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jueves, 29 de enero de 2026

La confusión entre talento y habilidad

Desde que entramos en la era del autobombo, donde el individuo en sí y sus ansias personales priman por encima de todo lo demás, empezó la confusión -muchas veces adrede- entre el concepto 'talento' y 'habilidad'.


Eso ocurrió precisamente por la misma causa: Las ansias colectivas de tener algún talento en algo sin tenerlo, y confundirlo con la habilidad de hacer algo. Habilidad que puede consistir en la cosa más tonta y además, producto de haber practicado decenas de miles de horas la cosa tonta en cuestión.


Esto casi siempre evidencia lo mismo. La enorme y gigantesca influencia que tienen los demás, e incluso las tendencias de los demás encima de otros individuos/as. Ahora lo que "toca" es tener talento en alguna cosa. Destacar en alguna cosa. Pues vamos a identificarnos plenamente como personas con esa cosa, hasta el punto en que -dicha cosa- te defina como persona, en muchos de los casos.


Vierten absolutamente su personalidad e incluso su identidad en una cosa. Formando parte de su nombre, de sus alias. Se ponen sobrenombres. Alardean constantemente de un talento que no es un talento, sino una habilidad. Una habilidad que por otra parte, muchas otras personas podrían tener si dedicaran el mismo tiempo en desarrollar la misma actividad.


La devaluación de las palabras es otra sintomática de esto mencionado más arriba. Y enlaza con tantos otros temas muy parecidos, de autobombo personal y de atribuirse méritos a cosas que no lo tienen. Ese es el punto todo el tiempo: Destacar méritos en tí mismo. Y a poder ser conseguir que los demás los reconozcan también. Méritos que en muchos casos no existen, sino que los inventan en sus mentes.


Precisamente por esto se empezó a confundir -a propósito- la habilidad con el talento. Porque una habilidad la puede tener prácticamente todo el mundo, en cambio un talento no. Se llenó de personas de todas las condiciones y nacionalidades, llamándose a sí mismas "talentosas" por tener una habilidad adquirida en cualquier tema concreto. Cuando si precisamente algo define el talento es que no se adquiere. Sino que se tiene, o no.


Incluso lingüísticamente, dentro de una frase se habla del talento como algo que "se tiene". No como algo que "se aprende". O como algo que "florece a base de práctica". El talento se trabaja, se pule. Pero definitivamente tener talento no consiste en reproducir una acción como si fueses una máquina, a base de pura repetición y horas invertidas.


No todos/as tenemos por qué ser talentosos en nada. Ni tampoco exitosos. Si lo somos de forma innata, puede ser una ventaja, o no. Pero nadie nos lo pide en todo caso. Irónicamente es uno/a mismo/a quien se enzarza en historias psicológicas para exigirse éxito a uno mismo. Con lo cual volvemos a intuir que se trata más de un tema de autoestima que otra cosa, no de la importancia de saber hacer una cosa u otra.


Recuerdo un claro caso de esto, cuando me presentaron a un tipo que me anunciaron como un "fenómeno de la guitarra". Un tipo más bien bajito, con unas gafas que parecían elegidas mal a propósito y con aspecto de tener bien pocas relaciones sociales. Él mismo, a la que tenía oportunidad alardeaba de su talento con la guitarra y de tener una banda de música de género "muy técnico y complicado". Y en parte era cierto, aquel tipo era un portento con la guitarra.


Pero no hacía falta compartir demasiado tiempo con él para darse cuenta de que si era bastante bueno tocando, era porque aquello era lo único que hacía. Poca cosa más llenaba su espacio vital. Todo de lo que sabía hablar era de guitarras, de música que incluyera guitarras. Si le hablabas de cualquier otra cosa no es que no tuviera interés para él, sino que padecía cierta falta de oratoria con cualquier otro tema.


Aquello trascendía mucho de tener una afición o "gustarte" mucho una cosa, pasando la frontera de convertirse en un "yo" paralelo, en el cual basas tu personalidad. No perdía oportunidad de demostrar especialmente delante de los demás, lo bien que hacía lo que hacía. Otra de las cosas que evidencia que no lo hacía solo por él, sino que era realmente importante que los demás fuesen testigos de ello.


Un poco como en las redes sociales: "Comparto el contenido para mí, sólo para mí, me dan igual los demás". Sin embargo se pasan el día publicando el contenido en público, para que todos los demás lo vean e interaccionen. Pues lo mismo, pero con un tema distinto.


