Desde que nos educan, seguimos creciendo e incluso nos hacemos mayores, vamos escuchando una serie de frases y moralejas de la vida que si se tiene un mínimo de vista y reflexión interior, cada vez nos resultan más falsas y huecas.
Nos pasamos la vida escuchando una serie de frases que supuestamente esconden moralejas vitales e universales para todas las personas, de las cuales haremos un pequeño compendio:
- "Todas las personas son diferentes."
- "Hay gente para todo."
- "Cada uno enfoca las cosas a su manera."
- "Las personas tienen maneras muy distintas de vivir."
- "Cada persona tiene sus tiempos."
- "No hay dos personas iguales."
- "Existen gustos para todos/as."
Bien. Si nos tomamos medianamente en serio estas frases, que por otra parte cualquiera de nosotros/as podemos haber escuchado cincuenta mil veces en situaciones distintas, deberíamos asumir que efectivamente, existen unas diferencias bestiales entre las personas y sus modus-vivendi.
Pero lo cierto es, que conforme pasan los años y se van evidenciando los caminos y rutinas que la inmensa y aplastante mayoría sigue, las "diferencias" si es que las podemos llamar así, se van estrechando, estrechando y estrechando más. Hasta llegar al punto en el que prácticamente todas las personas se ven atraídas e impulsadas por las mismas cosas.
Esto comprendería a prácticamente todas las personas del mundo: Son pequeños y no piensan más que en jugar y divertirse. Llega la adolescencia y no piensan más que en tener su primera pareja (todos/as, sin excepción). Si no lo consiguen, se deprimen. Comparan con los demás. Tienen su primera pareja. Se va al garete la primera pareja. Pasan los años, y entran en una especie de bucle tonto entre relaciones superficiales/salir/relacionarse de manera burda hasta que vuelven a encontrar pareja. Desaparecen. Vuelven a aparecer. Se quedan solteros otra vez. Y así sucesivamente hasta que al final dan con la tecla, se casan, empiezan a tener hijos y entran en el mismo bucle que todos los demás. Hasta que se hacen mayores, empiezan a buscar planes alternativos (exactamente igual que cuando tenían 20 años) y hacen salidas en moto o excursiones con amigotes de fin de semana. Para intentar de alguna manera volver a vivir lo que en su día reemplazaron por la pareja: La vida con amistades.
Es irónico que guiados por el impulso de juntarse con el sexo que les atrae prescindan de todo lo demás, hasta que con los años se cansan e intentan volver (de manera totalmente emulada y artificial) a vivir lo que vivían con 20 años. Buscando cualquier excusa para salir escopeteados de casa con gente que no sea la pareja. Parece un baile de mimos.
Todo esto que comparte un porcentaje absurdamente amplio, cuenta con pequeños matices de gustos personales, tipo de profesiones y algunas cosas más, dejando como "impulsos y necesidades en común" la mayoría de cosas y dejando como minoría lo que les diferencia unos de otros. Pero realmente es mucho más lo que les hace parecerse entre sí que lo contrario.
Lo bueno es que... no se dan cuenta. Ni se les ocurre. No lo ven.
Y esto lo ves con tus padres, con tus amigos, con los hijos de tus amigos, con los nietos de los abuelos de tus amigos, con tus profesores, con tus hermanos. Con todo el mundo. El mismo proceso, la misma "llamada", los mismos impulsos vitales.
Es decir, que hay algo en el ser humano que lo hace ser terriblemente similar a sus congéneres, hasta llegar al punto en el que si no fuese por diferencia de etnia, edad o preferencia personal serían todos absolutamente iguales en una escala de necesidades biológicas, tiempo y especialmente a destacar: Lo que realmente su interior les pide. Generación tras generación.
Y lo que su interior les pide por amplísima norma general es casi lo mismo: Terminar metidos con una pareja en casa y poco más. Porque casi siempre consiste en lo mismo o termina derivando en lo mismo. Da igual que sea un piloto de avioneta o profesor de formación profesional. Da igual mujer, que hombre. Da igual que le gusten los perros o los gatos: La llamada principal va a ser la misma. Lo demás forma parte de las obligaciones, de lo que hay que hacer y de todos los temas que son ineludibles, de nuevo, para casi todos de la misma manera.
