir a 150km de la ciudad. Cada cosa que sabíamos de él estaba relacionada con ella, por supuesto. A parte de eso parecía que nada más existía.
Veía su coche todos los fines de semana aparcado cerca de mi casa. Estaban viniendo todos los fines de semana por supuesto, a ver a los padres de ella. Porque a los padres de él prácticamente ni los veían. Un clásico del calzonazos por excelencia, también. Al poco tiempo supe que iban a ser padres. Algún día los vi de lejos, como quien ve a una antigua gloria sin demasiadas ganas de retomar el contacto, con algo que nunca volvió a ser lo mismo.
Conclusión: No quedó prácticamente nadie que tuviese contacto con él en su ciudad natal. No volvió a quedar con nadie de los que habían sido sus personas de confianza desde los 5 hasta los 27 años. Con ver que además se fue a vivir a hora y media de camino ya se presume el interés que tenía en permanecer en su sitio de origen.
Ahora agarrad este caso y multiplicadlo por 30. Y tendréis mucha gente viviendo "vidas de adulto". E intentando retomar el contacto con sus antiguos amigos 15 años después. Intentando "salir de la rutina", como ellos dicen. Mandándote solicitudes en linkedin o en Instagram, bastante cansados de lo que ellos eligieron vivir, por otra parte. En eso terminan la enorme mayoría de amistades con los años.
Da lo mismo lo fuerte que te creas que es ese vínculo. Las vivencias. La cantidad de favores o no que hagas. La diversión, planes u opciones que puedas presentarle a esta persona. La cantidad de horas que te pases escuchando sus inquietudes, las malas conductas que le pases por alto o los desplantes que le permitas. No lo tendrá en consideración aunque creas que sí.
Es precisamente en el momento en que te das cuenta de esto en que las ganas de esforzarse por lo ajeno menguan radicalmente. No por comodidad, sino porque no influye en absoluto en el resultado final de las cosas.
Nada tiene que ver con egoísmo ni orgullo, sino con darse cuenta de que no importa demasiado lo que hagas. ¿Cual será la diferencia entre escuchar sus historias y no escucharlas? ¿Cual será la diferencia entre hacer cosas por él/ella o no hacerlas?
"Es que esas cosas son las que hacen los amigos", suele ser la respuesta. Amigos hasta que ellos decidan, claro. Porque estos casos lo que demuestran es que somos muy amigos hasta que encuentran pareja. Lo cual eso invalida bastante aquello de "es que los amigos se apoyan entre ellos".
Pues en el final de los finales, la diferencia será: Ninguna.
De joven te crees que influyes mucho en los demás. O por lo menos, es la sensación que tiene mucha gente al ser joven. De que los demás (amigos, personas cercanas) te escuchan, influyes en ellos. Pero es precisamente con vivencias como estas con las que te das cuenta de que vivías una perfecta mentira, toda orquestada para hacerte sentir bien a tí mismo. Y que en el fondo, cuando las cosas se tengan que acabar, se acabarán. Sin miramientos, sin aviso y sin posibilidad de revertir nada. Y esto no es ni malo, ni bueno. Esto es lo que es: Hacerte un poco mayor.
Culmino la entrada con una conversación entre dos desconocidos, hablando de un tema muy parecido al nuestro:
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X :Solo puedo hablar por mí mismo, pero estoy casado, me mudé a una nueva ciudad y ahora tengo un hijo. La nueva ciudad y el niño llegaron en los últimos 3 años. Si a eso le sumamos la pandemia, francamente nunca tuve la oportunidad.
Sin embargo, diré que es realmente difícil encontrar personas con las que pueda abrirme, y la mayoría de mis amigos actuales son compañeros de los amigos de mi esposa. El problema es que los amigos de mi esposa suelen ser de un cierto tipo y yo soy de otro.
Las personas con las que me gustaría ser amigo no suelen frecuentar los círculos sociales en los que me muevo ahora, por una variedad de razones. Supongo que me he aislado sin querer, ¡vaya!.
Y: Muchos hombres casados se sientan y dejan que sus esposas organicen los aspectos sociales de sus vidas. Yo también he hecho eso demasiado. Tiendo a apreciar más a los amigos de mi esposa que ella a los míos, así que suele funcionar mejor si cedo a sus deseos.
Y: Sí, eso lo resume bastante bien.
No le gustaría ser amiga de las parejas de las personas con las que yo preferiría ser amigo. Así que sería una lucha cuesta arriba constantemente. Ni siquiera sé realmente a quién recurrir para arreglarlo, así que no me molesto.
Creo que lo peor es que ella cree saber qué tipo de gente quiero tener cerca, lo cual se basa en mis hobbies superficiales, lo cual es totalmente erróneo.
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