Ese tipo se llamaba "talentoso" a sí mismo. El tema ya no es sonar pretencioso o no, lo cual es lo de menos en este caso. El tema es que ese tipo se pasaba 8 horas al día tocando la guitarra encerrado en su casa desde que tenía 14 años. Con lo cual, lo mínimo que se puede esperar diez años después es que hagas mínimamente bien la tarea, porque si no eres un completo fiasco. Y eso está en las antípodas de tener un talento para nada. Lo que es, es una habilidad adquirida. Que puede ser alta, muy alta o extraordinaria. Pero definitivamente no es un talento.


Como siempre hay una parte de deshonestidad en estos temas, que esconden la verdad oculta detrás de tanta dedicación a cualquier cosa. Que si alguien vierte -todo- su tiempo en alguna cosa a no ser que se dedique profesionalmente a dicha cosa, es muy probablemente por falta de otras. Y no hay nadie que pudiendo tener una vida variada, con relaciones personales, aficiones, realización de actividades dentro y fuera de casa, elija pasarse el día a solas practicando -UNA- actividad. En este punto el argumento que se suele poner "es que me gusta mucho y por eso lo hago" es muy posiblemente una verdad a medias.


Hay una frase/concepto en inglés que dice: "You struggle with the basics of life". Que viene a ser algo como: Te cuestan demasiado esfuerzo las cosas básicas de la vida. Normalmente es un concepto que se aplica a pubertos y adolescentes, que hacen una montaña de cosas que son nimias. Algo normal dada su edad. Pero cuando hablamos de adultos, hablamos de personas que tienen enquistadas algunas cosas que han preferido echarse a la espalda en vez de entender por qué les cuesta lo que les cuesta.


Esto puede traducirse en el caso que tratamos: Personas que ahogan completamente esas dificultades en otras cosas, gastando decenas de miles de horas en 'mejorar' lo que saben hacer y así eclipsar la cantidad de torpeza que han echado a la espalda. Finalmente, van por ahí diciendo que "tienen un talento".



La incapacidad de ser sincero evidencia estos casos, que a la mínima que se les conoce, no es sólo que no tengan ningún talento del que hablan, sino que además hay montones de cosas que no se les dan nada bien. Ya no sólamente no se les da bien, sino que dejan de hacer esas cosas por incapacidad pura. Como relacionarse, o entablar conversaciones con personas cualquiera. Y esas "cosas" son mucho más básicas que ser un experto tocando un instrumento. La cuestión es que esas cosas no las reconocen, simplemente se evidencian, mientras ellos se preocupan de 'tapar' con ese supuesto talento. "Mira que bien toco, mira que bien hago esto." ¿Cual fue la última vez que fuiste a tomar algo con un amigo? 


Respuesta: "Uf, es que me da bastante pereza salir". En cambio, no le da pereza estar ocho horas diarias dejándose los dedos en el mástil de una guitarra. Lo que le da pereza es, curiosamente, lo que le resulta difícil hacer.


Lo de la "pereza" suele ser otro código para no decir: "Es que me cuesta esfuerzo hacerlo. No termino de encajar. Me resulta difícil. Así que no lo hago".


Es curioso como funcionan los mecanismos de defensa del individuo, de un modo muy complejo e infantil al mismo tiempo. En el que se niegan y se esconden los defectos que más peso tienen para, más tarde, dar a relucir únicamente lo que sabemos hacer bien. Incluso llegando hasta el punto en basar tu personalidad, tu individualidad y lo que muestras a los demás de tí, en una cosa que no deja de ser algo material. "Sé hacer esto, sé hacer lo otro. Me llaman el tal, me llaman el cual". Pero luego resulta que está atiborrado de impedimentos, cosas que le dan miedo, otras tantas cosas que simplemente no sabe hacer bien. Pero lo único que él saca a relucir es lo bien que hace "X".


La conclusión es que este tipo de personas, que abundan, son los principales causantes de la devaluación de las palabras. De la confusión entre habilidad y talento. De distorsionar a propósito los conceptos para beneficiarse, y poder tener por fin una identidad que merezca mínimamente la pena.


Y como siempre, pregunto: Si vivieses en una isla desierta sin que nadie te viese, ¿Te haría falta tanta pijotada para estar bien contigo mismo?


Cada uno que imagine su propia respuesta.


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