Lo mejor es que la mayoría de la gente esconde internamente esta "demanda interior" porque sabe que decirlo en voz alta queda vergonzoso. Así que salen, se entretienen, se relacionan con gente. Pero conforme pasan los años y no encuentran a "ese alguien" terminan con cara de perro al día siguiente también. De hecho, la mayoría de individuos/as pasa una etapa de amargura alguna vez en su vida por no tener pareja. Y mienten como bellacos diciendo que "no lo necesitan". Eso sí, a la que aparece cualquier persona aleatoria mostrando interés por ellos/as se tiran de cabeza cual saltador de trampolín, y pasas de verles casi cada día a verles un día al mes.
En ese punto, en el que sabes (y todos los que se relacionaban con esta persona lo saben) que ha empezado una relación sentimental es precisamente cuando empiezan las frases de toda la vida. Las frases que contienen un 1% de verdad y un 99% de "es que ahora me tira más lo otro":
- No nos vemos porque no tengo tiempo.
- Es que los fines de semana los tengo muy ocupados.
- No me dan los días para nada.
- A ver cuándo hacemos algo, que ya hace 4 meses que no nos vemos.
- No vi tu mensaje del otro día, disculpa.
- Ya no salgo por las tardes/noches porque siempre trabajo por la mañana.
En este punto la mayoría y de nuevo, internamente ya sabe que no se puede luchar contra esto y ni siquiera merece la pena discutir de nada. Porque ya queda claro que -le da la gana- de priorizar otro tipo de tonterías que en muchos casos ni siquiera quiere hacer, pero 'es lo que toca', otra frase estúpida para justificar que te toca hacer mojones que no quieres porque... ahora tienes pareja.
"No tiene tiempo" pero lo ves yendo a buscar a su novia al trabajo a las 22:00h de la noche cada dos días. Los fines de semana, "los tiene ocupados" por estar haciendo visititas a casa del cuñado, de la madre del novio, de los padres separados de ella o de cualquier cosa que sin darse cuenta uno, se convierte en una costumbre que reemplaza toda opción de verse. Y encima, a regañadientes.
"Los días no le dan para nada", sin embargo hace falta que su novio/a se tire un pedo para acudir corriendo donde toque. El pedo puede ser reemplazado por cualquier otra acción, menudencia o chorrada que ocurra en el acto que será mucho más importante que lo que había planeado antes.
"Tu mensaje del otro día" no lo vio, pero cuando está contigo y recibe un mensaje de la novia o de su suegra lo tiene respondido en menos de minuto y medio. Este tipo de cosas no contribuyen a que esa persona te siga cayendo bien, dado lo flagrante de la tomadura de pelo y el arrastre integral, rozando la acción de chupar rabadillas directamente.
"Ya no sale por las noches porque trabaja", pero lo pillas cenando con los padres de ella a las 12 de la noche en el centro de la ciudad, porque cuando toca y si hace falta, dormirá cuatro horas si es que el plan es con ella/él o sus familiares. A tí, se te dirá que trabaja y por tanto, no. Otra cosa que tampoco contribuye demasiado a tener algún tipo de interés en alguien que cuando sopla el viento en esa dirección, se le despeja la agenda.
Todo este tipo de frases y por tanto situaciones evidencian que la amistad no sólo ha hecho aguas, sino que no hay ninguna perspectiva de reflotar nada. Y de hecho, la misma situación elimina totalmente las ganas que puedan quedar, porque la persona empieza a resultar terriblemente odiosa cada día que pasa y persiste en ciertos gestos y mentiras.
Por tanto, lo que termina quedando es lo que decíamos unos párrafos atrás: Un día al mes.
Ese día al mes termina resultando en desinterés generalmente por parte de los demás, y lo que era una "amistad" termina siendo una relación social esporádica que muchas veces carece de sentido. Puesto que cuando vuelves a ver a esa persona, es para hablar exclusivamente de sus cosas y para eso, francamente, ni falta hace que nos veamos.
