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miércoles, 28 de enero de 2026

"No me importa lo que los demás piensen de mí"

Imaginaos vivir en una sociedad donde la mayoría objetiva de la población dice "no importarle lo que los demás piensan de ellos/as" mientras viven, se desarrollan e interactuan bastante interesados en causar buena impresión de ellos mismos/as. ¿Os lo imagináis? Bien, pues esa es la sociedad actual en la que vivimos.


Cuando decimos "sociedad actual" nos referimos especialmente a todo aquello de lo que podemos darnos cuenta en el día a día que entra en total incoherencia con lo que hacen y dicen esas personas: El auge brutal de las redes sociales, el autobombo personal, la fijación absoluta con publicar tus cosas personales para que los demás las vean y luego hacerte el despistado, negar rotundamente y absolutamente que te interesa y te importa la opinión ajena sobre tí y una lista interminable de cosas que tienen un trasfondo más infantil que otra cosa.


La gente no soporta la crítica ajena. El "pretexto" que ponen para molestarse cuando alguien les critica, es que "se sienten juzgados", que no les gusta que "personas que no las conocen hablen de lo que no saben" y otros motivos que como de costumbre, esconden algo detrás: Que les importa lo que los demás digan de ellos/as, y mucho.


¿Cómo iba a ser de otra manera? Si algo te afecta para bien o para mal, es que te importa. Quizás no es la cosa más importante del mundo para tí, pero indudablemente te afecta. Una tontería como esta, tan básica, tan fácil de identificar y sonsacar es una de las muestras de que cuando se dice "no me importa lo que los demás opinen de mí", se miente descaradamente.


Y es natural que sea así. No el mentir, sino que esas cosas nos afecten. Porque sentirse juzgado si te juzgan, por mínimo que sea ese juicio es lo más normal del mundo. Lo que no es normal es darle demasiada importancia o que esto te condicione hasta ciertos límites. Todo esto, de nuevo, se trata de algo infantil.


¿Por qué infantil? Porque los niños viven y experimentan las cosas de esta manera. Cuando se sienten juzgados o amenazados pueden reaccionar de maneras sobreactuadas. Porque aún no tienen baremo de las cosas, de la importancia de cada sentimiento. Sin embargo actualmente, el argumento de "sentirse juzgado" ha trascendido de la infancia para instalarse en adultos crecidos y personas de todas las edades, entrando al trapo de las discusiones más penosas, primarias y superficiales que podamos ver.


De hecho, esto está viviendo su punto más álgido justamente ahora, ya que hace unos años la única ocasión que tenía la gente de discutir por las más absolutas bobadas era cara a cara, y eso siempre elimina parcialmente la probabilidad de que el asunto se vaya de las manos. A muchas personas aún les quedaba un mínimo de sentido común antes de perder las formas, especialmente en público. Pero con el nacimiento de las redes sociales, la posibilidad práctica de que literalmente cualquiera pueda decir burradas integrales mediante un soporte digital, podemos ver más discusiones, insultos y calificativos personales que nunca en la historia de cualquier sociedad moderna.


Para comprobar esto simplemente tenemos que entrar en cualquier red social y leer durante unos minutos la cantidad de comentarios negativos, peyorativos, discusiones absurdas entre personas que no se conocen de nada. Todas entrando al trapo de su inseguridad, de que un desconocido cuestione lo que están diciendo. Todas, sintiendo esa sensación de "juicio" ante las palabras de los demás. E irrefrenablemente, iniciando enfrentamientos en soporte digital ignorando una realidad aplastante:


Que no sólo les importa una barbaridad lo que los demás opinen y digan, sino que les condiciona hasta extremos ridículos de perder los papeles, los estribos y las formas de toda manera posible. 


Esto se traduce en casi todos los ambientes, donde no hace falta más que un mínimo poder de observación para apreciar la cantidad de inseguridad que causan unas personas en otras. En muchas ocasiones, se causan inseguridad mutuamente sin darse cuenta. No hay más que ir a cualquier gimnasio para ver al típico/a que no deja de mirar a su alrededor, comprobando si alguien le observa o no. La cantidad de personas que aprovechan el espejo para mirar sin que los demás se den cuenta. Otras personas dicen tener "ansiedad en el gimnasio". Dicha ansiedad se la provocan ellos mismos/as demasiado pendientes de si los demás les prestan atención o no. Y esa es la palabra: Atención. 


Todo esto anterior no tiene nada de malo. Simplemente es lo que es. Una señal de que la sociedad, o por lo menos en la que nosotros vivimos, se ha infantilizado a pasos agigantados desde hace poco más de dos décadas. Se da una importancia gigantesca fuera de todo precedente a lo que los demás piensen o no de nosotros, de la sensación que causamos con nuestro físico o no. Y estas cosas las demuestran sobre todo con hechos, porque las palabras que escuchamos entorno a este tema pueden ser algunas de las siguientes combinaciones:


"No me importa lo que los demás piensen de mí."

"Yo voy a lo mío y no me fijo en lo de los demás."

"Si les gusta o no a las demás personas lo que hago no me importa. Lo hago por mí."

"Publico contenido en mis redes para mí, no para que los demás lo vean."


Por mí, para mí, para lo mío, yo. Yo, mis cosas, mis sentimientos, yo. Combaten la necesidad de atención con frases de egoísmo barato. En vez de reconocer que sí, que me gusta que los demás me presten atención, vamos a decir "Yo, yo, yo. Lo hago para mí. Yo, yo. No me importan los demás. Yo y yo de nuevo."


Un montón de palabras que es mucho más fácil enfocar en uno mismo/a para intentar esconder lo evidente y fundamental. Que sí, efectivamente: Les encanta que los demás les hagan caso. Especialmente cuando es para decir cosas buenas de ellos/as. Porque si son cosas malas, iniciarán una partida de ping-pong que no lleva a ningún sitio, solamente para quitarse la mala sensación de encima.


Y eso de nuevo, nos repite la conclusión final: Que les importa lo que los demás piensen. Y se trata de importancia en cantidades industriales, además.

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