De hecho precisamente esta clase de personas, las que únicamente tenían entre ceja y ceja tener relaciones sentimentales (guiados por un run-run interior que para todos/as es el mismo) y que gastan esos años de transición pasando el rato hasta que eso llegue, son los primeros encargados de aniquilar las amistades por lo general. Siendo estos los primeros en desaparecer, desertar, dejar de figurar y terminar intentando llevarte a su terreno de "planes en casa", "planes con parejas" y demás cosas adecuadas a su situación actual.
Cabe decir que esto en la mayoría de los casos fracasa, y las parejas terminan haciendo cosas con su propia pareja y no con otras, al margen de esporádicamente lo cual nos vuelve a lo anterior: Amistades, lo que son amistades ya no son.
Esto resumiría también el fin de las amistades, que a todos en mayor/menor medida nos termina por salpicar. Y también la conclusión de que la mayoría de vínculos a los que llamamos amistades, no lo son. Ni por asomo.
Hay una especie de pacto de silencio que todas las personas cumplen, sabiendo interiormente que reemplazarán todo lo que tienen en este momento por otra cosa. Aunque lo que reemplacen sea algo gestado y crecido durante años, experiencias, incontables años de vivencias que terminan por lanzar al retrete en muchas ocasiones, en cuestión de días. Si "lo que quieren de verdad" aparece.
La mayoría pasa todos esos años de entremedio esperando que llegue lo que realmente quiere, y eso se evidencia porque cuando ese "qué" llega, dejan de hacer muchas cosas que antes hacían. Te vas enterando de esas cosas con el tiempo, cuando ves que ya no figuran. Y es entonces cuando te das cuenta de lo que realmente querían es exactamente lo mismo que todo el mundo quiere.
Toda esa aplastante mayoría se ve condicionada por lo mismo: Una necesidad mucho más fuerte que cualquier otra necesidad, que una vez la tienen, pueden prescindir de casi todo el resto y entonces aparecen las perezas, la falta de ganas de hacer otras cosas, empieza lo típico de decir que "no tienen tiempo" y demás milongas, aunque lo que realmente pasa es que ya tienen lo que querían.
O mejor dicho, lo que buscaban. Porque si tienen que explicarte por qué lo querían, todo se resumirá en una sensación de necesidad, no en un por qué.
Y eso "que querían" es otra persona que les haga caso. Otra persona con la que ya no necesiten estar moviéndose para conseguir nada. Ya pueden dejar de buscar. Pueden dejar de gustar a los demás. Pueden dejar de esforzarse en relacionarse. De hecho, por lo general dejan de relacionarse. O por lo menos, dejan de hacerlo como lo hacían antes.
Hay quien achaca eso también a la edad. Tanto la pereza como la falta de predisposición. Y eso es cierto. Pero aunque sea cierto, quítales a esa pareja y verás como de repente vuelven a espabilar y vuelven a salir a relacionarse. Aaaaaaaah, amigo. Entonces no es tanto la edad como el apoltronamiento vital que trae "conseguir lo que quieres". De hecho ¿qué es eso que quieres?
Ni siquiera lo saben, en el fondo. Simplemente es seguir un instinto. Y ese instinto, que ni siquiera se plantean es lo que les hace ser tremenda e inmensamente parecidos unos/as a otros/as.
Por lo tanto y para concluir: ¿Cual es el tanto por ciento de verdad que contenían esas frases tan grandilocuentes? ¿Qué de realista tienen esas grandes conclusiones vitales? ¿Son tan distintas las personas? ¿Tenemos aspiraciones tan distintas unos de otros?
Muy poco por ciento de verdad. Y no. No somos tan diferentes entre humanos. De hecho lo que de manera desenfadada pero no incierta mencionamos aquí, son las etapas e instintos prácticamente idénticos que sigue el 99% de las personas.
Y para variar, estoy fuera de ese 99%. Lo que no sé es si para bien, o para mal.
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